jueves, 13 de febrero de 2014

50 años de Alfaguara


Tal vez sea cierto lo que dice Javier Marías que no tiene ningún mérito para un hombre o una mujer cumplir cincuenta años, mientras que para una editorial sí lo tiene, a propósito del primer cincuentenario de Alfaguara. 

Independientemente de lo meritorio que sea llegar y aun sobrepasar la línea de los cincuenta, haberlo hecho y seguir adelante como lector tendrá algún mérito y sin duda múltiples recompensas.

Echar un vistazo al catálogo de Alfaguara produce vértigo, al menos a mí. Tantos autores, tantos títulos, tantas historias que esperan llegar a buen puerto resultan atractivos pero al mismo tiempo inalcanzables. De manera que no queda más que seleccionar y leer para celebrar este aniversario, para celebrar la literatura, para celebrar la vida.


miércoles, 8 de enero de 2014

El español de México es un idioma popular

Luis Fernando Lara, coordinador del Diccionario del español de México

La RAE daña nuestro idioma por su visión etnocéntrica, afirma Lara Ramos

Reyes Martínez Torri
Miércoles 8 de enero de 2014

La Real Academia Española le hace mucho daño a nuestra lengua, tiene una visión demasiado etnocéntrica y metropolitana en relación con las antiguas colonias, da la impresión de que no está dispuesta a aceptar las diferentes maneras de hablar español en América, afirmó el lexicógrafo y lingüista Luis Fernando Lara, coordinador durante 40 años del Diccionario del español de México.

Entrevistado por La Jornada en su cubículo de El Colegio de México con motivo de la reciente adjudicación del Premio de Ciencias y Artes 2013 en su rama de Literatura y Lingüística, Lara Ramos (DF, 1943) sostiene que nuestro español es de un país libre en donde las palabras han adquirido un significado que varía con respecto a los españoles... ¿Por qué hemos de renunciar a eso si nuestra manera de hablar tiene una raigambre histórica?

Asegura, con ánimo docente: somos dueños de “una semántica propia. ‘Soberanía’, que es muy valiosa para nosotros, significa el derecho del pueblo para elegir el resto de su vida. Para la Academia Española, es ‘el derecho del rey’. ¿Vamos a cambiar ese significado nosotros?, claro que no, si somos una República”.

Licenciado en lengua y literatura por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1968, y con estudios en las universidades de Kiel y de Heidelberg, en la entonces República Federal Alemana, fue reconocido con el galardón por sus destacados aportes teórico-metodológicos a la lexicografía del español.

Sobre el reconocimiento que le otorgó el gobierno mexicano dice estar feliz y manifiesta con sencillez: Llevo 43 años trabajando y he trabajado a conciencia. Entonces, que le reconozcan a uno este trabajo pues se siente uno muy bien. Da gusto.

Coordina desde 1973 el Diccionario del español de México, creado con la intención de establecer una diferencia con los diccionarios españoles, sobre todo con el diccionario académico. Al presente, dice, ya estamos empezando a preparar nuestros sucesores para que pueda crecer y seguir. Es un trabajo que merece México.

Sin embargo, dice: “Empezamos a sentir demanda de la sociedad para que hagamos muchas más cosas y no podemos porque con qué pagamos. Somos siete personas, muy poquitos si nos comparan: la Academia Española tiene 60 lexicógrafos, el Diccionario Merriam-Webster’s de Estados Unidos tiene 150”.

El especialista, que habla francés, alemán, inglés y un poco de italiano, destaca la particularidad de la variante del idioma practicada en nuestro territorio: Tiene gran ventaja en comparación con otras formas de hablarlo: es pausado, se reconocen fácilmente los sonidos y eso hace que en la enseñanza del español a extranjeros se prefiera la pronunciación mexicana y no la castellana.

Por otra parte, rechaza las críticas a Internet por corromper el lenguaje, lo cual es falso a su decir. Para él, el lenguaje que se usa en los chats es otra taquigrafía. A la lengua no le pasa nada, al contrario: “En los blogs y redes sociales el fenómeno muy interesante es que está dando una plena libertad para expresarse a la gente y eso es muy importante, porque la lengua no se cultiva si no se usa.

“Claro, algunos que conocen mal la lengua se equivocan de palabra, ponen expresiones que suenan mal: ¡Así es la vida! –ríe. A unos les sale bien y a otros les sale peor y ya”. En cambio, propone, hay que tenerle miedo al lenguaje alambicado, empalagoso, pomposo, pero a la libre expresión de la gente, no.

Rechaza tajante que el español se esté deteriorando: Esas son tonterías. Claro que hay palabras que caen en desuso, como los objetos mismos, digamos daguerrotipo, que estaba condenada porque ya desapareció esa técnica, ahora hay fotografía.

Según sus investigaciones, como en el libro Historia mínima de la lengua española, que será publicado en enero, ha visto que esta lengua ha sido popular desde que en el siglo XII el rey de Castilla Alfonso, El Sabio, decidió hablar a los habitantes de las ciudades que conquistaba en la península ibérica en el lenguaje que entendían: El español del pueblo.

Esa característica “explica que en español se haya escrito la primera gramática de una lengua moderna, antes que las del inglés, francés o italiano; el primer diccionario de español al latín (Lebrija, 1496); la primera lengua en Europa utilizada para la ciencia, efecto de Alfonso, El Sabio, que estaba traduciendo mucho conocimiento de la antigüedad griega y persa al español, mientras que el resto de Europa seguía haciéndolo al latín”, reitera Lara Ramos.

Los romances españoles del siglo XIV y XV, que en México se conservan en los corridos, han permitido que nuestra lengua más culta no tenga grandes discrepancias con nuestra lengua más popular. Para leer ahora el Poema del mío Cid o El Quijote se necesita un diccionario, pero aún se entiende, en contraste, para leer a Geoffrey Chaucer en el idioma original se debe ir a la universidad a tomar un curso de inglés antiguo.

El español siempre ha sido popular y debemos mantenerlo igual. Piense en el rap La chilanga banda. No se ha fijado –conversa el especialista– que está escrito en octosílabos, de rima asonante, en cuarteta, que corresponde a la más antigua tradición poética del español”.

Lara habla también sobre las expresiones de machismo en el idioma: “Debemos ser cuidadosos, no caer en las exageraciones de ciertos grupos feministas, pero a la vez reconocer la necesidad de darle su verdadero lugar a las mujeres… nada impide que digamos doctora, arquitecta, médica, pero en cambio, estar diciendo ‘ciudadanos y ciudadanas’, ‘niños y niñas’ es muy aburrido y no hace falta”.

Y rememora su llegada a este campo de estudios a partir de una vocación natural, tengo actitud por las palabras y eso me llevó a la lingüística. Sin embargo, luego de terminar el bachillerato estudió ingeniería por dos años. “Yo había provocado un verdadero escándalo en mi casa, ‘cómo se me ocurría dejar la ingeniería e irme a eso de letras’… Tuve que hablar con mis padres, les dije: ‘ya no me den dinero, yo me las arreglo, pero quiero estudiar letras’”.

Durante sus primeros años en esta disciplina, recuerda, “la lingüística había pasado al primer plano de las humanidades… los franceses en los años 60 habían declarado pomposamente a la lingüística ciencia piloto de las humanidades. Pero en el ámbito nacional, teníamos esa alma partida entre las lenguas indígenas y el español. Hasta la fecha hay incomprensión por parte de los que estudian lenguas indígenas respecto del español y de los que estudian español respecto del valor de las lenguas indígenas”.

A sus 70 años, prevé: “Si existiera la rencarnación, en mi siguiente encarnación sería músico. Me fascina. Tengo tantos preferidos, es muy difícil decirlo. En la antigüedad, el siglo XVII, Michael Praetorius, Bach, por supuesto, Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms –enlista. Brahms es un compositor con el que me identifico mucho. Me gustaría que mis libros fueran como una sinfonía de Brahms. Me gustan mucho los modernos: Debussy, Stravinsky, Lavista”.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Feliz Navidad 2013, de María García Esperón




Sueños nuevos, de Carlos Marianidis


Juguemos otra vez. La luna llena
ilumina la noche y el camino.
Juguemos a engañar nuestro destino,
a ignorar toda angustia y toda pena.
Hoy podríamos dar su última cena,
invitarle a beber su último vino
a nuestro lado triste, gris, cansino
y nacer sin edad y sin condena.
En el perchero hay una voz serena,
una sonrisa, una mirada buena,
un espíritu alegre y cristalino…
¿Por qué no comenzar lo que imagino?
Vestirme a nuevo, príncipe y divino,
¡y andar mi vida cual si fuera ajena!

                          Carlos Marianidis

sábado, 23 de noviembre de 2013

Día Internacional de la Palabra


La proclamación frente a la ONU, del 23 de Noviembre, como Día Internacional de la Palabra, es una iniciativa de la FUNDACIÓN CÉSAR EGIDO SERRANO, que consciente de la necesidad del dialogo, como herramienta fundamental para la erradicación de toda violencia, desea concienciar a toda la sociedad, con este concepto que constituye a su vez la piedra angular de sus objetivos fundacionales, y que sin duda es el único camino hacia una paz duradera entre los pueblos, sin discriminación de ideas políticas o religiosas.

Teniendo presente que la Carta de las Naciones Unidas declara: "Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, y con tales finalidades a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos".

Y recordando las palabras del Presidente de la Fundación, D. César Egido Serrano, “Estoy convencido de que el siglo XXI es el del entendimiento. La palabra tiene que ser el vínculo de la humanidad y la única forma de resolver los conflictos tiene que ser el diálogo. Esto está en las manos de las generaciones que hoy tienen la responsabilidad del liderazgo de los países y debe ser la herencia que dejen a las próximas generaciones.

Es por todo ello, que la Fundación selecciono el día 23 de Noviembre, día en el que se inauguró el MUSEO DE LA PALABRA, en su sede de Quero, Provincia de Toledo, como emblemática fecha en la que todos podamos conmemorar, algo tan sencillo y al mismo tiempo tan importante, “La Palabra como Vinculo de la Humanidad, frente a toda violencia”.

El presidente de la Fundación César Egido Serrano, su patronato, autoridades y simpatizantes, así como instituciones universitarias, otras fundaciones, representaciones diplomáticas de otros países, y diferentes personalidades del mundo de la cultura, la política, la literatura y el periodismo, impulsan esta idea, que ahora también puede respaldar cualquier ciudadano firmando en el listado de adhesión, que ratificará en solemne ceremonia, ante las Naciones Unidas, el presente MANIFIESTO:

1) Todas las personas, Instituciones y Organizaciones, firmantes del presente manifiesto, aceptan y consideran como imprescindible, para el avance pacifico de la sociedad mundial, que el diálogo, y por lo tanto la palabra, es el único medio de entendimiento entre los pueblos, y aceptan, por lo tanto, institucionalizar el Día 23 de Noviembre, como DÍA INTERNACIONAL DE LA PALABRA.

2) En esta jornada quedan emplazados, todos aquellos que lo deseen, a realizar diferentes celebraciones, relacionadas con el motivo impulsor de la misma, de manera que estas actúen como acción difusora y promocional. Así mismo, todos los firmantes adheridos a este manifiesto, se comprometen a coordinar o comunicar a la organización Fundación César Egido Serrano, las mencionadas actividades.

3) Existirá entre los firmantes un compromiso tácito, para la difusión y promoción de este día, por el bien del concepto que ello entraña y del que dimana toda su actividad.

4) Los firmantes del presente manifiesto, coinciden, así mismo, en su aceptación expresa de la Declaración Universal de Derechos Humanos que afirma que "toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión" (artículo 18), "de opinión y expresión" (artículo 19) y que la educación "favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos y religiosos" (artículo 26).

5) Todos los suscriptores de este documento aceptan como representantes ante el organismo pertinente de la ONU, así como ante cualquiera otro estamento nacional o internacional, a la comisión delegada de la Fundación César Egido Serrano, que desde su patronato se nombre en cada caso, y que actuará como portavoz y mandatario autorizado a todos los efectos.

6) Como herramienta común y con el fin de mantener un seguimiento ordenado y coherente de las diferentes acciones y propuestas, se acepta crear una red de comunicación y cooperación eficiente, a modo de plan de seguimiento, que se denomina Red de Participantes. Compuesto por los principales actores de este proyecto, el Plan de Acción del Seguimiento, comprende un sistema de evaluación de la efectividad, e incluirán los órganos rectores de las Naciones Unidas y la UNESCO, representantes diplomáticos de los países firmantes, y la delegación gubernamental española, como legitima representante y defensor de los intereses de la Fundación impulsora del proyecto. Este Plan de Acción de Seguimiento será coordinado mediante consultas regulares en todo el sistema de las Naciones Unidas y sus organismos especializados y en asociación con las Asociaciones de las Naciones Unidas, las Escuelas Asociadas de la UNESCO, los Clubes UNESCO y organizaciones no gubernamentales, intergubernamentales y regionales de todas las regiones del mundo.

Reconociéndose mutuamente la capacidad legal suficiente todos los efectos, como representantes de las diferentes entidades que se describen, firman el manifiesto las siguientes entidades jurídicas y físicas, mediante el formulario adjunto en estos enlaces (para ver los enlaces entra a la página del Manifiesto)

jueves, 21 de noviembre de 2013

Prohibido soñar, de Carlos Marianidis

Carlos Marianidis
Prohibido soñar
 Editorial Estrada. Colección Azulejos, Serie Roja
Ilustraciones: María Jesús Álvarez


Un homenaje a 30 años de democracia
Por Carlos Marianidis

Cada cuatro años, Argentina elige presidente, gobernadores de provincia e intendentes de ciudad. Y, cada dos, renueva sus representantes en el Congreso. La decisión la tomamos nosotros mismos, personas comunes que poblamos la patria y cumplimos los requisitos para ser ciudadanos. De esto se trata la Democracia. Pero no siempre fue así.

    Durante mi infancia, yo creía que la manera normal en que cambiaban las autoridades era por la fuerza. Cada tanto, un hombre de uniforme verde sacaba al que estaba gobernando y se proclamaba él mismo como nuevo presidente. Esta costumbre se llamó Golpe de Estado y duró mucho tiempo. Demasiado.

   Al crecer, descubrí que no solamente nuestro país había sufrido tristeza e injusticia. Mientras el hombre volaba por primera vez a la luna, en Europa los estudiantes se lanzaban a las calles a reclamar su futuro. Y, en casi toda América Latina, los pueblos luchaban por construir sus propios gobiernos y una vida digna.
  
    En Argentina, finalmente, el 10 de diciembre de 1983 volvió a sentarse en el sillón más importante de la Casa Rosada alguien elegido por el pueblo.
    Fue algo histórico. Los que tenemos cierta edad, recordamos hasta dónde estuvimos y con quiénes compartimos aquel día.

     A las diez de la mañana, yo hacía equilibrio en el borde de un cantero del Congreso Nacional -en ese tiempo, ni los edificios públicos ni las plazas estaban cercados con rejas-. Desde allí, con lágrimas en los ojos, escuché la voz que salía por los parlantes colocados en la entrada y a lo largo de la Avenida de Mayo. Tras largo tiempo de dolor para todo el país, sin libertad de elegir un gobierno ni representantes de ningún tipo, alguien juraba como presidente. Era un ciudadano común, como cualquiera de nosotros.

   Dos horas después, se abrió el portón del palacio. Y aquel señor de bigotes gruesos que llevaba una banda celeste y blanca cruzándole el traje oscuro nos sonrió a todos. Luego subió a un brillante Cadillac que lo condujo hasta la Casa Rosada. Despacio, muy despacio... Muchos jovencitos trotamos cerca del convertible negro mientras el hombre saludaba feliz, con sus dos manos unidas en el aire. Se llamaba Raúl Alfonsín.
Desde entonces, los argentinos decidimos nuestro destino mediante el voto en las urnas. Con pensamientos diferentes y hasta con fuertes discusiones. Pero siempre en libertad.
 
   Desde entonces, soñé con escribir un libro sobre lo que había pasado antes. Sobre lo que había costado llegar a aquel día en que la alegría se desató en cada calle de nuestro país.

   En el fondo, cuento lo mismo que había ocurrido en nuestros países hermanos. Pero  no hablo de los grandes detalles que se pueden leer en cualquier buen libro de Historia. Me refiero a pequeñas cosas que nos marcaron a los que crecimos en aquellos días difíciles, cuando estaba prohibido soñar.

4                                                            Diplomacia
   - ¿Qué es el Mayo Francés? –pregunto mientras, en el aire, se detiene frente a mí el plato de spaghetti, los fideos largos que tanto me gustan.- ¿¿Qué...?? ¿¿De dónde sacaste eso??    Me enoja un poco cuando me responden con otra pregunta. Por las dudas, no me quejo.- Ahí dicen que hoy se cumple un año más del Mayo Francés... ¿Qué es?    Hay un hueco de silencio. Veo que mamá mira hacia el televisor, donde el noticiero muestra una multitud de jóvenes que corre por una avenida muy ancha. Al fondo, se ve una torre de hierro inmensa que tiene la forma de la letra “i” minúscula. Los estudiantes levantan sus carteles y la policía les arroja algo que echa humo y los hace llorar.         Mi plato acaba de aterrizar en la mesa. La salsa parece suspirar una brisa tibia de tomate y orégano que enseguida me da más hambre de la que ya tenía. Luego, la respuesta a mi pregunta llega desde lo alto, envuelta en ese aroma dulzón.
- Es el mes de mayo, pero en Francia. ¡Come, que se enfrían!    Ah, bueno... pienso y pongo cara de inteligente.
    La voz de mamá siempre está envuelta en dos olores: al mediodía y a la noche, en olor a comida; a la tarde, cuando friega la ropa, en olor a lavandina. Me gusta hablar con ella, pero me molesta cuando cree que yo no entiendo las cosas. Me hace sentir un tonto y no sé cómo decírselo. Porque no quiero que se ofenda, o se enoje conmigo. Bastante tengo con papá, que vive de mal humor.    A mi lado, Ringo abre la boca y me muestra su lengua roja.- Ah, ah, ah... –jadea. ¿O se ríe?... Quizás, también él se da cuenta que en esta casa todos me toman por idiota. De cualquier modo, pesco un fideo con dos dedos, lo paso por el estofado para que tenga gusto a carne y se lo deslizo entre los dientes. Él lo traga en un segundo y pide más. Por suerte, mamá lo llama para que almuerce en su propio plato.     En la siguiente noticia hablan de nuestro país. Me gusta cuando muestran el frente de la Casa de Gobierno, que es un edificio antiguo con grandes ventanas coloniales. Después, todo se pone bastante aburrido, porque aparece una mesa larga que tiene arriba muchas carpetas y papeles. Alrededor, se sientan varios hombres de caras muy serias.
- Los patriotas del año mil ochocientos... ¿se sentaban en esa misma mesa? –pregunto.     Mamá sale del dormitorio y se detiene con un montón de camisas entre sus brazos. Mira la pantalla un momento. Y responde mientras sigue caminando hasta desaparecer.- Sí... Pero éstos no son patriotas.    Trato de enroscar los fideos como me enseñó el tío Juan. Es inútil: no me sale. O se me caen del tenedor, o se me hace un bodoque tan grande que no me cabe en la boca. Para colmo, acabo de mancharme la camisa nueva con salsa (las gotas de tomate salieron despedidas como un latigazo y no me dieron tiempo a nada). De pronto se me ocurre que, antes de empezar a comer, debía hacer algo. Pero no me acuerdo qué era.- Claro... Si fueran patriotas, llevarían galera, y en vez de corbata, andarían.... ¡de moño! –digo en voz bien alta para que se me pueda escuchar desde el lavadero.
- ¡No le grites a tu perro! Además, demonio es una mala palabra. ¡No quiero volver a oírla!    Miro a Ringo y levanto los hombros. Él me mira fijo. Creo que tampoco entiende.    Al pasar otra vez delante de mí, mamá se agacha y observa mi brazo izquierdo. Luego, se acerca y me lo levanta como si yo hubiera ganado una pelea de box. Sin decirme nada, destapa un frasquito que hay en la mesa y me arroja sal sobre la manga.- ¿Es para la buena suerte? El tío Juan dice que hay que tirarla por arriba del hombro.    Hay un silencio demasiado largo. Los ojosde mamá brillan de un modo inquietante.- ¿Me estás tomando el pelo, Carlos...?    Cuando en casa me llaman por mi nombre es porque están muy enojados conmigo.- No... –murmuro.- ¡Cuántas veces te lo dije! ¡Cámbiate antes de comer!    Era eso, acabo de recordarlo. Para defenderme, bajo la cabeza y señalo la servilleta que tengo atada al cuello. Quizás mi situación mejore si se nota que me la puse para cuidar la ropa. Pero lo hago con tanta mala suerte, que quedan al descubierto las manchas anteriores.- ¡Tu camisa del colegio! –escucho. Y al levantar los ojos, veo que toda la sal del frasco vuela sobre mi pecho- ¡Vamos, sácatela! ¡Pronto, antes de que se seque el tomate! 
    Ringo toma distancia. Se acuesta junto a su plato y apoya el hocico entre las manos. Apenas con un movimiento de las pupilas, observa todo lo que pasa.    Finalmente, me quedo así como estoy: en cueros, como dice el tío. Quisiera ir a ponerme una playera o algo, porque comienza a entrar un poco de frío por  la ventana. Pero tengo miedo de que la salsa vuelva a saltar de mi tenedor. Por hoy, no puedo ensuciar nada más. Así que trato de distraerme con la tele. Sin molestar, hasta que todo se olvide. 

Desde esta Aldea felicito a mi querido amigo Carlos Marianidis por la publicación de su más reciente libro y agradezco el generoso envío de esta obra, que estoy segura que es y seguirá siendo muy bien recibida por los jóvenes lectores, padres, maestros y amigos argentinos y de los países que compartimos idioma y sueños de democracia.




viernes, 20 de septiembre de 2013

Canastitas en serie, de B. Traven


En momentos en que se siente más la feroz cercanía de las grandes petroleras dedicadas a la extracción, refinación, distribución, especulación, explotación y saqueo de los recursos del país, con la complicidad de quienes se sienten y asumen sus dueños, me viene a la mente este cuento del misterioso B. Traven (Ret Marut, Traven Torsvan o Hal Croves). Así como Mr. Winthrop hacía sus cuentas y se saboreaba los miles de dólares que iba a ganar a costa del indio tejedor de canastitas, los vendepatrias tratan de convencer a quienes no dudan en llamar necios mexicanos, porque defienden el petróleo, sobre los beneficios que obtendrán si entran los extranjeros a explotar este tesoro nacional. 
Para leer el cuento completo, publicado en el libro Canasta de cuentos mexicanos, haz clic aquí.

Con la cabeza llena de humo llegó por la tarde al pueblecito de Oaxaca. Encontró a su amigo indio sentado en el pórtico de su jacalito, en la misma postura en que lo dejara. Tal parecía que no se había movido de su lugar desde que Mr. Winthrop abandonara el pueblo para volver a Nueva York.
—¿Cómo está usted» amigo? —saludó el americano con una amplia sonrisa en los labios.
El indio se levantó, se quitó el sombrero e, inclinándose cortésmente, dijo con voz suave:
—Bienvenido, patroncito, muy buenas tardes; ya sabe que puede usted disponer de mí y de esta su casa.
Volvió a inclinarse y se sentó, excusándose por hacerlo:
—Perdóneme, patroncito, pero tengo que aprovechar la luz del día y muy pronto caerá la noche.
—Yo ofrecer usted un grande negocio, amigo.
—Buena noticia, señor. Mr. Winthrop dijo para sí:
Ahora saltará de gusto cuando se entere de lo que se trata. Este pobre mendigo vestido de harapos jamás ha visto, ni siquiera ha oído, hablar de tanto dinero como el que le voy a ofrecer. Y hablando en voz alta dijo—: ¿Usted poder hacer mil de esas canastas?
—¿Por qué no, patroncito? Si puedo hacer veinte, también podré hacer mil.
—Tiene razón, amigo. Y cinco mil, ¿poder hacer?
—Por supuesto. Si hago mil, podré hacer cinco mil.
—¡Magnífico! ¡Wonderful! Si yo pedir usted hacer doce mil, ¿cuál ser último precio?
Usted poder hacer doce mil, ¿verdad?
—Desde luego, señor. Podré hacer tantas como usted quiera. Porque, verá usted, yo soy experto en este trabajo, nadie en todo el estado puede hacerlas como yo.
—Eso es exactamente que yo pensar. Por eso venir proponerle gran negocio.
—Gracias por el honor, patroncito.
—¿Cuánto tiempo usted tardar?
El indio, sin interrumpir su trabajo, inclinó la cabeza para un lado, primero; después, para el otro, tal como si calculara los días o semanas que tendría que emplear para hacer las cestas.
Después de algunos minutos dijo lentamente:
—Necesitaré bastante tiempo para hacer tantas canastas, patroncito. Verá usted, el petate y las otras fibras necesitan estar bien secas antes de usarse. En tanto se secan hay que darles un tratamiento especial para evitar que pierdan su suavidad, su flexibilidad y brillo. Aun cuando estén secas, deben guardar sus cualidades naturales, pues de otro modo parecerían muertas y quebradizas. Mientras se secan, yo busco las plantas, raíces, cortezas e insectos de los cuales saco los tintes. Y para ello se necesita mucho tiempo también, créame usted. Además, para recogerlas hay que esperar a que la luna se encuentre en posición buena, pues en caso contrario no darán el color deseado. También las cochinillas y demás insectos deben reunirse en tiempo oportuno para evitar que en vez de tinte produzcan polvo. Pero, desde luego, jefecito, que yo puedo hacer tantas de estas canastitas como usted quiera. Puedo hacer hasta tres docenas si usted lo desea, nada más deme usted el tiempo necesario.
—¿Tres docenas?... ¿Tres docenas? —exclamó Mr. Winthrop gritando y levantando desesperado sus brazos al cielo—. ¿Tres docenas? —repitió, como si para comprender tuviera que decirlo varias veces, pues por un momento creyó estar soñando.
Había esperado que el indio saltara de contento al enterarse que podría vender doce mil canastas a un solo cliente, sin tener necesidad de ir de puerta en puerta y ser tratado como un perro roñoso. Mr. Winthrop había visto cómo algunos vendedores de automóviles se volvían locos y bailaban como ningún indio lo hace, ni durante una ceremonia religiosa, cuando alguien les compraba en dinero contante y sonante diez carros de una vez.
A pesar de la claridad con que el indio había hablado, él creyó no haber oído bien cuando aquél dijo necesitar dos largos meses para hacer tres docenas.
Buscó la manera de hacer comprender al indio lo que deseaba y el mucho dinero que el pobre hombre podría ganar cuando hubiera entendido la cantidad que deseaba comprarle.
Así, pues, esgrimió nuevamente el argumento del precio para despertar la ambición del indio.
—Usted decir si yo llevar cien canastas, usted dar por sesenta y cinco centavos. ¿Cierto, amigo?
—Es lo cierto, jefecito.
—Bien, si yo querer mil, ¿cuánto costar cada una?
Aquello era más de lo que el indio podía calcular. Se confundió y, por primera vez desde que Mr. Winthrop llegara, interrumpió su trabajo y reflexionó. Varias veces movió la cabeza y miró en rededor como en demanda de ayuda. Finalmente dijo:
—Perdóneme, jefecito, pero eso es demasiado; necesito pensar en ello toda la noche.
Mañana, si puede usted honrarme, vuelva y le daré mi respuesta, patroncito.
Cuando Mr. Winthrop volvió al día siguiente, encontró al indio como de costumbre, sentado en cuclillas bajo el techo de palma del pórtico, trabajando en sus canastas.
—¿Ya calcular usted precio por mil? —le preguntó en cuanto llegó, sin tomarse el trabajo de dar los buenos días.
—Sí, patroncito. Buenos días tenga su merced. Ya tengo listo el precio, y créame que me ha costado mucho trabajo, pues no deseo engañarlo ni hacerle perder el dinero que usted gana honestamente. . .
—Sin rodeos, amigo. ¿Cuánto? ¿Cuál ser el precio? —preguntó Mr. Winthrop nerviosamente.
—El precio, bien calculado y sin equivocaciones de mi parte, es el siguiente: Si tengo que hacer mil canastitas, cada una costará cuatro pesos; si tengo que hacer cinco mil, cada una costará nueve pesos, y si tengo que hacer diez mil, entonces no podrán valer menos de quince pesos cada una. Y repito que no me he equivocado.
Una vez dicho esto volvió a su trabajo, como si temiera perder demasiado tiempo hablando.
Mr. Winthrop pensó que, tal vez debido a sus pocos conocimientos de aquel idioma extraño, comprendía mal.
—¿Usted decir costar quince pesos cada canasta si yo comprar diez mil?
—Eso es, exactamente, y sin lugar a equivocación, lo que he dicho, patroncito —contestó el indio cortés y suavemente.
—Usted no poder hacer eso, yo ser su amigo. . .
—Sí, patroncito, ya lo sé y no dudo de sus palabras.
—Bueno, yo tener paciencia y discutir despacio. Usted decir yo comprar un ciento, costar sesenta y cinco centavos cada una.
—Sí, jefecito, eso es lo que dije. Si compra usted cien se las daré por sesenta y cinco centavitos la pieza, suponiendo que tuviera yo cien, que no tengo.
—Sí, sí, yo saber —Mr. Winthrop sentía volverse loco en cualquier momento—. Bien, yo no comprender por qué no poder venderme doce mil mismo precio. No querer regatear, pero no comprender usted subir precio terrible cuando yo comprar más de cien.
—Bueno, patroncito, ¿qué es lo que usted no comprende? La cosa es bien sencilla. Mil canastitas me cuestan cien veces más trabajo que una docena y doce mil toman tanto tiempo y trabajo que no podría terminarlas ni en un siglo. Cualquier persona sensata y honesta puede verlo claramente. Claro que, si la persona no es ni sensata ni honesta, no podrá comprender las cosas en la misma forma en que nosotros aquí las entendemos. Para mil canastitas se necesita mucho más petate que para cien, así como mayor cantidad de plantas, raíces, cortezas y cochinillas para pintarlas. No es nada más meterse en la maleza y recoger las cosas necesarias. Una raíz con el buen tinte violeta, puede costarme cuatro o cinco días de búsqueda en la selva. Y, posiblemente, usted no tiene idea del tiempo necesario para preparar las fibras. Pero hay algo más importante: Si yo me dedico a hacer todas esas canastas, ¿quién cuidará de la milpa y de" mis cabras?, ¿quién cazará los conejitos para tener carne en domingo? Si no cosecho maíz, no tendré tortillas; si no cuido mis tierritas, no tendré frijoles, y entonces ¿qué comeremos?
—Yo darle mucho dinero por sus canastas, usted poder comprar todo el maíz y frijol y mucho, mucho más.
—Eso es lo que usted cree, patroncito. Pero mire: de la cosecha del maíz que yo siembro puedo estar seguro, pero del que cultivan otros es difícil. Supongamos que todos los otros indios se dedican, como yo, a hacer canastas; entonces ¿quién cuida el maíz y el frijol? Entonces tendremos que morir por falta de alimento.
—¿Usted no tener algunos parientes aquí? —dijo Mr. Winthrop desesperado al ver cómo se iban esfumando uno a uno sus veinte mil dólares.
—Casi todos los habitantes del pueblo son mis parientes. Tengo bastantes.
—¿No poder ellos cuidar su milpa y sus animales y usted hacer canastas para mí?

—Podrían hacerlo, patroncito; pero ¿quién cuidará entonces de las suyas y de sus cabras, si ellos se dedican a cuidar las mías? Y si les pido que me ayuden a hacer canastas para terminar más pronto, el resultado es el mismo. Nadie trabajaría las milpas, y el maíz y el frijol se pondrían por las nubes y no podríamos comprarlos y moriríamos. Todas las cosas que necesitamos para vivir costarían tanto que me sería imposible, vendiendo las canastitas a sesenta y cinco centavos cada una, comprar siquiera un grano de sal por ese precio. Ahora comprenderá usted, jefecito, por qué me es imposible vender las canastas a menos de quince pesos cada una.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Juul, de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen

Juul
Gregie de Maeyer
Con ilustraciones de Koen Vanmechelen
ISBN: 978-84-85334-90-2
Edad: desde 10 años

De la Biblioteca Quilmes High Scholl me llega esta recomendación, que no dudo en compartir con los visitantes de esta Aldea, preocupados por los casos de bullying, que desgraciadamente se presentan en todas partes y en todos los niveles escolares. El texto del correo señala: "Juul: maravilloso y terrible libro sobre bullying, de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen. Observen cómo el libro se cierra como comienza, pero si el comienzo es con la tercera persona -es el otro el que relata- el final, es con la primera persona, el propio Juul refiere lo ocurrido".


Publicado por Lóguez Ediciones, podemos enterarnos de lo que hay detrás de esta obra dolorosa pero necesaria:

CONTENIDO:

La historia de Juul tiene su origen en una breve noticia, publicada en un diario belga: Un chico de 13 años se suicida después de haber sufrido vejaciones a manos de otros niños.
El libro de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen, aparentemente duro, es una cálida y comprometida llamada de atención para que los lectores, no solamente niños, reflexionen sobre la crueldad y la violencia que se da entre los propios niños también en España.

Juul es un proyecto pedagógico, en el que han participado instituciones como el Ateneo Técnico de Tongeren (creando las figuras de madera) y el Instituto de Ciencias de la Educación de Hasselt (Limburgo).
La Fundación Municipal de Cultura de Gijón también ha creado su propio proyecto pedagógico partiendo del libro y de las esculturas de Juan Stové, artista gijonés, que ha reproducido las esculturas creadas para esta historia por Koen Vanmechelen (Veáse artículo de Paco Abril nº 111 de la revista CLIJ)

Asimismo ha servido de base para una propuesta teatral del grupo Ultramarinos de Lucas. 

Algunos de los premios obtenidos:
-Eulen des Monats (Bulletin Jugend und Literatur Alemania) Mayo 1997
Luchs, seleccionado por el semanario alemán Die Zeit
Los 7 mejores del mes de mayo de 1997, seleccionados por Radio Bremen
- Seleccionado por la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich para la exposición itinerante "The White Ravens"
- Mención especial del Premio Catalonia de Ilustración 1997 al ilustrador con su primera obra publicada.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Lectura de cuentos breves, publicados por Benma, en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco


Mañana, sábado 14 de septiembre, Benma Grupo Editorial presentará las colecciones de cuento breve que ha editado. La cita es en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco. El evento se llevará a cabo a partir de las 16:00 horas en el Módulo IV de Talleres de la Sala de Conciertos Elisa Carrillo.

Mónica Pavón, Misra Delgado, otros autores y yo leeremos uno de nuestros cuentos publicados en alguna de las antologías del serial "Estaciones": Primavera, Verano, Otoño e Invierno; de los dos volúmenes publicados hasta la fecha del serial "Pecados": Lujuria y Pereza; así como de las antologías surgidas de los concursos "Voces con vida" y "Cada loco con su tema". Disfrutaremos la lectura dramatizada de cuentos de Luis Popper y Helen Blejerman, a cargo de los actores Alfonso Ramírez y Diego Cuevas.

Las hermanas Arroyo, editoras de Benma Grupo Editorial, Lupita y Elena (Susana en la distancia, desde Australia), nos acompañarán en este evento que promete ser una deliciosa fiesta de letras y amistad.

Para completar la fiesta contaremos con el actor y cantautor Jorge Hernán.

Entrada libre, no falten.