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jueves, 17 de mayo de 2012

Día Mundial de Internet


Desgraciadamente el número de usuarios de internet en México no se compara con el de televidentes. Mientras casi cien por ciento de los hogares cuenta con televisión, menos de la mitad tiene una computadora y no todas están conectadas a internet. Las pantallas son cada vez más importantes en nuestras vidas, son ventanas al mundo que lo mismo ofrecen lo mejor que lo peor de la humanidad.

El televidente mexicano no tiene mucho de dónde escoger, debido a que la programación de la televisión privada (abierta y de paga) responde, obviamente, a los intereses económicos y políticos de los grupos que están al frente de las cadenas y a la idea que tienen los responsables de la programación de que el mexicano sólo busca entretenerse, divertirse, evadirse y en términos generales no piensa y no sólo se conforma con lo que recibe sino recibe lo que merece. De ahí que productores, "informadores", locutores merolicos, actores, etcétera traten al auditorio como a entes incapaces de razonar. El internauta, en cambio, tiene frente a sí una diversidad de opciones para ver, escuchar, leer, crear, creer, dudar, cuestionar, interactuar. Todo es que decida hacerlo.

Además de que todos los medios tradicionales usan internet para multiplicar los canales para llegar a la gente han surgido espacios que, por lo menos, dan cabida a otras voces, a otras perspectivas, a otras formas de hacer periodismo. Millones de personas pasan horas frente a la pantalla de una computadora o de otros dispositivos, como parte de su trabajo o por puro amor al arte, subiendo y bajando contenidos para ser compartidos con una población heterogénea y más o menos consciente del poder de la red.

Este Día Mundial de Internet considero que es necesario valorar esta herramienta por todas las posibilidades que tiene y las que falta por descubrir. Cada usuario tiene libertad, todavía, de navegar libremente y, respetando derechos de autor y ciertas limitaciones que imponen algunos sitios, sacarle el mejor provecho. Gracias a internet, por ejemplo, tenemos acceso a información para contrastar y a partir de ella formar y emitir opiniones.

En estos momentos en que medios orquestados por grupos de poder distorsionan la realidad urge asumir un papel más comprometido y serio cuando se usan las redes sociales, cuando se incluye un comentario en alguna publicación. Es cierto que el insulto, la descalificación son recursos fáciles de trolls y otros personajes, a sueldo o por convicción amenazan la libertad de expresión.

Ahora que los candidatos presidenciales y a otros puestos de elección popular están en campaña se enfrentan a la mirada de personas que, además de conocer la realidad del país, cuentan con información documentada sobre su trayectoria política. Algunos candidatos y medios que los apoyan insultan la inteligencia de estudiantes, periodistas, trabajadores, amas de casa, desempleados, víctimas de crímenes diversos, es decir, de la ciudadanía, al calumniar a quienes participan libremente en manifestaciones de apoyo o rechazo a candidatos.


La fabricación de primeras planas idénticas de periódicos, la edición de videos al más puro estilo estalinista para tratar de engañar a la gente que sólo tiene acceso a los canales del duopolio televisivo y a los periódicos y radiodifusoras que siguen la línea editorial de éste están a la orden del día.



Para contrarrestar este ambiente de desinformación Twitter y otras redes sociales están jugando un papel muy importante en este proceso electoral. Es cierto que en este espacio hay quienes juegan sucio y crean hashtags para generar desconcierto o dar la falsa idea de que ya no hay nada por hacer pues la suerte del país está decidida, según apuntan algunas encuestas. Pero también es cierto que en Twitter, Facebook y blogs independientes participan personas comprometidas con la construcción de un México mejor informado y educado, más justo y democrático.