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martes, 29 de diciembre de 2015

Luz de alarma para América Latina

Carlos Marianidis, escritor argentino

El escritor argentino y gran amigo mío, Carlos Marianidis, me ha enviado este texto que comparto íntegro. En él señala que quienes tenemos "acceso a medios no convencionales como un blog, una columna virtual, un video en Youtube, debemos correr la voz. A esta altura de los acontecimientos, hay que contar lo que no aparece en la TV de aire ni el cable, ni los periódicos, ni la radio.".
Coincido con Carlos y por eso abro esta humilde Aldea para que se escuche su voz, que estoy segura es la de miles o millones de personas que enfrentamos situaciones semejantes. Es importante señalar que en su obra de literatura infantil y juvenil y en su vida ha reflejado su compromiso con la sociedad, es un convencido de que si la gente se organiza y trabaja para lograr sus objetivos los muros, la injusticia, los abusos del poder y otras calamidades que azotan a los pueblos del mundo pueden superarse.
 
Luz de alarma para América Latina
Por Carlos Marianidis
A mediados de los „70, Taty Almeida y Estela de Carlotto caminaban en círculo alrededor de una pirámide blanca, en la plaza más antigua e histórica de Buenos Aires. En aquellos días de violencia feroz, una reclamaba por la desaparición de su hijo; la otra, por la de su hija y su nieto. Junto a un puñado de almas dolientes, en total soledad e indefensión, la primera daría origen a las Madres de Plaza de Mayo; la segunda sería fundadora de Abuelas. ¿Qué puede ser tan grave que hoy, cuarenta años después y en plena democracia, estas mujeres de avanzada edad vuelven a colocarse en la primera línea de la resistencia?Cuadro de situación. Desde 2003, Argentina fue gobernada respectivamente por Néstor Kirchner y su esposa Cristina, como líderes de lo que se llamó Frente para la Victoria. Después de muchos años de presidentes que le dieron la espalda a quienes los habían votado, este partido devolvió al pueblo las reivindicaciones sociales logradas en el pasado por Juan Domingo Perón y su esposa Eva. Y aun los que no somos peronistas debemos reconocer que, en estos doce años continuos de gobierno, Argentina volvió a tener un proyecto de país en el que los seres más humildes fueron la prioridad. De hecho, Néstor Kirchner había planteado en Naciones Unidas que no iba a seguir aceptando imposiciones del FMI, toda vez que eso significaba tremendos ajustes económicos e intervención en asuntos en los que Argentina debía ejercer su soberanía. Y Cristina, a lo largo de dos períodos, reforzó los lazos entre los gobiernos de América Latina como frente común ante las exigencias de Estados Unidos y sus países europeos aliados.
En las últimas elecciones, en un increíble ballotage, el 51% votó como presidente al opositor Mauricio Macri, frente a un 49% que elegía a Daniel Scioli, del Frente para la Victoria. En síntesis, el análisis de este resultado responde a un desgaste de doce años de gobierno y las promesas electorales que el más poderoso medio de comunicación -Grupo Clarín- bombardeó a los hogares mediante gráfica, radio y TV. Hoy, a pocos días de asumir el gobierno, los fondos que antes se asignaban a ayuda social se desvían a una aristocracia propietaria de campos e industrias, mediante la eliminación de las retenciones. El aumento del dólar ha causado que los formadores de precio elevaran la inflación. El Poder Ejecutivo ha nombrado dos jueces en la Corte Suprema por un “decreto de necesidad y urgencia”, en una grosera invasión de poderes. Hay un intento de derogar la Ley de Medios (analizada durante meses por todos los partidos políticos y aprobada por el Congreso).Después de doce años sin represión de reclamo social alguno, un corte de ruta realizado por trabajadores de Cresta Roja –criadores de pollos- fue reprimido con carro hidrante y balas de goma. Así, el Estado que antes protegía a los más débiles es reemplazado por el Mercado, que hace su juego de oferta y demanda, sin mirar atrás. Antes, la economía cerraba con la gente dentro. Ahora, cerrará sin importar quién quede afuera. Los que vemos los efectos de estos primeros días de gobierno de Macri, que significa el regreso del neoliberalismo, ya comenzamos a reunirnos en plazas y parques. La gente se comunica a través de las redes sociales y esto deriva en manifestaciones pacíficas que han llegado a tener veinte mil personas (Congreso Nacional, 17/12; Parque Saavedra, 27/12).Lo grave es que los medios de comunicación no lo muestran: al no enviarse cámaras ni periodistas a cubrir los eventos, el nuevo gobierno trata de hacer invisible el descontento. Y como Argentina es un país extenso, nadie se entera de lo que ocurre en las plazas de cada provincia donde se replican estas reuniones de votantes defraudados. Así las cosas, la unión latinoamericana que es una cadena cada vez más resistente, hoy tiene en Argentina a su eslabón más débil. Porque ahora habrá un intento de mostrar al ALCA como la mejor opción, o que los países que cuentan con préstamos del Fondo Monetario tendrán mayor posibilidad de crecimiento que si se aíslan en defensa de sus mercados locales. Los medios de comunicación harán todo lo posible por demostrar las ventajas de la privatización, el estímulo a la mejora de las industrias nacionales con la libre importación de manufacturas baratas con las que tendrán que competir (en inferioridad de condiciones, claro) o la educación pública gratuita como concepto utópico u obsoleto.Por lo tanto, los que tenemos acceso a medios no convencionales como un blog, una columna virtual, un video en Youtube, debemos correr la voz. A esta altura de los acontecimientos, hay que contar lo que no aparece en la TV de aire ni el cable, ni los periódicos, ni la radio. Los medios monopólicos de comunicación no mostrarán jamás la realidad si ésta les perjudica o no favorece a los funcionarios que ellos crean, agrandan y colocan en cargos políticos vitales. Esto ocurre hoy en Argentina. A los que tratamos de ser personas dignas nos da vergüenza tener un presidente que en la ceremonia de asunción se puso a bailar en el balcón de la casa de gobierno mientras su vice cantaba una cumbia.Nadie, en ningún país, debe creer que los argentinos estamos felices con el bochorno de esta actitud impresentable. Todo lo contrario: vemos en ella la danza infame del neoliberalismo que causa los mayores dolores del mundo. Y es bueno que todos estemos sobre aviso, sin el menor lugar a la ingenuidad o la inocencia. Porque esto tan triste que sucede aquí es un proceso que busca a toda costa extenderse sobre América Latina.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Sueños nuevos, de Carlos Marianidis


Juguemos otra vez. La luna llena
ilumina la noche y el camino.
Juguemos a engañar nuestro destino,
a ignorar toda angustia y toda pena.
Hoy podríamos dar su última cena,
invitarle a beber su último vino
a nuestro lado triste, gris, cansino
y nacer sin edad y sin condena.
En el perchero hay una voz serena,
una sonrisa, una mirada buena,
un espíritu alegre y cristalino…
¿Por qué no comenzar lo que imagino?
Vestirme a nuevo, príncipe y divino,
¡y andar mi vida cual si fuera ajena!

                          Carlos Marianidis

jueves, 21 de noviembre de 2013

Prohibido soñar, de Carlos Marianidis

Carlos Marianidis
Prohibido soñar
 Editorial Estrada. Colección Azulejos, Serie Roja
Ilustraciones: María Jesús Álvarez


Un homenaje a 30 años de democracia
Por Carlos Marianidis

Cada cuatro años, Argentina elige presidente, gobernadores de provincia e intendentes de ciudad. Y, cada dos, renueva sus representantes en el Congreso. La decisión la tomamos nosotros mismos, personas comunes que poblamos la patria y cumplimos los requisitos para ser ciudadanos. De esto se trata la Democracia. Pero no siempre fue así.

    Durante mi infancia, yo creía que la manera normal en que cambiaban las autoridades era por la fuerza. Cada tanto, un hombre de uniforme verde sacaba al que estaba gobernando y se proclamaba él mismo como nuevo presidente. Esta costumbre se llamó Golpe de Estado y duró mucho tiempo. Demasiado.

   Al crecer, descubrí que no solamente nuestro país había sufrido tristeza e injusticia. Mientras el hombre volaba por primera vez a la luna, en Europa los estudiantes se lanzaban a las calles a reclamar su futuro. Y, en casi toda América Latina, los pueblos luchaban por construir sus propios gobiernos y una vida digna.
  
    En Argentina, finalmente, el 10 de diciembre de 1983 volvió a sentarse en el sillón más importante de la Casa Rosada alguien elegido por el pueblo.
    Fue algo histórico. Los que tenemos cierta edad, recordamos hasta dónde estuvimos y con quiénes compartimos aquel día.

     A las diez de la mañana, yo hacía equilibrio en el borde de un cantero del Congreso Nacional -en ese tiempo, ni los edificios públicos ni las plazas estaban cercados con rejas-. Desde allí, con lágrimas en los ojos, escuché la voz que salía por los parlantes colocados en la entrada y a lo largo de la Avenida de Mayo. Tras largo tiempo de dolor para todo el país, sin libertad de elegir un gobierno ni representantes de ningún tipo, alguien juraba como presidente. Era un ciudadano común, como cualquiera de nosotros.

   Dos horas después, se abrió el portón del palacio. Y aquel señor de bigotes gruesos que llevaba una banda celeste y blanca cruzándole el traje oscuro nos sonrió a todos. Luego subió a un brillante Cadillac que lo condujo hasta la Casa Rosada. Despacio, muy despacio... Muchos jovencitos trotamos cerca del convertible negro mientras el hombre saludaba feliz, con sus dos manos unidas en el aire. Se llamaba Raúl Alfonsín.
Desde entonces, los argentinos decidimos nuestro destino mediante el voto en las urnas. Con pensamientos diferentes y hasta con fuertes discusiones. Pero siempre en libertad.
 
   Desde entonces, soñé con escribir un libro sobre lo que había pasado antes. Sobre lo que había costado llegar a aquel día en que la alegría se desató en cada calle de nuestro país.

   En el fondo, cuento lo mismo que había ocurrido en nuestros países hermanos. Pero  no hablo de los grandes detalles que se pueden leer en cualquier buen libro de Historia. Me refiero a pequeñas cosas que nos marcaron a los que crecimos en aquellos días difíciles, cuando estaba prohibido soñar.

4                                                            Diplomacia
   - ¿Qué es el Mayo Francés? –pregunto mientras, en el aire, se detiene frente a mí el plato de spaghetti, los fideos largos que tanto me gustan.- ¿¿Qué...?? ¿¿De dónde sacaste eso??    Me enoja un poco cuando me responden con otra pregunta. Por las dudas, no me quejo.- Ahí dicen que hoy se cumple un año más del Mayo Francés... ¿Qué es?    Hay un hueco de silencio. Veo que mamá mira hacia el televisor, donde el noticiero muestra una multitud de jóvenes que corre por una avenida muy ancha. Al fondo, se ve una torre de hierro inmensa que tiene la forma de la letra “i” minúscula. Los estudiantes levantan sus carteles y la policía les arroja algo que echa humo y los hace llorar.         Mi plato acaba de aterrizar en la mesa. La salsa parece suspirar una brisa tibia de tomate y orégano que enseguida me da más hambre de la que ya tenía. Luego, la respuesta a mi pregunta llega desde lo alto, envuelta en ese aroma dulzón.
- Es el mes de mayo, pero en Francia. ¡Come, que se enfrían!    Ah, bueno... pienso y pongo cara de inteligente.
    La voz de mamá siempre está envuelta en dos olores: al mediodía y a la noche, en olor a comida; a la tarde, cuando friega la ropa, en olor a lavandina. Me gusta hablar con ella, pero me molesta cuando cree que yo no entiendo las cosas. Me hace sentir un tonto y no sé cómo decírselo. Porque no quiero que se ofenda, o se enoje conmigo. Bastante tengo con papá, que vive de mal humor.    A mi lado, Ringo abre la boca y me muestra su lengua roja.- Ah, ah, ah... –jadea. ¿O se ríe?... Quizás, también él se da cuenta que en esta casa todos me toman por idiota. De cualquier modo, pesco un fideo con dos dedos, lo paso por el estofado para que tenga gusto a carne y se lo deslizo entre los dientes. Él lo traga en un segundo y pide más. Por suerte, mamá lo llama para que almuerce en su propio plato.     En la siguiente noticia hablan de nuestro país. Me gusta cuando muestran el frente de la Casa de Gobierno, que es un edificio antiguo con grandes ventanas coloniales. Después, todo se pone bastante aburrido, porque aparece una mesa larga que tiene arriba muchas carpetas y papeles. Alrededor, se sientan varios hombres de caras muy serias.
- Los patriotas del año mil ochocientos... ¿se sentaban en esa misma mesa? –pregunto.     Mamá sale del dormitorio y se detiene con un montón de camisas entre sus brazos. Mira la pantalla un momento. Y responde mientras sigue caminando hasta desaparecer.- Sí... Pero éstos no son patriotas.    Trato de enroscar los fideos como me enseñó el tío Juan. Es inútil: no me sale. O se me caen del tenedor, o se me hace un bodoque tan grande que no me cabe en la boca. Para colmo, acabo de mancharme la camisa nueva con salsa (las gotas de tomate salieron despedidas como un latigazo y no me dieron tiempo a nada). De pronto se me ocurre que, antes de empezar a comer, debía hacer algo. Pero no me acuerdo qué era.- Claro... Si fueran patriotas, llevarían galera, y en vez de corbata, andarían.... ¡de moño! –digo en voz bien alta para que se me pueda escuchar desde el lavadero.
- ¡No le grites a tu perro! Además, demonio es una mala palabra. ¡No quiero volver a oírla!    Miro a Ringo y levanto los hombros. Él me mira fijo. Creo que tampoco entiende.    Al pasar otra vez delante de mí, mamá se agacha y observa mi brazo izquierdo. Luego, se acerca y me lo levanta como si yo hubiera ganado una pelea de box. Sin decirme nada, destapa un frasquito que hay en la mesa y me arroja sal sobre la manga.- ¿Es para la buena suerte? El tío Juan dice que hay que tirarla por arriba del hombro.    Hay un silencio demasiado largo. Los ojosde mamá brillan de un modo inquietante.- ¿Me estás tomando el pelo, Carlos...?    Cuando en casa me llaman por mi nombre es porque están muy enojados conmigo.- No... –murmuro.- ¡Cuántas veces te lo dije! ¡Cámbiate antes de comer!    Era eso, acabo de recordarlo. Para defenderme, bajo la cabeza y señalo la servilleta que tengo atada al cuello. Quizás mi situación mejore si se nota que me la puse para cuidar la ropa. Pero lo hago con tanta mala suerte, que quedan al descubierto las manchas anteriores.- ¡Tu camisa del colegio! –escucho. Y al levantar los ojos, veo que toda la sal del frasco vuela sobre mi pecho- ¡Vamos, sácatela! ¡Pronto, antes de que se seque el tomate! 
    Ringo toma distancia. Se acuesta junto a su plato y apoya el hocico entre las manos. Apenas con un movimiento de las pupilas, observa todo lo que pasa.    Finalmente, me quedo así como estoy: en cueros, como dice el tío. Quisiera ir a ponerme una playera o algo, porque comienza a entrar un poco de frío por  la ventana. Pero tengo miedo de que la salsa vuelva a saltar de mi tenedor. Por hoy, no puedo ensuciar nada más. Así que trato de distraerme con la tele. Sin molestar, hasta que todo se olvide. 

Desde esta Aldea felicito a mi querido amigo Carlos Marianidis por la publicación de su más reciente libro y agradezco el generoso envío de esta obra, que estoy segura que es y seguirá siendo muy bien recibida por los jóvenes lectores, padres, maestros y amigos argentinos y de los países que compartimos idioma y sueños de democracia.




martes, 11 de diciembre de 2012

Carlos Marianidis desea Feliz 2013



Mira al cielo y su sol de madrugada
cuando escurre colores sobre el día.
Ve en el árbol temblar a la hoja fría
y al gorrión que comienza su jornada.
Sal como él, con el alma desatada,
sostenido en esfuerzo y fantasía.
Goza cada momento la poesía
de luchar por la hora más soñada.
Pero anda sin llorar, que si confía
el pájaro en volver a su morada
con algo de comer para su cría,
lo harás también si ríe tu mirada.
Y, casi siempre, un poco de alegría,
si la sabes buscar... ¡no cuesta nada!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Mensaje del poeta Carlos Marianidis para el 2012

 2012
“-¡Es el final del mundo!”... Lo he escuchado
decir miles de veces, sin medida.
A cada cielo gris, la fe vencida,
A cada eclipse, un fin anticipado.
Yo sé que un día todo habrá acabado;
que la mayor conquista conseguida
terminará cual trébol que se olvida
junto al poema aquel que se ha guardado.
Pero si fuera hoy el día anunciado,
aun con mi camino terminado
daré la última flor, la más querida,
la que bajo mis ramas, escondida,
perfume al menos la pequeña vida
de un zorzal que se escuche en cualquier lado.

 
Carlos Marianidis

jueves, 28 de abril de 2011

Carlos Marianidis. Dos obras publicadas por Editorial Progreso

Autor: Carlos Marianidis
Ilustrador: Pablo De Bella
El muro de Tierracalma, México, Editorial Progreso,
Colección Rehilete, 2010

"Los castores de Tierracalma jamás habían tenido peleas entre sí. Cultivaban sus tierras, recorrían a pie los caminos que iban de sus hogares a sus trabajos, o se saludaban de una bicicleta a otra; enviaban sus crías a la misma escuela y hasta tenían un pequeño estadio de futbol".

Así comienza esta obra ilustrada del poeta argentino Carlos Marianidis. En esta ocasión, el gran fabulador eligió que sus personajes fueran castores, que en su pluma se tornan criaturas fascinantes, ingeniosas y amantes del futbol.

La armonía de Tierracalma se rompe debido a un desastre natural. Una tormenta y la consecuente inundación de la parte baja de la aldea. Desastre, por cierto, como los que se viven y sufren en estos tiempos de cambio climático en cualquier parte del mundo. Los conflictos derivados no se hacen esperar y la población del Este y el Oeste, tan amigable en tiempos de bonanza, se ve dividida por obra y gracia de una decisión gubernamental.

En El muro de Tierracalma Carlos Marianidis hace una apuesta por la solución noviolenta de los conflictos, por ver en los otros a iguales con quienes se puede llegar a convivir y a solucionar las adversidades.

Este libro, además, puede ser un vehículo muy interesante para que los lectores, niños y adultos, platiquen sobre asuntos que enfrentan y aun dividen a las poblaciones en categorías que van más allá de la riqueza y la pobreza del Norte y el Sur; de las ideologías que otrora se ubicaban en el Este y el Oeste, de los prejuicios étnicos, religiosos y en general de problemas que surgen cuando no hay disposición al diálogo.



Los puentes de la libertad
Autor: Carlos Marianidis, México, Editorial Progreso,
Colección Rehilete
2010

En Los puentes de la libertad, obra también publicada por Editorial Progreso, el escritor argentino ofrece una historia que tiene como escenario una isla habitada por hámsters "esos simpáticos roedores con aspecto de osos de peluche, que se caracterizan por acumular cosas en cuanto rincón exista".

Isla Dientuda, es un paradisiaco lugar, la tierra ideal en donde todos cultivan la tierra, en donde se vive de manera simple, tranquila y en paz. En donde los habitantes han sabido sacar provecho del gran tesoro que en tiempos remotos un gran científico olvidó tras su paso por ahí: un diccionario enciclopédico, de los antiguos, de los que todavía consideraban 29 letras en el abecedario español, gracias al cual los hámsters habían aprendido a leer y escribir, a reconocer los vegetales de la región y también a conocer a los habitantes más importantes del mundo, del mundo de los humanos, por supuesto, entre quienes estaban Einstein, la Madre Teresa y muchos más. De ahí que los tres puentes que comunicaban a la isla se llamaran: Einstein o de la Sabiduría; de la Solidaridad y de la Salud o puente Sabin.

En Los puentes de la libertad Carlos Marianidis nos ofrece una historia de amor y seducción, que nace desde que Irina y Lucas se conocen; también es una historia de aventuras, en la que Lucas enfrentará diversos peligros. Otros personajes, como Fidias, el sabio abuelo de Irina, así como Romeo y Julieta, jugarán un importante papel en esta trama.

La libertad, como uno de los principios y valores más preciados, está amenazada. ¿Qué tendrán que hacer los dientudos para que la calma vuelva a su isla?

Carlos Marianidis, una vez más muestra su vocación pacifista, de luchador social y buen escritor en estos dos libros que he leído gracias a la cortesía de Editorial Progreso.

 * *
Carlos Marianidis nació en 1959, en Buenos Aires, Argentina. Ha publicado cuentos, poemas, obras de teatro y novelas. Ha ganado, entre otros premios y reconocimientos el Premio Casa de las Américas (2002), con su novela Nada detiene a las golondrinas; en los concursos Internacional de Literatura Infantil Julio C. Coba Libresa obtuvo la recomendación del jurado por su obra Las sombras perdidas y otras historias (2005) y por Corazón de colibrí (2008). Su cuento Elqui, obtuvo un segundo lugar en el "Primer Concurso Regional de Narrativa Des-CONTAR EL HAMBRE", organizado por la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).


martes, 28 de diciembre de 2010

Mensaje a Telefónica: No al cierre de la Biblio de los Chicos, Guía de Letras y la Revista Imaginaria


Esta Aldea se pronuncia por la defensa de tres espacios culturales que trascienden fronteras para que la literatura infantil y juvenil llegue a niños y adultos.

María C. Álvarez y el poeta Carlos Marianidis me enviaron la carta que presentarán a la directora de la Fundación Telefónica, con el fin de disuadirla del retiro del apoyo a La Biblio de los chicos, Guía de Letras y la revista mundialmente conocida y reconocida Imaginaria.

A continuación el texto de la carta y la liga al blog creado para este fin, en el que podrán apoyar firmando la petición.

Buenos Aires, 2 de enero de 2011.

Sra. Carmen Grillo
Directora de la Fundación Telefónica
Arenales 1540
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

De nuestra mayor consideración:

Con mucha sorpresa y disgusto recibimos la noticia de que la Fundación Telefónica deja de publicar las páginas de Internet La Biblio de los Chicos y Guía de Letras. Según creemos, esta decisión también afectaría de algún modo a la Revista Imaginaria.

Suponemos que la institución que usted dirige no ignora lo que estos sitios significan para lectores, docentes y especialistas en literatura infantil y juvenil. Si es así, no comprendemos el motivo de tal decisión.

Los abajo firmantes solicitamos a la Fundación Telefónica que revise esta medida y continúe sosteniendo estos sitios que tanto han trabajado por difundir y promover la literatura para niños y adolescentes.

Nos pronunciamos por este medio, agregando nuestros nombres, nacionalidad y números de documento de identificación que también figuran en el blog “No al cierre de la Biblio de los Chicos" http://noalcierredelabiblio.blogspot.com/.

En espera de una resolución favorable, la saludamos con nuestra mayor consideración.
Firmantes:
Alejandra Erbiti DNI: 16.444.773
María Laura Díaz Domínguez (Argentina) DNI 21 763580
Diana Briones (Argentina) D.N.I:14. 483.723
Germán Machado Lens (Uruguay) C.I. 1809066-1
María Eugenia Pons (Argentina) D.N.I. 16.280.837
Liliana Sosa (Argentina) DNI 12012192
Olga Drennen (Agentina) NI 9.991.403
Florencia Esses (Argentina) DNI 23103365
Márgara Averbach (Argentina) DNI 13 088537
Beatriz Actis (Argentina) DNI 14 529461
(En el momento de publicar esta entrada van 339 firmas registradas en el blog)

martes, 21 de diciembre de 2010

Felicitación de Carlos Marianidis


Diciembre, un año más... Quedó la risa
mezclada en la distancia con el llanto
y algún soplo de paz que cada tanto,
como un tilo, me perfumó la brisa.

Colgué un lindo almanaque tras un santo
que cambió de lugar en la repisa
para oficiar de nuevo esta gran misa
de elegir la esperanza o el espanto.

Y así como el invierno sin un manto
parece menos frío bajo el canto
del valiente gorrión en su cornisa,

enero es una hoja blanca y lisa
que me recuerda siempre con qué prisa
volverá a florecer el amaranto.


Gracias, querido Carlos, en nombre mío y de mi familia recibe nuestros mejores deseos para el 2011 y siempre.

sábado, 16 de octubre de 2010

Palacios de arena, de Marcelo Suárez de Luna. Realización María García Esperón



Caminando por la arena me pregunto
¿por qué, quienes, para qué?
Ninguna respuesta obtengo
hasta que veo la sonrisa de mi niña
construyendo palacios, no castillos
y entonces cualquier interrogante
pierde toda relevancia.

Poesía imperfecta, de Marcelo Suárez de Luna
Realización: María García Esperón
Voz: María Eugenia Mendoza
Música: Yiruna

jueves, 1 de abril de 2010

Carlos Marianidis. Estudio de la obra del poeta, por Anabel Sáiz Ripoll

Anabel Sáiz Ripoll nos regala un detallado estudio de la obra del poeta argentino Carlos Marianidis, publicado en la edición de este primer día de abril en la revista Arena y Cal. Me permito presentar un fragmento a continuación:
 
ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS: este planeta es maravilloso
Carlos MarianidisCarlos Marianidis se define a sí mismo como: “Un agradecido de la vida. Nací con meningitis, dentro de una familia pobrísima y fui internado en un hospital público. Al cabo de tres meses de incubadora y respirador, los médicos me desahuciaron. Pero mi madre les rogó un poco más de tiempo, porque confiaba en que yo iba a reaccionar. De ahí en adelante, todo fue un regalo. Y no es que las cosas hayan sido fáciles. Digo que, a pesar de las dificultades –que no son otra cosa que desafíos-, vivir es una experiencia apasionante. Y este planeta es maravilloso. Ojalá todos pudieran darse cuenta y cuidarlo más.”

Carlos Marianidis, a quien dedicamos estas líneas, nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de agosto de 1959. Estudió violín en el Conservatorio Municipal, Óptica Técnica en la Universidad de Morón, teatro en el Conservatorio Nacional y psicología en la Universidad de Buenos Aires. Es un hombre versátil, al que le interesan los deportes (fútbol, tenis, atletismo) y es aficionado al ciclismo y al tenis.

Debemos reconocer que, en toda América Latina, millones de niños no prestan atención en la escuela y tienen problemas de aprendizaje por una deficiencia en la alimentación, porque no están contenidos afectivamente, porque sufren maltrato, porque los potentes modelos que les llegan por TV van al revés de lo que aprenden en las aulas... Ante esta realidad, es imprescindible resolver las cuestiones de fondo para, después, pensar en mejorar cualquier hábito. Una vez que esto está cubierto, alcanza con leerles antes de dormir o poner a su alcance un buen libro ilustrado, una buena novela. Sería ideal que la biblioteca volviera a tener un espacio en cada hogar, aunque sólo fuera un cajón de manzanas con estantes (así era la mía). Cuando el libro ocupa un lugar fijo en la casa, el niño le da valor. Luego, lo abre. Principalmente en la infancia, el cerebro es una esponja fantástica. Los adultos somos responsables de lo que absorba o no. Y, a gran escala, de eso se trata el diseño del mundo en que vivirá cada generación.”

Carlos Marianidis se desenvuelve a gusto en la literatura infantil, a la que presta toda su atención y en la que vuelca todo su buen hacer y sensibilidad. Con mucho sentido del humor y esa ironía sutil que lo caracteriza, al preguntarle, qué opina de la poesía infantil, que cultiva con tanto acierto, contesta: “Lo mismo que opino de los días jueves: hay buenos y malos, algunos son luminosos y otros, sombríos; unos huelen a jazmín abierto en primavera y otros, a humedad de hongo. Hay libros excelentes, pero también veo textos obsoletos que siguen apareciendo en las librerías, totalmente desentendidos de la capacidad de comprensión que tienen hoy los niños. Por ejemplo, no me explico por qué en pleno siglo XXI siguen editando Caperucita Roja. A propósito de esto, Luis Pescetti ha escrito un texto irónico muy interesante y divertido. Como autor, pienso que los niños tienen un grado de percepción de la realidad que está más allá de lo que los adultos creemos. Cada vez que escribo para ellos, lo hago con respeto hacia su capacidad intelectual –no importa qué edad tengan- y elijo las palabras con mucho cuidado. Trato de hacer no literatura infantil, sino literatura que también pueda comprenderse en la infancia, que es muy diferente. Cuando era niño, leí Corazón, Platero y yo, Cuentos de la selva... Décadas después, volví a leerlos y seguían siendo grandes libros. Es decir, Edmundo D’Amicis, Juan Ramón Jiménez y Horacio Quiroga, respectivamente, habían creado obras que se podían disfrutar a cualquier edad. Ahora que tengo el privilegio de ser escritor, intento seguir por ese camino."
* *
Da clic en el enlace para leer el texto completo, publicado en Arena y Cal

martes, 2 de febrero de 2010

ELQUI, de Carlos Marianidis


Elqui
(En mapundungún: lo heredado)


     Es cuestión de tiempo, nada más. Ahora juegan entre sus cerros. Sólo juegan.
     Pero mañana, en un mes, el año que viene, serán como querubines ensayando, inocentes, la sonrisa del diablo.
     Dónde estará su familia, se preguntará un hombre bien vestido que les rechazará la estampita, los mirará con desprecio y continuará cenando con los amigos y diciéndoles que no, que no se puede creer que en una tierra donde en otoño se te cae una semilla de maíz y en primavera hay una planta llena de choclos pasen estas cosas.
     - Dónde estará su familia -repetirá, indignado, y enseguida preguntará por los goles del domingo.
Su familia
     En el principio, araron la propia tierra. Después fueron perseguidos y se resignaron a arar la tierra de otros. Avisaron que no se podía sembrar soja todo el tiempo; que había que dejar descansar a la mapu, pero nadie los escuchó. Y su esperanza murió en los surcos resecos.
     Entonces aprendieron a ser mineros. Y la piedra cambió de dueño.
     Al final, fueron ferroviarios. Pero sin cosecha y el cobre de los cerros consumido, el ramal cerró.
     Pronto dejaron hueco el caserío. Igual que bestias en medio de un incendio, de la montaña bajaron a la sierra, de la sierra bajaron a los llanos, de los llanos al pueblo, del pueblo a las ciudades.
     Por cada uno bajaron mil, porque en medio de la huida, muchos escondieron el miedo en un abrazo y le hicieron hijos a la miseria en esas noches que para consolarlos les abrió las piernas flacas.
     Sin mesa familiar, sin horno humeante, sin pan caliente en qué reconocerse, perdieron la razón de enseñar los oficios. O tal vez ocurrió que perdieron los oficios y, después, la razón. Como fuera, no les quedó nada.
     Ahora, espoleados por el hambre y la injusticia, agolpan su terror amenazante frente a cada palacio de gobierno; cada hilera de escudos, cascos y bastones, para pedir por un techo, algunos surcos, un arado. Les contestan a golpes que el mundo cambió, pero nadie les dice por qué lo hizo sin ellos.
     Y la vida se les pasa. Es una vigilia eterna de oscuros pensamientos. Porque allá lejos, en el Congreso, donde los diputados sólo piensan en las tierras que le van a dejar a sus hijos, ¿quién le prestará atención a su peñi, el que fue a hablar por los hijos que le van a dejar a esta tierra? ¿Quién estará en la fragua cuando retorne el cobre? ¿Quién quedará que sepa laborar la semilla cuando el campo despierte? ¿Quién sabrá unir dos letras para decir que no?



     Mientras tanto, ajenos a todo, los niños cantan. Saben dos o tres canciones. Son coplas en la lengua que hablan sus padres, sus abuelos, que también las cantaron en la infancia y entre los mismos cerros. Caminan y caminan desde sus chozas hasta llegar al río. Cargan baldes colgados por las puntas de una pesada rama que les atraviesa los hombros. Tienen ojos saltones y mirada de pájaro, barrigas hinchadas, piernas tan flacas como sus brazos, pero cantan.
     Y vuelven ya, torciendo el espinazo como si fuera un juego. Hablan muy poco, sí. Apenas las palabras con que nombran lo que les falta: auco si se acabó el agua, caleu si hay que buscar otro río. Para qué más. Mientras en la capital los niños de su edad estudian inglés, computación o piano, ellos construyen su cultura por sonidos. El agua hierve cuando tiembla la tapa del cacharro, la cabra anuncia lluvia cuando corre con su cencerro de latón al cuello; hay que salir al monte por más leña cuando ya no se escucha chispeo en el brasero. Sólo el ruido en la panza los confunde casi todos los días. Si ruge ahí, a la altura del ombligo como si fuera un pan que se retuerce, es hora de ir a dormir aunque haya sol. Lo demás es muy simple: despertar y seguir como si nada, ordeñar los colores de la tarde, beber la noche, buscar su estrella.
     Con algo de suerte, cuando crezcan un poco más se irán a vivir a la gran ciudad. Entonces, todo será diferente. Como jamás imaginaron.
     Para empezar, pasarán el día buscando papel. Mucho. Si es blanco, mejor. Alrededor de las diez de la noche, la hora en que el andén se ennegrezca de espectros, ellos aparecerán con su cargamento. Se encontrarán con sombras que fueron hombres y mujeres, caballos tristes y bicicletas oxidadas que arrastrarán la miseria rescatable. Atados de cartón, papeles, plástico, todo lo que pueda salvarse en los depósitos y acaso valga un poco, suficiente para calmar aunque sea por unas horas ese ruido que hacen las tripas.
     A veces,alguno verá un brillo en la basura y se beberá las dos últimas gotas de un placer ajeno; luego arrojará la lata, la pondrá bajo un pie y aplastará varias veces su destino desgraciado junto a tantos rencores que poco a poco le doblarán la espalda hasta domarlo o convertirlo en un ladronzuelo precoz.
     El resto de la noche será más liviano. Entrarán en pandilla a los restaurantes y se dividirán el laberinto de manteles. En cada mesa, dirán que tienen hambre. Con su grito de flor, con su mirada nueva encallecida de arrodillarse demasiado pronto, esperarán firmes hasta que los echen o les den algo.
     - En una tierra donde en otoño se te cae una semilla de maíz y en primavera hay una planta llena de choclos -dirá ese hombre de traje.
     A la madrugada, le abrirán la puerta de sus taxis a la gente que sale de los teatros, se untarán el invierno por los brazos, se repartirán el frío y las monedas. Pocas, como siempre. Se sacarán el espanto con alguna palabra prohibida que hayan aprendido o un gesto adulto que les irá plegando la piel sobre los labios suaves. Con suerte, después comerán un pedazo de pizza.
     Pero aún falta para eso.
     Ahora juegan entre sus cerros. Sólo juegan.

Autor:
Carlos Marianidis (Buenos Aires - Argentina)
Imágenes: 
María García Esperón (México)
Voz: 
María Eugenia Mendoza Arrubarrena (México)
Música: 
Brasilian dance, Heitor Villa-lobos (Parte I)
Luiggi Mozzani, Feste Lariane (Parte II)

Agradecimiento a Carlos:
Hace unos días, después de la publicación de la reseña de Nada detiene a las golondrinas Carlos tuvo la gentileza, tan característica de él, de enviarme un correo electrónico en el que anexó una emotiva carta de agradecimiento, acompañada de dos cuentos, uno de ellos es Elqui, obra ganadora de un segundo lugar en el "Primer Concurso Regional de Narrativa Des-CONTAR EL HAMBRE", organizado por la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

"El arte es una poderosa forma de sensibilizar y fomentar el debate social respecto a los problemas que enfrentamos", dice la convocatoria a la que respondieron más de 600 escritores.
Después de leer este cuento le pedí a Carlos su autorización para publicarlo. Agradezco su respuesta y el valiosísimo apoyo técnico y artístico de María García Esperón para la producción de este video.