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lunes, 4 de septiembre de 2017

Aniversario 40 del lanzamiento de las naves Voyager


Porque el gesto de alargar una mano a través de los siglos,
de abrazar a nuestros descendientes y a nuestra posteridad
tenía algo de elegante y muy humano.
Carl Sagan 

Mañana 5 de septiembre se cumplen 40 años del lanzamiento de la nave Voyager 1. La Voyager 2 fue lanzada días antes, el 20 de agosto de 1977. Mi humilde homenaje a una de las obras maestras de la ciencia, la técnica,  la tecnología y el arte fue la escritura de mi primera obra de ficción, la cual tuvo la fortuna de ser seleccionada para su publicación por el jurado del Premio Gran Angular 2003.

Para celebrar el lanzamientos de estas dos naves, de las cuales hemos recibido información preciosa sobre nuestro sistema solar y un poco más allá, comparto un capítulo del libro, en el cual los nuevos habitantes de El Lindero escuchan la selección musical con que el equipo de científicos de las más diversas disciplinas, liderado por Carl Sagan, presentan a la humanidad de este pálido punto azul.

En mi optimismo ingenuo creo que si los llamados líderes mundiales y gobernantes de poca monta que, sin embargo hacen mucho daño, dedicaran unas horas a conocer la obra de Carl Sagan pensarían un poco antes de lanzarse a proyectos depredadores y a aventuras que ponen en riesgo la vida en el planeta. No lo harán, lo sé, lo único que los mueve es el aquí y ahora de ellos y sus reducidos grupos. En fin.

En torno a la música más bella

Omar entró a mi cuarto el otro día para buscar unos CDs. Vio la caja que encontré junto a la maleta de la cápsula del tiempo y se sorprendió al toparse con un estuche que contenía la obra titulada Murmurs of Earth. Casi sin aliento, salió corriendo para preguntarnos si ya habíamos visto estos discos.
–¡Es la música del Voyager!, contestó precipitadamente mi mamá, quien desde hace muchos años es fan de Carl Sagan y siempre se había lamentado no haber conseguido la música que se fue como parte del mensaje preparado como nuestra carta de presentación ante extraterrestres de lejanos lugares y tiempos futuros. El libro editado en español, bajo el título de Murmullos de la Tierra. El mensaje interestelar del Voyager, era uno de sus favoritos.
–¿Estaba con la famosa cápsula del tiempo?, preguntó Mariana.
–Lo encontré en la caja de CDs y cuadernos que se apañó Sara, contestó Omar.
–¡Yo la encontré! Además creo que a nadie le ha importado mucho. Nada más cuando vimos el video de la familia mi mamá se conmovió, pero al otro día nadie quería saber nada del asunto.
–Oye, realmente me conmovió que esta familia se hubiera tomado tantas molestias para nada.
–¿Crees que sea para nada, no crees que esto realmente nos podría ayudar a ser mejores como familia?, le pregunté.
–¿Seremos mejores por habernos quedado con objetos y secretos de otra familia?, preguntó Omar.
–Yo no digo eso, a lo que me refiero es que si conocemos el contenido, investigamos un poco más sobre la familia, podríamos aprovechar sus experiencias para ser mejores, es como para los países que tienen que aprender de la historia para no cometer los mismos errores y progresar. He llegado a pensar que tal vez debamos ponernos en contacto con ellos para decirles que enterramos su cápsula del tiempo y que ellos dejen dicho a sus herederos que dentro de 48 años pueden venir a rescatarla...
–Te está afectando mucho la capsulita, dijo Mariana. Creo que fue un intento agradable de una familia, a la que le sobraba tiempo, de hacer algo original, pero al haberla dejado en el cuarto de servicio demostraron que no tenían la intención de enterrarla.
–Además, por lo bien hecho del video, dudo que no tengan por lo menos una copia, agregó Omar.
–Bueno, ¿pero qué tiene que ver este disco con la cápsula del tiempo?, preguntó mi papá, quien nada más observaba la discusión.
–Gregorio, el hijo mayor de Montserrat es astrónomo y está trabajando o ya debe haber terminado, con su equipo de trabajo, una evaluación de los primeros 25 años de las naves Voyager.
–¡Wow!, entonces está trabajando en la NASA o en el SETI, aprovechó mi mamá para presumir sus conocimientos del tema.
–En su autobiografía no dice con qué institución estaba haciendo la investigación. Sólo menciona a algunos astrónomos mexicanos, como a tu amiga Julieta Fierro, y el hecho de estar involucrado en este proyecto, lo cual lo hacía muy feliz.
–Ojalá Julieta fuera mi amiga, varias veces la entrevisté, pero desde que cambié de trabajo no la he vuelto a ver.
¿Qué más dice el galán en su biografía?, preguntó Mariana.
–Que a sus 30 años sigue soltero, por si te interesa. Y que además ya quiere tener hijitos para que puedan leer su cápsula del tiempo.
–Es un perdedor, dijo Omar, bromeando.
–Si para ti un perdedor es un cuate que trabaja en lo que le gusta y que además se ha divertido durante toda su vida, entonces sí, seguro es un perdedor. Es curioso ver que comienza su rollo diciendo que siempre ha sido un desmoche y les revela a sus nietos y bisnietos “virtuales” que algunas veces se ha emborrachado y la ha regado en varias ocasiones.
–Como si eso fuera motivo de presunción, reprochó mi papá.
–¡Ay sí!, como si emborracharse algunas veces quisiera decir que los chavos se vuelven alcohólicos y perdedores, reclamó Omar, quien ya había tenido una o dos experiencias secretas en el terreno de los excesos con el alcohol.
–Pero tampoco es para jactarse...
–¡Ay ya van a comenzar con la moralina!, dijo Mariana
–¿Por qué mejor no escuchamos la música del Voyager, dijo mi mamá, para cortar la discusión.
Cuando leímos el contenido nos dimos cuenta que todas las piezas occidentales son ampliamente conocidas, pero de la música oriental todo estaba en chino, bueno en chino, javanés, senegalés...
Mi mamá se sentía toda una experta en el tema, pero no quiso aventurar ninguna afirmación sobre la música, sin tener el libro en la mano. Esto nos salvó de una sesión de lectura, ya que todavía no desempacaba todas las cajas de sus libros, así que prometió que tan pronto lo encontrara podíamos combinar la lectura de la explicación de la música seleccionada, mientras la escuchábamos. Lo único que sí dijo tajantemente es que no estaba tan de acuerdo con que El cascabel fuera la pieza mexicana más bonita y representativa, habiendo obras como Huapango, pero bueno, los musicólogos tuvieron la palabra y finalmente debe valorarse más el honor de que la música mexicana estuvo contemplada, como parte de la más bella del mundo, sobre todo pensando que muchos países quedaron excluidos.
Pusimos el disco.
El primero en aparecer fue Bach, comenzamos a escuchar el Concierto de Brandeburgo número dos y la piel se nos hizo de gallina.
–Cuando cayó el muro de Berlín, seguro Carl Sagan recordó los motivos para incluir esta obra como la primera del disco, susurró mamá.
–¡Es maravillosa!, aunque yo prefiero el número cuatro, dijo mi papá en voz muy baja.
La música era tan poderosa que permanecimos en silencio escuchándola, solamente se oía el ruido que hacía el estuche al pasar de mano en mano, cada vez que iniciaba una nueva pieza.
–Estarán de acuerdo que hay canciones más bonitas y representativas de México, volvió a la carga mi mamá, cuando escuchamos la sexta pieza, o sea el ya mencionado Cascabel. Nadie secundó el comentario, no sé si porque no somos expertos en música mexicana, o porque no estábamos de acuerdo. No era nada fea y por lo menos no era la clásica apología del macho mexicano, para el que la vida no vale nada y encuentra cualquier pretexto para emborracharse y echar pestes de las “pérfidas” mujeres, sin las que, sin embargo, no puede vivir.
–Para mí que el rock no estuvo tan bien representado con Johny B. Goode, comentó Omar y aprovechó para preguntar ¿ma, por qué no incluyeron a los Beatles?
–Creo que no nada más los encargados de la música del Voyager estaban de acuerdo con que incluyeran Here comes the sun, sino que todos los que trabajaban en el proyecto querían que estuviera en el disco, me acuerdo que Carl Sagan dice en el libro que ya tenían la aprobación de los cuatro, pero como no eran dueños de los derechos, no quisieron  exponerse a problemas legales por una canción, que ustedes también coincidirán conmigo, tenía todos los méritos para estar entre la música más hermosa del universo.
–¿Qué te parece si te quemo una copia de este disco e incluyo la canción de los Beatles?, le preguntó Omar a mamá.
–Gracias hijo, pero no va a ser lo mismo. Pero, sí, sí es buena idea.
Mi papá comentó que la decisión de seleccionar la música más bella del planeta podría calificarse como una labor de locos y un tanto injusta pues habían quedado cientos o miles de compositores excluidos, por lo que resultaba un tanto extraño que se repitiera Bach en tres piezas y Beethoven en dos.
–Y no creo que hayan sido problemas de derechos de autor para que no estuvieran incluidos otros clásicos, completó mi mamá.
–Alguna vez escuché que todos los caminos comienzan y terminan en Mozart, dijo Omar, mientras escuchábamos la selección de este compositor.
Si alguien me hubiera dicho que una tarde la iba a dedicar a escuchar música de diferentes partes del mundo con mi familia, en la sala de la casa, no lo hubiese creído. Sin embargo, ahí estábamos, alrededor del estéreo, imaginando paisajes y situaciones que provocaban las más diversas reflexiones.
–Si yo fuera extraterrestre y me topara con una selección musical como ésta, seguro que me dirigiría a la Tierra para gozar de tanta belleza, dijo mi papá, conmovido.
–¿Si fueras extraterrestre?, preguntó mi mamá.
–No vayan a comenzar, sentenció Mariana e imitando la voz de Louis Armstrong, pidió que pusiéramos atención al blues que estábamos escuchando.
–¿De dónde son esas gaitas, de Asturias o Escocia?, preguntó mi papá.
–De ninguna de las dos, aquí dice que son de Azerbaiyán, leyó en voz alta Omar, quien tenía en ese momento el estuche.
La velada estaba resultando deliciosa, pocas veces o tal vez nunca nos habíamos reunido los cinco sin que hubiera una televisión o una mesa llena de comida frente a nosotros.
Lo que al principio había querido ser solemne poco a poco iba siendo más cálido, creo que esta música lograba su objetivo, despertar la imaginación de los escuchas a partir de la información que manejábamos, alguna muy estereotipada y otra más o menos concreta, por lo significativa que era para nosotros.
–¿Cómo recibirían este disco los extraterrestres que no sabían nada de nosotros y que quizá no compartirían cualidades físicas con nosotros?, me atreví a preguntar.
–Y dale con los estereotipos, seguro que estás imaginando a ET o a las criaturas de la Guerra de las Galaxias, me molestó Omar.
–No tengo la culpa de que cuando pienso en extraterrestres aparezcan criaturas como los de Marcianos al ataque o los del Día de la Independencia, me defendí.
–Yo preferiría que fueran como el chavo de Roswell, dijo Mariana, para seguir molestándome.
–¿Cómo serán?, nunca lo sabremos, si hay vida en otros planetas, que seguro sí la hay, está a millones de años luz. Pero creo que es más importante que no nos dejemos llevar por los estereotipos, cosa que hacemos cotidianamente, cuando pensamos en los diferentes pueblos de este mundo, dijo mi mamá. Cuando se piensa en África, por ejemplo, siempre salen a relucir los miembros de algunas tribus nómadas que mantienen sus tradiciones de caza y recolección, sin que eso de ninguna manera esté mal, pero deberíamos también pensar en grandes ciudades africanas, en donde se registran desarrollos científicos sorprendentes, recordemos que en Sudáfrica se llevó a cabo el primer trasplante de corazón, o que en Alejandría se erige la más ambiciosa, avanzada, hermosa y completa biblioteca.
 –Hay que recordar cómo nos sentimos nosotros, agregó mi papá, cuando otros piensan en México, y nos ven como tipos flojos envueltos en un sarape, con una botella de tequila en la mano y durmiendo recargados en un nopal.
–Me acuerdo que una vez un noruego con el que chateaba me preguntó ¿qué otra cosa hacíamos los mexicanos para divertirnos además de beber tequila?, completó la idea Mariana.
Dejamos la plática para seguir escuchando, pero sí es cierto, me choca que casi siempre que hay escenas de México en el cine y la televisión se maneja ese famoso y denigrante estereotipo que el cine hollywoodense se encargó de difundir, para muchos somos variantes de la caricatura de Speedy González, además de  malvivientes y tramposos. Y ni qué decir de la música, siempre musicalizan con pasos dobles u otros géneros españoles en lugar de incluir ritmos y sonidos más nuestros.
El disco me hacía pensar muchas cosas, cuando escuché la pieza de los indios navajos, no pude reprimir un comentario.
–¡Ay sí!, esos gringos primero los exterminan, les quitan sus tierras y luego los mandan a reservaciones, pero cuando se trata de presumir que sí tienen raíces, exhiben a sus indios como si estuvieran muy orgullosos de ellos. Aunque por desgracia ése no es un fenómeno exclusivo de los gringos, aquí en México el problema con la población indígena es brutal, pero es aprovechado para que políticos de diferentes tendencias lleven agua a su molino, al mencionarlos en sus acartonados discursos.
La música seguía fluyendo, pero yo me quedé pensando en la cuestión de los indígenas. Creo que mi mamá tiene razón de molestarse cuando escucha a los políticos que afirman que los indígenas son los verdaderos mexicanos ¿y nosotros qué, somos de a mentiritas? Ellos y nosotros somos mexicanos de verdad, con toda la diversidad física y cultural que existe en un país tan grande como el nuestro y con las experiencias históricas que no podemos negar, como la conquista y el inicio de lo mexicano a partir de ese “encuentro”. Yo no sé por qué en México se insiste tanto en seguir sintiéndonos víctimas de la violencia de la conquista, cuando ya pasaron más de 500 años. Hay que estar orgullosos de que tenemos raíces tan bien plantadas, con las que debemos crecer y ser mejores, ojalá ya nos quitáramos de tonterías y aprendiéramos unos de otros, sin que nadie se sienta superior o inferior. Además hay que tener presente que todos los pueblos en menor o mayor medida han sufrido la opresión de los conquistadores, nada más habría que tener presente la presencia por siglos de los moros en España. Ojalá se acaben las invasiones de una vez por todas.  Bueno ya divagué mucho, ¿qué estará pensando Omar? Seguro le hubiese gustado que estuvieran incluidos los Rolling o Nirvana o U2, bueno, estos dos últimos no porque son más recientes.
Otra pieza de Perú,  Se me hace que había un peruano en el equipo de musicólogos del proyecto Voyager, ¡qué padre!, si Gregorio ya hubiera sido astrónomo en esa fecha seguro hubiera hecho hasta lo imposible para formar parte del equipo que trabajó con Carl Sagan. ¿Qué onda Gregorio, en dónde estás? Nosotros aquí escuchando tu disco. Me gustaría conocerte, en persona, porque ya sé muchas cosas de ti y me caes bien.
Al finalizar el disco, con un cuarteto para cuerdas de Beethoven, todos seguíamos pegados a los sillones. No lo podíamos creer. Habíamos pasado casi dos horas juntos y ni nos habíamos molestado, bueno no mucho, ni dormido, como cuando mi papá comienza a ver una película con nosotros.
–Esto fue todo un logro, dijo mi papá.
–¿Que estuviéramos juntos una noche?, preguntó mi mamá.
–Bueno sí, pero me refiero a la grabación del disco. Esta música es extraordinaria, debe haber sido muy difícil haber llegado a esta selección.
–Sin duda fue todo un logro, comentó Mariana, pero creo que cometimos graves errores al escuchar este disco de la forma en que lo hicimos.
–¿A qué te refieres?, preguntó mi mamá.
–Este disco está pensado en seres que, por lo menos en teoría, no conocen absolutamente nada de nuestro planeta, así que para ellos carecería de importancia si las obras son de Bach, Mozart, Lennon y Mc Cartney o de compositores indígenas anónimos, como tampoco sería trascendental para ellos si son obras de los siglos XVI o  XX. Creo que lo importante es escuchar la obra como un todo, como una sucesión de sonidos, que expresan sentimientos, estados de ánimo y ambientes  que sugieren un espectro ilimitado de imágenes. Es más, no nos vayamos al espacio exterior y a seres extraterrestres, si este disco lo escuchan niños de diferentes culturas, seguramente dirán que les gusta o no les gusta por lo que escuchan y no por el lugar en donde fue compuesta la obra o por quienes la compusieron y ejecutaron.
–Tienes razón, habría que escucharlo de otra manera, comentó mi mamá.
–Bueno, pues yo me siento muy privilegiado de haber disfrutado esta selección y de que quizá algún día seres de otros planetas reconozcan que, por lo menos en cuestiones de arte y tecnología somos bien chidos, comentó Omar, ahora que si pensamos en los objetivos terrestres, o sea gente como nosotros, no debemos dejar de admirar el hecho de que esto fue grabado a fines de los setentas, mucho antes del desarrollo de la tecnología digital, para fines no militares.
–Siempre he tenido la impresión de que la grabación de este disco fue, si no el primer paso, uno de los determinantes para llegar a los discos compactos, no nada más de audio, sino de video, aprovechó a decir mi mamá, ya que el disco incluye, además de música, sonidos como erupciones de volcanes, truenos, el canto de las ballenas y saludos en no sé cuántos idiomas, imágenes que muestran nuestra posición en el universo y fotografías de lo mejor del mundo, entre las que hay individuos y familias de diferentes grupos étnicos y culturas, así como de los diferentes ecosistemas terrestres.
–Mucha gente ignora que muchos aparatos, objetos y materiales cotidianos han surgido durante la carrera especial, mencionó Omar.
–Uno de ellos es el Tang, dijo Mariana como para no quedarse atrás.
–Ahora que lo mencionas, ¿qué tal si nos echamos unos taquitos y un Tang, se me acaba de antojar, dije.
–Bien por los tacos, pero aquí no estamos en el espacio y sería pecado tomar bebidas artificiales cuando puedes exprimir unas naranjas y preparar un agüita fresca, sugirió mi papá.

–¡Ay no, si quieres agua fresca, la preparas tú. Yo ayudo con los tacos, dije.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Carl Sagan. Una estrella que brilla con mensajes de paz


En el Valle de las Sombras*
¿Es, pues, cierto o sólo vana fantasía?
Eurípides, Yone, hacia el 410 a. de C.

Seis veces hasta ahora he visto la Muerte cara a cara, y otras tantas ella ha desviado la mirada y me ha dejado pasar. Algún día, desde luego, la Muerte me reclamará, como hace con cada uno de nosotros. Es sólo cuestión de cuándo y de cómo. He aprendido mucho de nuestras confrontaciones, sobre todo acerca de la belleza y la dulce acrimonia de la vida, del valor de los amigos y la familia y del poder transformador del amor.

De hecho, estar casi a punto de morir es una experiencia tan positiva y fortalecedora del carácter que yo la recomendaría a cualquiera, si no fuese por el obvio elemento, esencial e irreductible, de riesgo. Me gustaría creer que cuando muera seguiré viviendo, que alguna parte de mí continuará pensando, sintiendo y recordando. Sin embargo, a pesar de lo mucho que quisiera creerlo y de las antiguas tradiciones culturales de todo el mundo que afirman la existencia de otra vida, nada me indica que tal aseveración pueda ser algo más que un anhelo.

Deseo realmente envejecer junto a Annie, mi mujer, a quien tanto quiero. Deseo ver crecer a mis hijos pequeños y desempeñar un papel en el desarrollo de su carácter y de su intelecto. Deseo conocer a nietos todavía no concebidos. Hay problemas científicos de cuyo desenlace ansío ser testigo, como la exploración de muchos de los mundos de nuestro sistema solar y la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta. Deseo saber cómo se desenvolverán algunas grandes tendencias de la historia humana, tanto esperanzadoras como inquietantes, los peligros y promesas de nuestra tecnología, por ejemplo, la emancipación de las mujeres, la creciente ascensión política, económica y tecnológica de China, el vuelo interestelar.

De haber otra vida, fuera cual fuere el momento de mi muerte, podría satisfacer la mayor parte de estos deseos y anhelos, pero si la muerte es sólo dormir, sin soñar ni despertar, se trata de una vana esperanza. Tal vez esta perspectiva me haya proporcionado una pequeña motivación adicional para seguir con vida. El mundo es tan exquisito, posee tanto amor y tal hondura moral, que no hay motivo para engañarnos con bellas historias respaldadas por escasas evidencia. Me parece mucho mejor mirar cara a cara la Muerte en nuestra vulnerabilidad y agradecer cada día las oportunidades breves y magníficas que brinda la vida. Durante años, cerca del espejo ante el que me afeito, he conservado, para verla cada mañana, una tarjeta postal enmarcada. Al dorso hay un mensaje a lápiz para un tal James Day, de Swansen Valley, Gales, dice sí:
Querido amigo:
Sólo una líneas para decirte que estoy vivo y coleando y que lo paso en grande. Es magnífico.
Afectuosamente,
WJR
Está firmada con las iniciales casi indescifrables de alguien llamado William John Rogers. En el anverso hay una foto en color de una espléndida nave de cuatro chimeneas y la mención "Transatlántico Titanic de la White Star". El matasellos lleva la fecha del día anterior a aquel en el que el gran barco se hundió llevándose consigo más de 1,500 vidas, incluida la del tal Rogers. Annie y yo tenemos a la vista la tarjeta postal por una razón. Sabemos que "pasarlo en grande" puede ser un estado de lo más provisional e ilusorio. Así nos sucedió.

Disfrutábamos de una aparente buena salud, nuestros hijos crecían, escribíamos libros, habíamos emprendido nuevos y ambiciosos proyectos para la televisión y el cine, pronunciábamos conferencias y yo seguía consagrado a la más atrayente investigación científica Una mañana de finales de 1994, de pie junto a la tarjeta enmarcada, Annie advirtió que no había desaparecido de mi brazo una fea mancha de color negro azulado que llevaba ahí muchas semanas. "¿Por qué sigue ahí?", preguntó. Ante su insistencia, y un tanto de mala gana (las manchas negro azuladas no pueden ser graves, ¿verdad?, fui al médico para que me hiciese un análisis de sangre...

*Capítulo 19, del libro Miles de millones. Pensamientos de vida y muerte en la antesala del milenio, España, SineQuaNon, 1998

Cliquear en el enlace para seguir leyendo el capítulo y el libro completo, que por suerte, alguien subió a Scribd.


Carl Sagan, Brooklyn, Nueva York, 9 de noviembre de 1934-Seattle, 20 de diciembre de 1996.

Carl Sagan es, sin duda, uno de los seres humanos más extraordinarios de la historia. Científico, divulgador de la ciencia, gran comunicador, escritor, amante esposo y padre,  sensible a todas las manifestaciones del arte. Legó grandes obras en diferentes soportes y dirigidas a tantos públicos que estoy segura su luz, palabras, ideas, anhelos y amor a la vida, viajan en el cosmos con la esperanza de que la humanidad y seres inteligentes de otros mundos se impregnen de ellas y construyan mundos en donde haya lugar para el amor, la capacidad de asombro, la creación y la paz.


 


jueves, 19 de agosto de 2010

A 33 años del lanzamiento de las naves Voyager y su mensaje a seres inteligentes

 Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del VOYAGER
Carl Sagan, F.D. Drake, Ann Druyan, Timothy Ferris,
Jon Lonberg  y Linda Salzman Sagan
México, Planeta, 1978

Todos tenemos en nuestros libreros dos o tres títulos (o más) que en mayor o menor medida han influido en nuestras vidas. Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del Voyager, es uno de los que encabeza mi lista y ahora, a propósito del trigésimo tercer aniversario del lanzamiento de las naves Voyager, deseo compartir con los visitantes de esta Aldea unas líneas del que considero el más ambicioso y honesto proyecto de comunicación emprendido hasta el momento, dirigido a extraterrestres pero que tiene en los humanos a sus primeros y quizá únicos receptores. En el prefacio leemos:
El 20 de agosto y el 5 de septiembre de 1977 fueron lanzadas a las estrellas dos extraordinarias naves espeaciales. Estos vehículos del espacio, después de haber llevado a cabo una exploración que promete ser detallada y realmente espectacular del sistema solar exterior desde Júpiter hasta Urano entre 1979 y 1986, abandonarán lentamente los sistemas solares convirtiéndose en emisarios de la Tierra al reino de las estrellas. Cada nave Voyager lleva adosado un disco fonográfico, de cobre recubierto de oro como mensaje para las posibles civilizaciones extraterrestres que la nave pudiera encontrar en algún lugar y tiempo remotos. Cada disco contiene 118 fotografías de nuestro planeta, de nosotros mismos y de nuestra civilización; casi 90 minutos de la mejor música del mundo; un ensayo evolucionrio en audio sobre "Los sonidos de la Tierra"; y saludos en casi sesenta idiomas humanos (y en un lenguaje de ballenas), incluyendo los del presidente de los Estados Unidos y del secretario general de las Naciones Unidas. El presente ibro, escrito por las personas directamente responsables del contenido del Disco Voyager, da cuenta de por qué lo hicimos, de cómo seleccionamos este repertorio y del contenido concreto del disco.
En el disco y por tanto en este libro el grupo de científicos se encargó de presentar la mejor cara de nuestro planeta, pues su contenido incluye imagen de ambientes relacionados con la vida familiar y laboral, el amor y la paz; la descripción del audio remite a sonidos pacíficos, desde el punto de vista de que son producidos por la naturaleza y no provocados por los seres humanos para destruir, de manera que aunque se escuchan volcanes, terremotos y truenos también hay pasos, latidos y risa. En el disco está presente la mejor voz, representada por saludos de buena fe y de una muestra de la diversidad lingüística, con mensajes grabados que van desde "Silima khemen" (Que os vaya todo bien), en sumerio hasta "Hello from the children of the planet Earth" (Hola de parte de todos los niños del planeta Tierra"), en este apartado también se incluye el canto de ballenas.

Han pasado 33 años y muchísimas cosas han cambiado. Simplemente en cuanto a tecnologías relacionadas con la información y la comunicación el desarrollo ha sido sorprendente. Para cualquier chico de la generación digital noventa minutos de música no son nada cuando puede almacenar miles y miles de canciones, fotos fijas y videos en un compacto y lindo dispositivo que ofrece teléfono, internet y sabe Dios cuántas funciones más, que pesa alrededor de doscientos gramos o menos, aunque cuesta varios miles de pesos y su duración media es de tres años. Pero para los años setenta la hazaña de producir un disco en el que se pudieran almacenar imágenes y audio fue asombrosa.

Si bien el objetivo de incluir ese mensaje en unas sondas espaciales que durante años estarían enviando información del Sistema Solar era dejar testimonio  cultural y amistoso a inteligencias extraterrestres, para que supieran del paso de la humanidad, de los habitantes de la Tierra, por este universo, Carl Sagan señalaba que un propósito más inmediato y seguro se había logrado: dejar ese mensaje a los seres (seguramente no tan inteligentes) de este tercer planeta, con respecto a nuestro Sol.
Muchos de los asesores recalcaron que la recepción del mensaje por parte de una civilización extraterrestre era como mínimo dudosa, mientras que su recepción por los habitantes de la Tierra estaba garantizada: el público tendría acceso eventualmente al contenido del mensaje, como ha sucedido, de hecho gracias a esta obra.
Imaginar la dinámica creativa del grupo liderado por Carl Sagan me parece fascinante. Habrá sido muy divertido y estresante hurgar en los archivos fonográficos y fotográficos de diversas bibliotecas e instituciones para compilar lo que llamaron la música más bella del mundo, los sonidos, saludos y las imágenes que hablaran de las maravillas de la vida terrestre, cuya biodiversidad apenas se sugiere, así como de las personas en sus relaciones familiares y laborales, en sus diferentes hábitats y de algunos de sus logros arquitectónicos. No tan divertido ni comprensible habrá sido para los científicos enfrentar la censura de la NASA , que por ejemplo, se opuso a reproducir imágenes de un hombre y una mujer desnudos.
Nuestra propuesta original a la NASA incluía esta figura de dos desnudos humanos con la intención de mostrar a los receptores cómo son nuestros cuerpos. No queríamos ser ni sexistas, ni pornográficos, ni clínicos. Después de buscar en libros de texto médicos y en libros de anatomía, elegimos esta fotografía considerándola la más inofensiva y la menos comprometida. La NASA no quiso incluirla, quizá por temor a una reacción pública adversa. Decidimos conservar la silueta de este retrato en la colección, porque pensamos que sin ella la continuidad en la secuencia de la reproducción humana quedaría interrumpida.
En fin, durante estos treinta y tres años muchas cosas han cambiado, aunque otras permanecen iguales en muchas sociedades, en cuanto a sexualidad, oscurantismo y falta de apoyo a proyectos culturales.

Para los responsables de seleccionar la música seguramente fue muy importante la presencia de compositores y géneros, a partir de sus gustos y la orientación de especialistas. Sin embargo, si seres inteligentes de otros tiempos y otros sitios muy muy lejanos tienen la oportunidad de escucharla, para sus oídos y otros sentidos involucrados en la experiencia musical carecerá de sentido saber si el autor se llamó Johann Sebastian Bach o Chuck Berry, si la pieza es renacentista, folclórica o pop.

Decía, al inicio de esta entrada, que Murmullos de la Tierra es un libro muy importante para mí por la trascendencia de su contenido desde el punto de vista de  la comunicación y porque considero a Carl Sagan uno de los seres humanos más fascinantes de la historia. De ninguna manera soy experta en su obra, pero con sólo estirar la mano y hojear alguno de sus libros encuentro poesía, ciencia, historia, amor al conocimiento y eso es muy reconfortante. El Lindero, mi primer libro publicado, está inspirado en el mensaje del Voyager. Comparto con quienes hayan llegado hasta aquí un fragmento del capítulo "En torno a la música más bella":
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La música era tan poderosa que permanecimos en silencio escuchándola, solamente se oía el ruido que hacía el estuche al pasar de mano en mano, cada vez que iniciaba una nueva pieza.

–Estarán de acuerdo que hay canciones más bonitas y representativas de México –volvió a la carga mi mamá, cuando escuchamos la sexta pieza, o sea el ya mencionado Cascabel. Nadie secundó el comentario, no sé si porque no somos expertos en música mexicana, o porque no estábamos de acuerdo. No era nada fea y por lo menos no era la clásica apología del macho mexicano, para el que la vida no vale nada y encuentra cualquier pretexto para emborracharse y echar pestes de las “pérfidas” mujeres, sin las que, sin embargo, no puede vivir.

–Para mí que el rock no estuvo tan bien representado con Johny B. Good –comentó Omar y aprovechó para preguntar ¿ma, por qué no incluyeron a los Beatles?

–Creo que no nada más los encargados de la música del Voyager estaban de acuerdo con que incluyeran Here comes the sun, sino que todos los que trabajaban en el proyecto querían que estuviera en el disco, me acuerdo que Carl Sagan dice en el libro que ya tenían la aprobación de los cuatro, pero como no eran dueños de los derechos, no quisieron  exponerse a problemas legales por una canción, que ustedes también coincidirán conmigo, tenía todos los méritos para estar entre la música más hermosa del universo.

–¿Qué te parece si te quemo una copia de este disco e incluyo la canción de los Beatles? –le preguntó Omar a mamá.

–Gracias hijo, pero no va a ser lo mismo. Pero, sí, sí es buena idea.

Mi papá comentó que la decisión de seleccionar la música más bella del planeta podría calificarse como una labor de locos y un tanto injusta pues habían quedado cientos o miles de compositores excluidos, por lo que resultaba un tanto extraño que se repitiera Bach en tres piezas y Beethoven en dos.

–Y no creo que hayan sido problemas de derechos de autor para que no estuvieran incluidos otros clásicos –completó mi mamá.

–Alguna vez escuché que todos los caminos comienzan y terminan en Mozart, dijo Omar –mientras escuchábamos la selección de este compositor.

Si alguien me hubiera dicho que una tarde la iba a dedicar a escuchar música de diferentes partes del mundo con mi familia, en la sala de la casa, no lo hubiese creído. Sin embargo, ahí estábamos, alrededor del estéreo, imaginando paisajes y situaciones que provocaban las más diversas reflexiones.

–Si yo fuera extraterrestre y me topara con una selección musical como ésta, seguro que me dirigiría a la Tierra para gozar de tanta belleza –dijo mi papá, conmovido.

–¿Si fueras extrtaterrestre? –preguntó mi mamá.

–No vayan a comenzar –sentenció Mariana e imitando la voz de Louis Armstrong, pidió que pusiéramos atención al blues que estábamos escuchando.

–¿De dónde son esas gaitas, de Asturias o Escocia? –preguntó mi papá.

–De ninguna de las dos, aquí dice que son de Azerbaidjan –leyó en voz alta Omar, quien tenía en ese momento el estuche.
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Para finalizar, el audio y las imágenes y los comentarios de los autores son dignos de disfrutarse. En cuanto a la ausencia de la música de los Beatles, misma que lamenté, como dejé evidencia en el texto anterior, Carl Sagan apuntó:
Queríamos enviar Here comes the sun de los Beatles, y los cuatro Beatles dieron su aprobación. Pero los Beatles no poseían el copyright, y la situación legal de la pieza nos pareció demasiado turbia para poder arriesgarnos a ello. En muchas ocasiones expresamos nuestra pena por no haber podido incluir a estos compositores y músicos -principalmente por motivos de tiempo y espacio- y nos imaginamos un dibujo de todos ellos reunidos en Cabo Cañaveral mirando melancólicamente cómo lanzaban el Voyager a las estrellas sin ellos.
Hay muchos videos en la red con Here comes the sun, incluyo el siguiente que me pareció muy interesante por los artistas que acompañan a George (autor y cantante) y Ringo, aunque hubiera preferido para esta entrada uno en donde apareciaran también John y Paul interpretándola...

No lo encontré en ese universo llamado YouTube pero disfrutar esta versión es un lujo.