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jueves, 21 de noviembre de 2013

Prohibido soñar, de Carlos Marianidis

Carlos Marianidis
Prohibido soñar
 Editorial Estrada. Colección Azulejos, Serie Roja
Ilustraciones: María Jesús Álvarez


Un homenaje a 30 años de democracia
Por Carlos Marianidis

Cada cuatro años, Argentina elige presidente, gobernadores de provincia e intendentes de ciudad. Y, cada dos, renueva sus representantes en el Congreso. La decisión la tomamos nosotros mismos, personas comunes que poblamos la patria y cumplimos los requisitos para ser ciudadanos. De esto se trata la Democracia. Pero no siempre fue así.

    Durante mi infancia, yo creía que la manera normal en que cambiaban las autoridades era por la fuerza. Cada tanto, un hombre de uniforme verde sacaba al que estaba gobernando y se proclamaba él mismo como nuevo presidente. Esta costumbre se llamó Golpe de Estado y duró mucho tiempo. Demasiado.

   Al crecer, descubrí que no solamente nuestro país había sufrido tristeza e injusticia. Mientras el hombre volaba por primera vez a la luna, en Europa los estudiantes se lanzaban a las calles a reclamar su futuro. Y, en casi toda América Latina, los pueblos luchaban por construir sus propios gobiernos y una vida digna.
  
    En Argentina, finalmente, el 10 de diciembre de 1983 volvió a sentarse en el sillón más importante de la Casa Rosada alguien elegido por el pueblo.
    Fue algo histórico. Los que tenemos cierta edad, recordamos hasta dónde estuvimos y con quiénes compartimos aquel día.

     A las diez de la mañana, yo hacía equilibrio en el borde de un cantero del Congreso Nacional -en ese tiempo, ni los edificios públicos ni las plazas estaban cercados con rejas-. Desde allí, con lágrimas en los ojos, escuché la voz que salía por los parlantes colocados en la entrada y a lo largo de la Avenida de Mayo. Tras largo tiempo de dolor para todo el país, sin libertad de elegir un gobierno ni representantes de ningún tipo, alguien juraba como presidente. Era un ciudadano común, como cualquiera de nosotros.

   Dos horas después, se abrió el portón del palacio. Y aquel señor de bigotes gruesos que llevaba una banda celeste y blanca cruzándole el traje oscuro nos sonrió a todos. Luego subió a un brillante Cadillac que lo condujo hasta la Casa Rosada. Despacio, muy despacio... Muchos jovencitos trotamos cerca del convertible negro mientras el hombre saludaba feliz, con sus dos manos unidas en el aire. Se llamaba Raúl Alfonsín.
Desde entonces, los argentinos decidimos nuestro destino mediante el voto en las urnas. Con pensamientos diferentes y hasta con fuertes discusiones. Pero siempre en libertad.
 
   Desde entonces, soñé con escribir un libro sobre lo que había pasado antes. Sobre lo que había costado llegar a aquel día en que la alegría se desató en cada calle de nuestro país.

   En el fondo, cuento lo mismo que había ocurrido en nuestros países hermanos. Pero  no hablo de los grandes detalles que se pueden leer en cualquier buen libro de Historia. Me refiero a pequeñas cosas que nos marcaron a los que crecimos en aquellos días difíciles, cuando estaba prohibido soñar.

4                                                            Diplomacia
   - ¿Qué es el Mayo Francés? –pregunto mientras, en el aire, se detiene frente a mí el plato de spaghetti, los fideos largos que tanto me gustan.- ¿¿Qué...?? ¿¿De dónde sacaste eso??    Me enoja un poco cuando me responden con otra pregunta. Por las dudas, no me quejo.- Ahí dicen que hoy se cumple un año más del Mayo Francés... ¿Qué es?    Hay un hueco de silencio. Veo que mamá mira hacia el televisor, donde el noticiero muestra una multitud de jóvenes que corre por una avenida muy ancha. Al fondo, se ve una torre de hierro inmensa que tiene la forma de la letra “i” minúscula. Los estudiantes levantan sus carteles y la policía les arroja algo que echa humo y los hace llorar.         Mi plato acaba de aterrizar en la mesa. La salsa parece suspirar una brisa tibia de tomate y orégano que enseguida me da más hambre de la que ya tenía. Luego, la respuesta a mi pregunta llega desde lo alto, envuelta en ese aroma dulzón.
- Es el mes de mayo, pero en Francia. ¡Come, que se enfrían!    Ah, bueno... pienso y pongo cara de inteligente.
    La voz de mamá siempre está envuelta en dos olores: al mediodía y a la noche, en olor a comida; a la tarde, cuando friega la ropa, en olor a lavandina. Me gusta hablar con ella, pero me molesta cuando cree que yo no entiendo las cosas. Me hace sentir un tonto y no sé cómo decírselo. Porque no quiero que se ofenda, o se enoje conmigo. Bastante tengo con papá, que vive de mal humor.    A mi lado, Ringo abre la boca y me muestra su lengua roja.- Ah, ah, ah... –jadea. ¿O se ríe?... Quizás, también él se da cuenta que en esta casa todos me toman por idiota. De cualquier modo, pesco un fideo con dos dedos, lo paso por el estofado para que tenga gusto a carne y se lo deslizo entre los dientes. Él lo traga en un segundo y pide más. Por suerte, mamá lo llama para que almuerce en su propio plato.     En la siguiente noticia hablan de nuestro país. Me gusta cuando muestran el frente de la Casa de Gobierno, que es un edificio antiguo con grandes ventanas coloniales. Después, todo se pone bastante aburrido, porque aparece una mesa larga que tiene arriba muchas carpetas y papeles. Alrededor, se sientan varios hombres de caras muy serias.
- Los patriotas del año mil ochocientos... ¿se sentaban en esa misma mesa? –pregunto.     Mamá sale del dormitorio y se detiene con un montón de camisas entre sus brazos. Mira la pantalla un momento. Y responde mientras sigue caminando hasta desaparecer.- Sí... Pero éstos no son patriotas.    Trato de enroscar los fideos como me enseñó el tío Juan. Es inútil: no me sale. O se me caen del tenedor, o se me hace un bodoque tan grande que no me cabe en la boca. Para colmo, acabo de mancharme la camisa nueva con salsa (las gotas de tomate salieron despedidas como un latigazo y no me dieron tiempo a nada). De pronto se me ocurre que, antes de empezar a comer, debía hacer algo. Pero no me acuerdo qué era.- Claro... Si fueran patriotas, llevarían galera, y en vez de corbata, andarían.... ¡de moño! –digo en voz bien alta para que se me pueda escuchar desde el lavadero.
- ¡No le grites a tu perro! Además, demonio es una mala palabra. ¡No quiero volver a oírla!    Miro a Ringo y levanto los hombros. Él me mira fijo. Creo que tampoco entiende.    Al pasar otra vez delante de mí, mamá se agacha y observa mi brazo izquierdo. Luego, se acerca y me lo levanta como si yo hubiera ganado una pelea de box. Sin decirme nada, destapa un frasquito que hay en la mesa y me arroja sal sobre la manga.- ¿Es para la buena suerte? El tío Juan dice que hay que tirarla por arriba del hombro.    Hay un silencio demasiado largo. Los ojosde mamá brillan de un modo inquietante.- ¿Me estás tomando el pelo, Carlos...?    Cuando en casa me llaman por mi nombre es porque están muy enojados conmigo.- No... –murmuro.- ¡Cuántas veces te lo dije! ¡Cámbiate antes de comer!    Era eso, acabo de recordarlo. Para defenderme, bajo la cabeza y señalo la servilleta que tengo atada al cuello. Quizás mi situación mejore si se nota que me la puse para cuidar la ropa. Pero lo hago con tanta mala suerte, que quedan al descubierto las manchas anteriores.- ¡Tu camisa del colegio! –escucho. Y al levantar los ojos, veo que toda la sal del frasco vuela sobre mi pecho- ¡Vamos, sácatela! ¡Pronto, antes de que se seque el tomate! 
    Ringo toma distancia. Se acuesta junto a su plato y apoya el hocico entre las manos. Apenas con un movimiento de las pupilas, observa todo lo que pasa.    Finalmente, me quedo así como estoy: en cueros, como dice el tío. Quisiera ir a ponerme una playera o algo, porque comienza a entrar un poco de frío por  la ventana. Pero tengo miedo de que la salsa vuelva a saltar de mi tenedor. Por hoy, no puedo ensuciar nada más. Así que trato de distraerme con la tele. Sin molestar, hasta que todo se olvide. 

Desde esta Aldea felicito a mi querido amigo Carlos Marianidis por la publicación de su más reciente libro y agradezco el generoso envío de esta obra, que estoy segura que es y seguirá siendo muy bien recibida por los jóvenes lectores, padres, maestros y amigos argentinos y de los países que compartimos idioma y sueños de democracia.




sábado, 25 de septiembre de 2010

Copo de Algodón fue presentada en el Museo del Templo Mayor

Marcos Almada Rivero, María García Esperón y César Darío Menchaca

La primera de dos presentaciones de la novela Copo de Algodón, de María García Esperón, ilustrada por Marcos Almada Rivero y publicada por Ediciones El Naranjo tuvo lugar ayer en el magnífico auditorio Eduardo Matos Moctezuma, del Museo del Templo Mayor, en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Valentina Ortiz

Conforme al programa, la cuentacuentos Valentina Ortiz ofreció un espectáculo,  llevado a la dimensión de ceremonia, en el que estuvieron presentes los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Valentina, con su voz, su cuerpo, semillas, agua, instrumentos varios cantó, hizo música, invocó a los dioses, nos recordó la herencia de nuestros antepasados, su cosmovisión y aleccionó sobre cómo ayudar a los muertos en su trayecto a un destino determinado por la forma en que ocurrió la muerte.

La bienvenida a la presentación, por parte del Museo del Templo Mayor, estuvo a cargo de César Darío Menchaca, quien favoreció un grato diálogo con María, Marcos y el público, además de que nos invitó a recorrer la exposición temporal "Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante".

Marcos Almada Rivero explicó el proceso de ilustración de la novela revelando su emoción al redescubrir la fuerza y belleza del Templo Mayor después de un trabajo en el que, como los antiguos tlacuilos, se dejó el corazón endiosado. 

María armó la presentación con textos de reseñas y poéticas palabras que sus amigos de ambos lados del Atlántico han dedicado a Copo de Algodón, comenzando con un fragmento de la que publiqué en este blog hace unas semanas, seguidas por las de Anabel Sáiz Ripoll, Katia Coéllar, Ana María Carbonell, David García Hernández. También estuvo presente el poeta asturiano Aurelio González Ovies, de quien leyó esta joya. 


"... Es cara la felicidad. Ser feliz es muy breve. Tan fugaz como la hermosura. Lo dice tu Copo de algodón con una 'prosesía' que me ha fascinado. Es un auténtico estuche de ritos esta obra que acabas de publicar, un cofre maravilloso en el que bullen la magia y los tabúes de los mejores cuentos universales y tradicionales. Has hecho un viaje iniciático hacia el amor y la veneración por esos sabios antepasados que olvidamos cada día un poco más.
Es verdad todo lo que sentencias, todo lo que auguras. Porque todos buscamos un sitio, todos perseguimos una casa en esta vida que no da nada a cambio de nada, sino que siempre nos obliga a sacrificar algo, en ocasiones lo más hermoso, a veces lo más querido. ¡Qué acertada metáfora la de las lagartijas acechadas por Axayácalt! ¡Con cuántos presagios tan presentemente pasados nos narras esta historia tan infantil como gigante! Son tan importantes los sueños para olvidar que es tan dolorosa la muerte... Tan necesario creer sin ver, intuir sin mirar... Ganaríamos tanto si perdiéramos multitud de presencias... ¿Por qué conocer el rostro de Moctezuma si Moctezuma ES? ¿En qué cambiaría el fervor de Copo de algodón o su existencia (de Él)?
Gracias por renovar los mitos y odiar la guerra; gracias por la lírica y por el sincretismo y por la leyenda y la realidad. Leerte es retroceder a la candidez del Éranse una vez los dioses y los hombres con el que nos amamantan todas las culturas... La fragilidad de este Copo de algodón pesa y posa línea a línea".
 Marcos Almada (es mucho más guapo en persona)

El ilustrador Marcos Almada Rivero compartió el proceso de creación de un personaje del que la historia no aporta información, por lo que los rasgos de Tecuixpo Itlaxóchitl no corresponden ni al retrato ni a la caricatura, se trató de un trabajo muy serio, con  la enorme responsabilidad de darle rostro a un personaje real, ni más ni menos que la hija favorita de Moctezuma, una noble mexica. Experiencias profesionales con la cultura maya se dejan sentir muy sutilmente en su creación, así como su rechazo a las caracterizaciones de nuestros antepasados, a partir de una mirada barroca, ajena a la sencillez que priva en la obra del joven y talentoso artista.

Marcos, María, Darío y Jaime Alfonso

La presentación de esta obra concluyó con una plática a la que la autora invitó al prolífico escritor de LIJ Jaime Afonso Sandoval, autor entre muchas otras obras de El club de la Salamandra, quien platicó por qué escribe para niños. Generosa y siempre dispuesta a apoyar a sus amigos, María también me invitó a subir a la mesa y compartir el placer del diálogo que se establece con las personas que atienden a convocatorias como la que nos unió este viernes 24 de septiembre en este maravilloso recinto para conocer a una gran exponente de la literatura infantil y juvenil.

El domingo 26 de septiembre a las once de la mañana, en el mismo lugar se llevará a cabo un nuevo encuentro para darle la bienvenida a Copo de Algodón. Allá nos vemos.

Para seguir los pasos de Copo de Algodón los lectores pueden consultar el blog que la autora abrió especialmente para esta princesa mexica, a quien Marcos le dio su rostro de niña y quien en la voz de María tiene mucho por contar.



martes, 21 de septiembre de 2010

La crónica de un mundo perdido. Novela de escritor rumano Daniel Dragomirescu

     ENCADENADO POR LA LEY

     En un día soleado al principio del otoño de 1950, cuando toda Rumanía estaba esperando la llegada de los americanos con la respiración entrecortada, y los días del régimen de Groza-Dej parecían más contados que nunca, Stelian Teodorescu, ex inspector en el Instituto de la Cooperación, retirado antes del final de la guerra y avencidado definitivamente en el campo, recibió inesperadamente una carta de Bucarest por la cual se le comunicaba que, puesto que poseía diez hectáreas de terreno, las cuales labraba con „brazos de asalariados”, el Ministerio del Trabajo y de las Previsiones Sociales, mediante una comisión especialmente constituida, había tomado la decisión de dimitirle el derecho a una pensión.

     Después de plegar el documento, con la cara pálida, Stelian Teodorescu miró a su mujer sin decir una palabra, se levantó lentamente de la silla y salió de la casa. Por primera vez en mucho tiempo sentía imperiosamente la necesidad de echar bocanadas de humo de un cigarillo, pero como había dejado de fumar antes de llegar a ser un fumador empedernido, estuvo satisfecho con respirar profundamente el aire fresco de la noche. Se encaminó a paso ligero hacía el cercado de la calle. Inclinando la cabeza, saludó a un vecino, quien estaba en frente de la puerta y parecía que estaba esperando a empezar una conversación con alguien, después se encaminó hacia atrás del corral donde estaba la construcción sólida de un granero, lleno hace mucho tiempo, pero que llegó a ser innecesario en los últimos años, desde que se habían instituido las cuotas agrícolas obligatorias. De paso, su mirada se detuvo en el baldío de al lado donde hace no mucho tiempo se había erguido la casa paterna de Fănel Trifu, un mozo entrado en años, sin padres, quien dilapidó de un día para otro la poca fortuna que tenía y quien había desaparecido en alguna parte de Bucarest. En su momento, el nuevo dueño se había dado prisa en echar a tierra la casa en ruinas, pero no parecía tener ninguna intención de construir una nueva en su lugar por razones solamente suyas.

     ÎNLĂNŢUIT DE LEGE

     Într-o zi însorită de la începutul toamnei anului 1950, când toată România aştepta cu sufletul la gură venirea americanilor, iar zilele regimului Groza-Dej păreau mai numărate decât oricând, lui Stelian Teodorescu, fost inspector în Institutul Cooperaţiei, retras din activitate înainte de sfârşitul războiului şi stabilit definitiv la ţară, îi parveni pe neaşteptate o scrisoare de la Bucureşti, prin care i se aducea la cunoştinţă că, întrucât era posesorul a zece hectare de pământ, pe care le lucra cu „braţe salariate”, ministerul zis al muncii şi al prevederilor sociale, prin intermediul unei comisii special constituite, luase decizia de a-i anula dreptul la pensie.

           După ce împăturise la loc documentul, palid la faţă, Stelian Teodorescu îşi privise soţia fără să spună nimic, apoi se ridicase încet de pe scaun şi ieşise afară din casă. Pentru prima dată după multă vreme simţea imperios nevoia de a pufăi dintr-o ţigară, dar cum se lăsase definitiv  de fumat înainte de a deveni un fumător inveterat, se mulţumi să tragă adânc în piept aerul răcoros al serii. Cu paşi lipsiţi de grabă se îndreptă spre gardul de la drum. Răspunse cu o înclinare din cap la salutul unui vecin, care stătea în faţa porţii aşteptând parcă să înceapă o conversaţie cu cineva, apoi o apucă înapoi spre partea din dos a curţii, unde se înălţa construcţia solidă a unui pătul, plin pe vremuri, dar devenit aproape de prisos în ultimii ani, de când fuseseră instituite cotele agricole obligatorii. În treacăt, privirile îi căzură pe locul viran de alături, unde până de curând se înălţase casa bătrânească a lui Fănel Trifu, un flăcău tomnatic fără părinţi, care peste noapte îşi vânduse bruma de avut şi îşi făcuse pierdute urmele pe undeva prin Bucureşti. La rându-i, noul proprietar se grăbise să dărâme ruina de casă, dar nu se arăta deloc grăbit să construiască alta, din motive numai de el ştiute.
* * *

Estos fragmentos de la novela del escritor rumano Daniel Dragomirescu los reproduzco con la autorización del autor.

Daniel es Editor en Jefe de la revista "Orizont Literar Contemporan" ("Horizonte Literario Contemporáneo) y creador del blog Contemporary Literary Horizon, en donde pueden seguir leyendo estos textos en español y rumano.


jueves, 22 de julio de 2010

Copo de Algodón, de María García Esperón

Copo de Algodón
María García Esperón
Ilustración Marcos Almada Rivero
México, Ediciones El Naranjo, 2010 
ISBN: 978-607-7661-17-7

María García Esperón lo hizo de nuevo. Rescató del olvido a una princesa. La primera fue Cleopatra Selene, en la extraordinaria novela Querida Alejandría. Ahora nos presenta a Tecuixpo Ixtlaxóchitl, Copo de Algodón, Flor Blanca, hija de Teyhualco, princesa de Tacuba y de Moctezuma Xocoyotzin, el Gran Tlatoani de Tenochtitlan, "nacida el día 2 viento del año 5 conejo, en la gran ciudad de la laguna".

María García Esperón da voz a Copo de Algodón o quizá Copo de Algodón esperó pacientemente y por fin descubrió a María, quien la escuchó con amorosa atención y se convirtió en la portavoz de la hija consentida del Gran Tlatoani, quien tiene tantas vivencias que compartir con los herederos de los cimentadores del agua y con el mundo entero. 

La pequeña Tecuixpo se entera por su nana cómo fue su nacimiento, cómo fue recibida  entre los cantos de la princesa de Texcoco y los rezos de la reina de Tacuba, sus abuelas. Y de cómo sus ojos recién abiertos al mundo vieron directamente a los ojos a su padre, a quie ama y admira. Pero ese amor no impide cuestionamientos "¿Mi padre es un hombre cruel?", pues además de ser un temible guerrero era sacerdote y "no vacilaba en arrancar del pecho del sacrificado el corazón palpitante que alimentaba la sangre solar de nuestro señor, Huitzilopochtli".

Copo de Algodón cuenta pasajes de nuestra historia desde la perspectiva niña, de  testigo y protagonista en un tiempo y una cultura que a los ojos de la sociedad actual resultan dificiles de comprender. Cuando tiene ocho años asiste al sacrificio de la hija de su nana, la pequeña Quetzalli, quien lloraba mucho, y fue ofrendada, no como castigo sino como privilegio, a la diosa del agua Chalchiuhtlicue, la de la falda de jade.

A propósito de sacrificios a Huitzilopochtli Flor Blanca dice:
El colibrí azul ama la sangre. Es su agua preciosa, su chalchihuatl, de ella se alimenta. El alimento se lo tenemos que dar nosotros, los tenochcas. Pero no es tan fácil, debe obtenerse en la guerra, en la guerra que hace florecer los escudos, las flechas, las macanas. En la guerra en la que debe evitarse matar a los hombres , porque deben llevarse prisioneros y hacerlos subir las escaleras del templo para alimentar al dios y detener el final de la quinta era, éste nuestro Quinto Sol de movimiento, que está como los que lo precedieron, destinado a desaparecer.
Cuando Tecuixpo Ixtlaxóchitl, de sólo nueve años, fue llamada por su padre para avisarle de su boda con Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, su madre, vestida con un huipil blanco inmaculado estaba ahí, en silencio, como casi siempre. A Flor Blanca le hubiese gustado más que su futuro esposo fuera Cuauhtémoc, pero su padre sabía por qué había elegido a su hermano. De manera que Copo de Algodón se convertiría en la segunda esposa de su tío,  uniría su manto y su destino al guerrero, quien estaba casado con Papantzin y tenía tres hijos mayores que Tecuixpo.
Mi padre decretó unas bodas magníficas. Regaló maíz a los cuatro barrios de Tenochtitlan. Parecía una cascada de maíz, una lluvia de abundancia que tuviera su origen en el cielo. Las bodas de Tecuixpo y Cuitláhuac eran benditas, acababan con el hambre, traían alegría y alimento a los tenochcas.
Los nobles fueron regalados con objetos de oro, turquesas y jades. La calzada de Iztapalapa parecía el camino de los dioses alegres, de los dioses risueños, de los cuatrocientos conejos, del dios Omacatl, que convidaba a la gente a comer y a reír aquí sobre la tierra.
Atados los mantos y los destinos Copo de Algodón y Cuitláhuac, sus cuerpos debían esperar a que ella alcanzara la edad en que podrían compartir el lecho.

En la literatura infantil y juvenil clásica, las historias de princesas, tras ser rescatadas por sus apuestos príncipes, concluyen con "...y vivieron felices para siempre". La de Copo de Algodón no está destinada a ese final feliz con su esposo, por más que como lectores deséaramos que así fuera. No le echo a perder el final a quien conoce aunque sea de manera superficial la historia de México, pues al poco tiempo de la boda y los alegres presagios el arribo de quien fuera tomado por Quetzalcóatl a tierras mexicas cambió dramáticamente los rumbos de México.
Mi padre está rodeado de príncipes. A Cortés lo acompaña una esclava. Una mujer que se llama Malinalli y que domina nuestro idioma y el maya. Dicen que es muy inteligente y que en pocos días aprendió el habla de los extranjeros. Ella es la lengua, la intérprete de Cortés. Ha de tener unos veinte años y debe odiar a los mexicas porque le ha revelado al capitán secretos de nuestra raza, trucos y desplantes que surten efecto. ¿Por qué mira Cortés tan descaradamente a mi padre a la cara? ¿Que no le dijo su lengua que está terminantemente prohibido escrutar el rostro del señor, de nuestro señor, de nuestro gran señor Moctrezuma? ¿O si se lo dijo y le aconsejó que con la mirada lo desarmara, que le quitara su divinidad, su señoría, que le echara al cuello ese collar hecho de cuentas que brillan, mientras que mi padre le ha regalado un aderezo de oro y conchas labradas?
Estoy segura de que esta novela, como las buenas obras de la LIJ, seducirá a lectores adultos y éstos, en su papel de padres, maestros, bibliotecarios, promotores de lectura, libreros y amigos seguramente la ofrecerán a los niños, a los jóvenes, para leerla con calma, evocando imágenes, hermosas y dulces algunas, descarnadas y crueles otras, que María García Esperón, con talento, respeto y amor ha construido para compartir su visión de esta etapa que dejó tan profunda huella en el alma, la identidad, la historia, la cultura de los mexicanos desde esos primeros encuentros.

Rescatar del olvido a Copo de Algodón no significa simplemente agregar un personaje más a la galería de nobles mexicas, va más alla. Las palabras que Moctrezuma dirige a su hija recién nacida y en diferentes momentos críticos, como cuando la hermana del Gran Tlatoani es condenada a muerte por cometer adulterio permiten ver al guerrero, al sacerdote, al emperador en su faceta de padre, capaz de conmoverse frente a la recién nacida, a la recién casada, a la niña seducida por la lengua del conquistador.

Veo este libro, publicado por Ediciones El Naranjo, como una semilla. De su lectura florecerán inquietudes por conocer más, por comparar la forma en que nos relatan los acontecimientos los libros de texto, la historia oficial y otras obras de divulgación surgidas de historiadores mexicanos y extranjeros. Y por supuesto, sé que María García Esperón ha sembrado una semilla de la que brotarán más historias que enriquecerán la literatura.
María García Esperón nació en la Ciudad de México en 1964, pero si le hubieran preguntado habría escogido nacer en la Atenas de Pericles, en la Roma de Julio César o en la gran Tenochititlan de Moctezuma. Por eso estudió Ciencias Humanas y Letras Clásicas y considera que el aprendizaje del griego, del latín y el náhuatl es lo más parecido a viajar en el tiempo, además de ser más emocionante que subirse a la montaña rusa. Por la calidad de sus obras ha recibido diversos premios y reconocimientos. Sus otras dos grandes pasiones son la poesía y navegar y crear en Internet.

Marcos Almada Rivero es ilustrador y escritor con espíritu de explorador. De niño soñaba con ser paleontólogo, pues para él no hay nada más alucinante que los dinosaurios. Después, estuvo muy cerca de ser arqueólogo y otro tanto de convertirse en historiador. Mientras crecía, descubrió que lo único más emocionante que conocer es imaginar, por lo que estudió la carrera de Comunicación. Aprendió a dibujar por su cuenta, garabateando las paredes de su casa y los libros de la escuela. Ahora, por suerte, sus garabatos aparecen en muchos libros, hasta en los escolares.



viernes, 7 de mayo de 2010

El ADN habló: y reveló que "Casi todos somos un poco Neandertal"

Acabo de leer una noticia (oh, eso me lleva a recordar el inicio de Un día en la vida: "I read a news today, oh boy...") que a su vez me ha hecho recordar un libro que llegó a mis manos cuando trabajaba en el área de difusión y publicidad de Yakult y asistía a congresos médicos, en donde las farmacéuticas y empresas relacionadas con la salud exhibían sus logros y productos, además de ofrecer obsequios a los congresistas. En el estand de Merck se ofrecía algo inusitado: ¡un libro!, producido como edición especial para los médicos, titulado Neandertal, de John Darnton (ganador de un premio Pulitzer), traducido por Ana Juandó y publicado por Planeta, 1998. No incluiré ninguna reseña ni comentario, pero quise hacer alusión al bestseller, porque quizá (decisión de los editores) debido a esta noticia cobre nuevo aire, no obstante las críticas.

La noticia fue publicada en varios diarios, entre ellos en La Jornada, bajo el título "El hombre de neandertal sí es antepasado del actual: Science". Entré a la página de la Deutsche Welle World y encontré el mismo texto, pero titulado "Casi todos somos un poco Neandertal". Nótese el casi todos y el un poco, términos utilizados probablemente para no herir susceptibilidades de algunos lectores (cuestiones del discurso).

Hasta ahora se partía de que el hombre de Neandertal no fue un predecesor del ser humano moderno. En un sensacional estudio sobre la base de ADN se comprobó lo contrario. (Figura en el museo del Neandertal, en Mettman, Alemania).


"Se trata de una novedad científica absoluta", dijo el experto alemán Ralf W. Schmitz, que participó en el estudio sobre el primer borrador del genoma del hombre de Neandertal, publicado en la revista "Science" en su edición del viernes (07.05.10). En la investigación se compararon partes del genoma del hombre primitivo con las correspondientes del hombre actual.


Bajo la dirección del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de la ciudad alemana de Leipzig, fue secuenciado el ADN del núcleo celular de los huesos de seis hombres de Neandertal.
Nota completa

miércoles, 10 de marzo de 2010

En un lugar de Atocha... El 11-M visto por un niño, de Santiago García-Clairac

 
En un lugar de Atocha... El 11-M vivido por un niño
de Santiago García-Clairac
Ediciones SM, Barco de Vapor, serie naranja, 2005
Libro del Rincón, 2005

Pocos días después del terremoto de Haití (12 de enero de 2010), con la intención de sondear cómo enfrentan los chicos noticias de tragedias, en ese caso provocada por un fenómeno natural, recorrí los estantes de la Biblioteca Escolar de la Escuela Jesús González Ortega, en donde participo como lectora voluntaria, y me topé con este libro de Santiago García-Clairac, en donde nos relata una terrible tragedia, pero en este caso producto de un acto terrorista: el 11-M, que por desgracia pasa a la historia como uno de varios atentados  terroristas que marcaron la primera década de este siglo XXI y que cimbró no sólo al pueblo español sino al mundo entero.

La memoria guarda hasta los más mínimos detalles cuando las personas enfrentan acontecimientos felices o trágicos, como le ocurrió a Quique, el pequeño protagonista de esta historia, quien los evoca prácticamente minuto a minuto, desde que la alarma de su reloj lo despertó el once de marzo de 2004, hasta el desenlace de la historia que cambió su vida y la de millones de personas, entre pasajeros que viajaban en los diferentes trenes esa mañana, familiares, amigos, compañeros de escuela y trabajo, así como la de quienes no lo pensaron mucho y actuaron heroicamente. 

A lo largo de este relato el lector acompaña a Quique ese once de marzo de 2004 desde el momento en que suena la alarma del despertador a las 6:15 hasta las 10:30 de la mañana, es decir, desde el momento en que se levanta con la convicción de que será un gran día, pues viajará en tren con su madre a Madrid para encontrarse con su padre, hasta que está en el hospital viendo las imágenes en la televisión de lo que ha ocurrido.

Quique, de la mano de su madre y de alguna manera también de la mano de Don Quijote,  hace el recorrido aquella fría mañana por las calles de Alcalá de Henares, su ciudad natal, hasta la estación de ferrocarril. Ahí se encuentra con un ingenioso amigo del colegio, quien se dirige a Madrid, sin que lo sepan sus padres, en busca del sueño de convertirse en estrella; es tal su convicción que ya hasta tiene nombre artístico y tarjetas de presentación.

La historia es dolorosa, sobre todo porque está basada en la realidad, superada siempre por cualquier ficción. Y aunque el autor imprime toques de humor, a cargo del aspirante a artista, tiene toda la carga emocional y de misterio del cómo se van dando las cosas desde que el protagonista descubre una mochila abandonada en el vagón en el que viaja.

El autor incluye una nota al final de la historia  en la que explica que el libro fue largamente meditado y que hubo momentos en que pensó abandonar el proyecto. Finalmente decidió contar la historia de Quique, un niño que viajaba con su madre en el tren 17305, de Alcalá de Henares con destino a Madrid. "Estoy seguro de que en mi decisión influyó el hecho de que Alcalá de Henares es una ciudad que conozco profundamente. Pronto asocié, como se ve en el relato, la figura de Don Quijote con las víctimas y con los que dieron lo mejor de sí mismos para ayudar a los heridos".

García-Clairac señala en la mencionada nota: "He pensado mucho en los niños durante la escritura de este libro. He intentado ser prudente y cuidadoso; he procurado no herir su sensibilidad y he evitado descripciones demasiado duras... Aunque durante el proceso de redacción, he comprendido algo sobre ellos: si pueden ser protagonistas y testigos de un atentado tan brutal, también pueden ser lectores de una historia que, en última instancia es la suya. Espero que les alivie."
Este libro, en México, forma parte de los Libros del Rincón, está disponible en Bibliotecas Escolares y tiene un enorme potencial para conversar con los lectores de diferentes edades sobre una amplia gama de temas, entre ellos la solidaridad de la población, siempre presente en momentos de desastres de cualquier tipo.

En estos momentos, cuando están frescas múltiples heridas y la población no ha asimilado la muerte de cientos de miles de seres humanos por los más recientes terremotos en Haití, Chile y Turquía, los maestros, promotores culturales, bibliotecarios, padres de familia y en general toda la gente que tiene relación con chicos en edad escolar pueden seguir el ejemplo del escritor García-Clairac y hablar de la tragedia, en este caso con el fin de sensibilizarlos y sembrar la semilla de la solidaridad, para que reconozcan que aun en los peores momentos lo mejor de la humanidad sale a flote para ayudar a quien lo necesita.

Acerca del autor: Santiago García-Clairac ha sido dibujante, ilustrador, publicista, profesor, guionista y escritor. Nació el 30 de julio de 1944 en Mont-de-Marsants, Francia. Cuando terminó sus estudios de Publicidad comienza a trabajar en lo que más le gusta: inventar historias y dibujarlas. Publica sus primeros comics en la Editorial Doncel y hace ilustraciones para otras casas editoriales. En 1994 publica su primer libro infantil Maxi el aventurero (Ediciones SM). En SM también ha publicado El niño que quería ser Tintín (1997), Maxi y la banda de los tiburones (1998), El libro invisible (1999), El rey del escondite (2001), La comunicación nos une; El libro de Hanna; Maxi presidente (2002), El amigo de Hércules (2004) y Primeras prácticas, en la colección Alerta roja de Gran Angular. Entre los premios más destacados que le han sido otorgados está el Accésit Premio Lazarillo 1995 por El niño que quería ser Tintín.

jueves, 28 de enero de 2010

A propósito de literatura y ciencia

La piel del cielo

Ante la proximidad de la 4a. Feria Internacional de Lectura 2010 Ciencia y Literatura en Tonanzintla  recordé la novela La piel del cielo, de Elena Poniatowska, premio Alfaguara de novela 2001.

La novela nos lleva a conocer la vida de un hombre fascinante, Lorenzo de Tena, en quien nace el interés por descubrir los límites del mundo de la mano de su madre. El  inicio, con un diálogo, de esta obra es tan revelador como conmovedor:
-Mamá, ¿allá atrás se acaba el mundo?
-No, no se acaba.
-Demuéstramelo.
-Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple vista. 

Esta novela, en la que literatura y ciencia van de la mano, abre todo un universo de descubrimientos, no sólo astronómicos sino del México posrevolucionario, con sus tradiciones familiares y dolorosos contrastes sociales, un México que tiene la oportunidad de dar un salto histórico rumbo al desarrollo y en muchos sentidos se ve frustrado. A lo largo de la obra Elena Poniatowska evidencia su impecable trayectoria periodística y literaria. Su ojo crítico, su manejo del idioma y su amor a México están plasmados en ésta, que también es una novela de amor.

...Alejandra (Moreno) que tenía derecho de picaporte al imponente despacho del rector de la Universidad, (Salvador Zubirán), dio rienda suelta a su indignación. "¿Cómo lo vamos a dejar ir, ni que tuviéramos tantos como él". Manoteaba "¡Pobre de nuestro país, de veras, pobre! Cuando alguien puede contribuir a sacarlo adelante ni cuenta nos damos. Otros reconocen el valor y saben quién es, mientras nosotros dictamos oficios y nos empantanamos en la burocracia".

Quienes vayan a la FILEC en Tonanzintla tendrán oportunidad de seguir la huella de Lorenzo de Tena (el personaje de novela), pero también de astrónomos de carne y hueso que han hecho  grande la astronomía mexicana como Guillermo Haro, Luis Enrique Erro, Miguel Ángel Herrera, Luis Felipe Rodríguez y Julieta Fierro, entre muchos más.

viernes, 15 de enero de 2010

Nada detiene a las golondrinas, de Carlos Marianidis

Nada detiene a las golondrinas
Carlos Marianidis
Premio Casa de las Américas 2002
Casa de las Américas / Cuba
República de Colombia
Ministerio de Cultura
"La escena es la de todos los días. La conozco bien. Pero a pesar de que se trata de un compañero de aula, su sufrimiento me resulta tan lejano que ni me molesto en pensar cómo lo podría ayudar. Cierta parte de mí cree que así deben ser las cosas y que cada uno merece lo que tiene y lo que le sucede, porque hay un destino para cada cual y nadie se puede escapar al suyo."

El primer párrafo de esta novela de Carlos Marianidis nos da pistas de la cotidianidad del personaje, tan parecida a la de cualquier estudiante de primaria, acostumbrado a atestiguar escenas dolorosas (en este momento no sabemos si física o emocionalmente dolorosas) con casi total indiferencia, la pista de que no es tan indiferente y de que no está del todo convencido de que así deban ser las cosas es esa clara referencia a "Cierta parte de mí..."

Para saber cuál es la parte del personaje que cree que las cosas pueden ser diferentes hay que adentrarse en la historia de Miguel, un chico que vive en la zona alta de su barrio y que en ocasiones se comporta como celoso miembro del Club de Tobi y en otras como un romántico adolescente aguijoneado por el primer amor. A lo largo de la lectura encontramos situaciones graciosas, emocionantes y tiernas. Todos nuestros sentidos están involucrados gracias a las precisas y deliciosas descripciones al grado de que casi se pueden saborear las facturas recién horneadas, percibir el ambiente mágico de la arboleda, imaginar la forma en que se lee la hora en el reloj de piedra y observar con Joana y Miguel un arco iris que los une más allá de lo terrenal.

En esta novela hay escenas que remueven los más preciados u horrorosos recuerdos  de la pubertad, según se hayan experimentado, como los bailables escolares, ser el nuevo o la nueva en la clase, los juegos a la hora del recreo, la amistad, los amigos maliciosos, el primer amor, las inquietudes y revelaciones en torno a la sexualidad, los lugares y sociedades secretas. Además, como en la vida de cualquier chico actual, en la de Miguel hay tiempo para videojuegos, futbol, apuestas y acontecimientos que dejan honda huella y determinarán en gran medida la forma de ver la vida, la forma de conducirse ante situaciones inesperadas.

La televisión como telón de fondo de la vida en el hogar, con noticiarios que sin ningún pudor, ni otra ambición que ganar la nota, muestran lo mismo bombardeos en vivo que a las víctimas de desastres naturales, provoca interesantes reflexiones en Miguel que van desde la ubicación geográfica de un conflicto como el de Israel y Palestina; la idea aterradora de lo fácil que sería oprimir enter y acabar con la vida de miles de personas en segundos y, las que parecerían más simples pero están envueltas de dolor y vergüenza  y que son expresadas a partir de estas preguntas: "¿Por qué cada uno vive donde vive si hay lugares distintos donde poder estar? ¿Por qué esa gente está allá pudiendo estar acá? ¿Por qué preferirían andar escondiéndose de los disparos, en vez de sentarse cómodamente a leer una revista mientras almuerzan?... ¿Y Cuatrojos? ¿Por qué siento que hay tanta diferencia entre él y yo? ¿Por qué no somos vecinos? ¿Para qué sirve tener la piel de otro color?

Las historietas y revistas, más que los libros, forman parte de la cultura juvenil del grupo formado por los entrañables personajes de la novela: Miguel, Patricio Zaldívar (Cuatrojos), Ariel y su hermano, Lucas y  Giménez, los seis miembros de los Caballeros de la Arboleda, así como Débora y Joana.

En la narración aparecen palabras como diskette, scanner y enter (salvo la primera que ya quedó en desuso, las otras forman parte del vocabulario común de los nativos cibernéticos, aunque sólo de quienes tienen acceso fácil a las computadoras). Estas palabras merecieron alguna aclaración para que la historia se entendiera, como que scanner es una especie de fotocopiadora y el enter es la tecla más grande del teclado.

Nada detiene a las golondrinas es una novela de descubrimiento o quizá sería mejor decirlo en plural, puesto que Miguel, sus amigos, vecinos y familia descubren que no hay que dar nada por sentado, que los niños pueden hacer preguntas incómodas, que los padres, por más que quieran evitar las respuestas, éstas llegarán, además de que hay que aprender a guardar secretos. Pero sin duda el descubrimiento más valioso es el de la verdadera amistad.

He traído a este espacio la novela de Carlos Marianidis porque, además de ser una obra que  ha sido reconocida mundialmente, en ella el autor transmite, como en alguna ocasión me escribió en una carta, "que no hay soluciones mágicas, que los desafíos tienen que enfrentarse por partes." Y es cierto, en la vida real por más que exista gente que parece hacer magia, no hay soluciones mágicas.

Es evidente que al escritor y poeta, como a cualquier persona sensible, le duelen las injusticias, las diferencias sociales, el abuso de poder, la indiferencia ante las tragedias humanas y la impotencia frente a ellas (como está ocurriendo ahora en Haití, azotada por un devastador terremoto y por la pobreza en que ha estado sumida durante tanto tiempo).

Carlos Marianidis
Escritor, poeta y dramaturgo argentino. 
Cursó estudios de violín y psicología. Ganó el premio "Casa de las Américas" por la novela Nada detiene a las golondrinas, que integra el catálogo de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich. En 2008 fue premiado por las Naciones Unidas. 
Recientemente ha publicado Las sombras perdidas y otras historias, Corazón de colibrí y Recetario de juegos.
Vive en Buenos Aires, Argentina. 
(Información tomada de Voz y Mirada)

martes, 1 de diciembre de 2009

José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009


Un clásico recomendado en secundaria desde hace más de 28 años, Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco nos habla de un México soñado, de las expectativas ante un futuro prometedor por la tecnología al servicio de la gente.

En esta Aldea de las Letras se antoja reproducir un párrafo que refleja la íntinma relación entre lengua y cultura, entre lengua e identidad:

"Mientras tanto nos modernizábamos, incorporábamos a nuestra habla términos que primero habían sonado como pochismos en las películas de Tin Tan y luego insensiblemente se mexicanizaban: tenquíu, oquéi, uasamara, sherap, sorry, uan mómen pliis. Empezábamos a comer hamburguesas, páys, donas, jotdogs, malteadas, áiscrim,margarina, mantequilla de cacahuate. La cocacola sepultaba las aguas frescas de jamaica, chía, limón. Únicamente los pobres seguían tomando tepache." (pp. 11-12)

 José Emilio Pacheco es galardonado con el Premio Cervantes, considerado el Nobel de Literatura en español,  leemos en la prensa de hoy.

“Pacheco es uno de los grandes nombres de la poesía en español de las últimas décadas, un excepcional poeta que ha mantenido en toda su obra una tenaz voluntad de búsqueda del lenguaje renovador y revelador. Este Premio Cervantes recompensa también la infatigable labor de un humanista contemporáneo, de un apasionado del saber, que ha sabido transmitir con magisterio a lo largo de su vida. El premio a Pacheco muestra una vez más que el talento de la literatura en español es inagotable” Palabras expresadas por la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, con motivo de la concesión del Premio Cervantes a José Emilio Pacheco.

Leer y releer a Pacheco es y seguirá siendo una delicia, aunque duela contrastar las expectativas con la realidad.