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lunes, 4 de septiembre de 2017

Aniversario 40 del lanzamiento de las naves Voyager


Porque el gesto de alargar una mano a través de los siglos,
de abrazar a nuestros descendientes y a nuestra posteridad
tenía algo de elegante y muy humano.
Carl Sagan 

Mañana 5 de septiembre se cumplen 40 años del lanzamiento de la nave Voyager 1. La Voyager 2 fue lanzada días antes, el 20 de agosto de 1977. Mi humilde homenaje a una de las obras maestras de la ciencia, la técnica,  la tecnología y el arte fue la escritura de mi primera obra de ficción, la cual tuvo la fortuna de ser seleccionada para su publicación por el jurado del Premio Gran Angular 2003.

Para celebrar el lanzamientos de estas dos naves, de las cuales hemos recibido información preciosa sobre nuestro sistema solar y un poco más allá, comparto un capítulo del libro, en el cual los nuevos habitantes de El Lindero escuchan la selección musical con que el equipo de científicos de las más diversas disciplinas, liderado por Carl Sagan, presentan a la humanidad de este pálido punto azul.

En mi optimismo ingenuo creo que si los llamados líderes mundiales y gobernantes de poca monta que, sin embargo hacen mucho daño, dedicaran unas horas a conocer la obra de Carl Sagan pensarían un poco antes de lanzarse a proyectos depredadores y a aventuras que ponen en riesgo la vida en el planeta. No lo harán, lo sé, lo único que los mueve es el aquí y ahora de ellos y sus reducidos grupos. En fin.

En torno a la música más bella

Omar entró a mi cuarto el otro día para buscar unos CDs. Vio la caja que encontré junto a la maleta de la cápsula del tiempo y se sorprendió al toparse con un estuche que contenía la obra titulada Murmurs of Earth. Casi sin aliento, salió corriendo para preguntarnos si ya habíamos visto estos discos.
–¡Es la música del Voyager!, contestó precipitadamente mi mamá, quien desde hace muchos años es fan de Carl Sagan y siempre se había lamentado no haber conseguido la música que se fue como parte del mensaje preparado como nuestra carta de presentación ante extraterrestres de lejanos lugares y tiempos futuros. El libro editado en español, bajo el título de Murmullos de la Tierra. El mensaje interestelar del Voyager, era uno de sus favoritos.
–¿Estaba con la famosa cápsula del tiempo?, preguntó Mariana.
–Lo encontré en la caja de CDs y cuadernos que se apañó Sara, contestó Omar.
–¡Yo la encontré! Además creo que a nadie le ha importado mucho. Nada más cuando vimos el video de la familia mi mamá se conmovió, pero al otro día nadie quería saber nada del asunto.
–Oye, realmente me conmovió que esta familia se hubiera tomado tantas molestias para nada.
–¿Crees que sea para nada, no crees que esto realmente nos podría ayudar a ser mejores como familia?, le pregunté.
–¿Seremos mejores por habernos quedado con objetos y secretos de otra familia?, preguntó Omar.
–Yo no digo eso, a lo que me refiero es que si conocemos el contenido, investigamos un poco más sobre la familia, podríamos aprovechar sus experiencias para ser mejores, es como para los países que tienen que aprender de la historia para no cometer los mismos errores y progresar. He llegado a pensar que tal vez debamos ponernos en contacto con ellos para decirles que enterramos su cápsula del tiempo y que ellos dejen dicho a sus herederos que dentro de 48 años pueden venir a rescatarla...
–Te está afectando mucho la capsulita, dijo Mariana. Creo que fue un intento agradable de una familia, a la que le sobraba tiempo, de hacer algo original, pero al haberla dejado en el cuarto de servicio demostraron que no tenían la intención de enterrarla.
–Además, por lo bien hecho del video, dudo que no tengan por lo menos una copia, agregó Omar.
–Bueno, ¿pero qué tiene que ver este disco con la cápsula del tiempo?, preguntó mi papá, quien nada más observaba la discusión.
–Gregorio, el hijo mayor de Montserrat es astrónomo y está trabajando o ya debe haber terminado, con su equipo de trabajo, una evaluación de los primeros 25 años de las naves Voyager.
–¡Wow!, entonces está trabajando en la NASA o en el SETI, aprovechó mi mamá para presumir sus conocimientos del tema.
–En su autobiografía no dice con qué institución estaba haciendo la investigación. Sólo menciona a algunos astrónomos mexicanos, como a tu amiga Julieta Fierro, y el hecho de estar involucrado en este proyecto, lo cual lo hacía muy feliz.
–Ojalá Julieta fuera mi amiga, varias veces la entrevisté, pero desde que cambié de trabajo no la he vuelto a ver.
¿Qué más dice el galán en su biografía?, preguntó Mariana.
–Que a sus 30 años sigue soltero, por si te interesa. Y que además ya quiere tener hijitos para que puedan leer su cápsula del tiempo.
–Es un perdedor, dijo Omar, bromeando.
–Si para ti un perdedor es un cuate que trabaja en lo que le gusta y que además se ha divertido durante toda su vida, entonces sí, seguro es un perdedor. Es curioso ver que comienza su rollo diciendo que siempre ha sido un desmoche y les revela a sus nietos y bisnietos “virtuales” que algunas veces se ha emborrachado y la ha regado en varias ocasiones.
–Como si eso fuera motivo de presunción, reprochó mi papá.
–¡Ay sí!, como si emborracharse algunas veces quisiera decir que los chavos se vuelven alcohólicos y perdedores, reclamó Omar, quien ya había tenido una o dos experiencias secretas en el terreno de los excesos con el alcohol.
–Pero tampoco es para jactarse...
–¡Ay ya van a comenzar con la moralina!, dijo Mariana
–¿Por qué mejor no escuchamos la música del Voyager, dijo mi mamá, para cortar la discusión.
Cuando leímos el contenido nos dimos cuenta que todas las piezas occidentales son ampliamente conocidas, pero de la música oriental todo estaba en chino, bueno en chino, javanés, senegalés...
Mi mamá se sentía toda una experta en el tema, pero no quiso aventurar ninguna afirmación sobre la música, sin tener el libro en la mano. Esto nos salvó de una sesión de lectura, ya que todavía no desempacaba todas las cajas de sus libros, así que prometió que tan pronto lo encontrara podíamos combinar la lectura de la explicación de la música seleccionada, mientras la escuchábamos. Lo único que sí dijo tajantemente es que no estaba tan de acuerdo con que El cascabel fuera la pieza mexicana más bonita y representativa, habiendo obras como Huapango, pero bueno, los musicólogos tuvieron la palabra y finalmente debe valorarse más el honor de que la música mexicana estuvo contemplada, como parte de la más bella del mundo, sobre todo pensando que muchos países quedaron excluidos.
Pusimos el disco.
El primero en aparecer fue Bach, comenzamos a escuchar el Concierto de Brandeburgo número dos y la piel se nos hizo de gallina.
–Cuando cayó el muro de Berlín, seguro Carl Sagan recordó los motivos para incluir esta obra como la primera del disco, susurró mamá.
–¡Es maravillosa!, aunque yo prefiero el número cuatro, dijo mi papá en voz muy baja.
La música era tan poderosa que permanecimos en silencio escuchándola, solamente se oía el ruido que hacía el estuche al pasar de mano en mano, cada vez que iniciaba una nueva pieza.
–Estarán de acuerdo que hay canciones más bonitas y representativas de México, volvió a la carga mi mamá, cuando escuchamos la sexta pieza, o sea el ya mencionado Cascabel. Nadie secundó el comentario, no sé si porque no somos expertos en música mexicana, o porque no estábamos de acuerdo. No era nada fea y por lo menos no era la clásica apología del macho mexicano, para el que la vida no vale nada y encuentra cualquier pretexto para emborracharse y echar pestes de las “pérfidas” mujeres, sin las que, sin embargo, no puede vivir.
–Para mí que el rock no estuvo tan bien representado con Johny B. Goode, comentó Omar y aprovechó para preguntar ¿ma, por qué no incluyeron a los Beatles?
–Creo que no nada más los encargados de la música del Voyager estaban de acuerdo con que incluyeran Here comes the sun, sino que todos los que trabajaban en el proyecto querían que estuviera en el disco, me acuerdo que Carl Sagan dice en el libro que ya tenían la aprobación de los cuatro, pero como no eran dueños de los derechos, no quisieron  exponerse a problemas legales por una canción, que ustedes también coincidirán conmigo, tenía todos los méritos para estar entre la música más hermosa del universo.
–¿Qué te parece si te quemo una copia de este disco e incluyo la canción de los Beatles?, le preguntó Omar a mamá.
–Gracias hijo, pero no va a ser lo mismo. Pero, sí, sí es buena idea.
Mi papá comentó que la decisión de seleccionar la música más bella del planeta podría calificarse como una labor de locos y un tanto injusta pues habían quedado cientos o miles de compositores excluidos, por lo que resultaba un tanto extraño que se repitiera Bach en tres piezas y Beethoven en dos.
–Y no creo que hayan sido problemas de derechos de autor para que no estuvieran incluidos otros clásicos, completó mi mamá.
–Alguna vez escuché que todos los caminos comienzan y terminan en Mozart, dijo Omar, mientras escuchábamos la selección de este compositor.
Si alguien me hubiera dicho que una tarde la iba a dedicar a escuchar música de diferentes partes del mundo con mi familia, en la sala de la casa, no lo hubiese creído. Sin embargo, ahí estábamos, alrededor del estéreo, imaginando paisajes y situaciones que provocaban las más diversas reflexiones.
–Si yo fuera extraterrestre y me topara con una selección musical como ésta, seguro que me dirigiría a la Tierra para gozar de tanta belleza, dijo mi papá, conmovido.
–¿Si fueras extraterrestre?, preguntó mi mamá.
–No vayan a comenzar, sentenció Mariana e imitando la voz de Louis Armstrong, pidió que pusiéramos atención al blues que estábamos escuchando.
–¿De dónde son esas gaitas, de Asturias o Escocia?, preguntó mi papá.
–De ninguna de las dos, aquí dice que son de Azerbaiyán, leyó en voz alta Omar, quien tenía en ese momento el estuche.
La velada estaba resultando deliciosa, pocas veces o tal vez nunca nos habíamos reunido los cinco sin que hubiera una televisión o una mesa llena de comida frente a nosotros.
Lo que al principio había querido ser solemne poco a poco iba siendo más cálido, creo que esta música lograba su objetivo, despertar la imaginación de los escuchas a partir de la información que manejábamos, alguna muy estereotipada y otra más o menos concreta, por lo significativa que era para nosotros.
–¿Cómo recibirían este disco los extraterrestres que no sabían nada de nosotros y que quizá no compartirían cualidades físicas con nosotros?, me atreví a preguntar.
–Y dale con los estereotipos, seguro que estás imaginando a ET o a las criaturas de la Guerra de las Galaxias, me molestó Omar.
–No tengo la culpa de que cuando pienso en extraterrestres aparezcan criaturas como los de Marcianos al ataque o los del Día de la Independencia, me defendí.
–Yo preferiría que fueran como el chavo de Roswell, dijo Mariana, para seguir molestándome.
–¿Cómo serán?, nunca lo sabremos, si hay vida en otros planetas, que seguro sí la hay, está a millones de años luz. Pero creo que es más importante que no nos dejemos llevar por los estereotipos, cosa que hacemos cotidianamente, cuando pensamos en los diferentes pueblos de este mundo, dijo mi mamá. Cuando se piensa en África, por ejemplo, siempre salen a relucir los miembros de algunas tribus nómadas que mantienen sus tradiciones de caza y recolección, sin que eso de ninguna manera esté mal, pero deberíamos también pensar en grandes ciudades africanas, en donde se registran desarrollos científicos sorprendentes, recordemos que en Sudáfrica se llevó a cabo el primer trasplante de corazón, o que en Alejandría se erige la más ambiciosa, avanzada, hermosa y completa biblioteca.
 –Hay que recordar cómo nos sentimos nosotros, agregó mi papá, cuando otros piensan en México, y nos ven como tipos flojos envueltos en un sarape, con una botella de tequila en la mano y durmiendo recargados en un nopal.
–Me acuerdo que una vez un noruego con el que chateaba me preguntó ¿qué otra cosa hacíamos los mexicanos para divertirnos además de beber tequila?, completó la idea Mariana.
Dejamos la plática para seguir escuchando, pero sí es cierto, me choca que casi siempre que hay escenas de México en el cine y la televisión se maneja ese famoso y denigrante estereotipo que el cine hollywoodense se encargó de difundir, para muchos somos variantes de la caricatura de Speedy González, además de  malvivientes y tramposos. Y ni qué decir de la música, siempre musicalizan con pasos dobles u otros géneros españoles en lugar de incluir ritmos y sonidos más nuestros.
El disco me hacía pensar muchas cosas, cuando escuché la pieza de los indios navajos, no pude reprimir un comentario.
–¡Ay sí!, esos gringos primero los exterminan, les quitan sus tierras y luego los mandan a reservaciones, pero cuando se trata de presumir que sí tienen raíces, exhiben a sus indios como si estuvieran muy orgullosos de ellos. Aunque por desgracia ése no es un fenómeno exclusivo de los gringos, aquí en México el problema con la población indígena es brutal, pero es aprovechado para que políticos de diferentes tendencias lleven agua a su molino, al mencionarlos en sus acartonados discursos.
La música seguía fluyendo, pero yo me quedé pensando en la cuestión de los indígenas. Creo que mi mamá tiene razón de molestarse cuando escucha a los políticos que afirman que los indígenas son los verdaderos mexicanos ¿y nosotros qué, somos de a mentiritas? Ellos y nosotros somos mexicanos de verdad, con toda la diversidad física y cultural que existe en un país tan grande como el nuestro y con las experiencias históricas que no podemos negar, como la conquista y el inicio de lo mexicano a partir de ese “encuentro”. Yo no sé por qué en México se insiste tanto en seguir sintiéndonos víctimas de la violencia de la conquista, cuando ya pasaron más de 500 años. Hay que estar orgullosos de que tenemos raíces tan bien plantadas, con las que debemos crecer y ser mejores, ojalá ya nos quitáramos de tonterías y aprendiéramos unos de otros, sin que nadie se sienta superior o inferior. Además hay que tener presente que todos los pueblos en menor o mayor medida han sufrido la opresión de los conquistadores, nada más habría que tener presente la presencia por siglos de los moros en España. Ojalá se acaben las invasiones de una vez por todas.  Bueno ya divagué mucho, ¿qué estará pensando Omar? Seguro le hubiese gustado que estuvieran incluidos los Rolling o Nirvana o U2, bueno, estos dos últimos no porque son más recientes.
Otra pieza de Perú,  Se me hace que había un peruano en el equipo de musicólogos del proyecto Voyager, ¡qué padre!, si Gregorio ya hubiera sido astrónomo en esa fecha seguro hubiera hecho hasta lo imposible para formar parte del equipo que trabajó con Carl Sagan. ¿Qué onda Gregorio, en dónde estás? Nosotros aquí escuchando tu disco. Me gustaría conocerte, en persona, porque ya sé muchas cosas de ti y me caes bien.
Al finalizar el disco, con un cuarteto para cuerdas de Beethoven, todos seguíamos pegados a los sillones. No lo podíamos creer. Habíamos pasado casi dos horas juntos y ni nos habíamos molestado, bueno no mucho, ni dormido, como cuando mi papá comienza a ver una película con nosotros.
–Esto fue todo un logro, dijo mi papá.
–¿Que estuviéramos juntos una noche?, preguntó mi mamá.
–Bueno sí, pero me refiero a la grabación del disco. Esta música es extraordinaria, debe haber sido muy difícil haber llegado a esta selección.
–Sin duda fue todo un logro, comentó Mariana, pero creo que cometimos graves errores al escuchar este disco de la forma en que lo hicimos.
–¿A qué te refieres?, preguntó mi mamá.
–Este disco está pensado en seres que, por lo menos en teoría, no conocen absolutamente nada de nuestro planeta, así que para ellos carecería de importancia si las obras son de Bach, Mozart, Lennon y Mc Cartney o de compositores indígenas anónimos, como tampoco sería trascendental para ellos si son obras de los siglos XVI o  XX. Creo que lo importante es escuchar la obra como un todo, como una sucesión de sonidos, que expresan sentimientos, estados de ánimo y ambientes  que sugieren un espectro ilimitado de imágenes. Es más, no nos vayamos al espacio exterior y a seres extraterrestres, si este disco lo escuchan niños de diferentes culturas, seguramente dirán que les gusta o no les gusta por lo que escuchan y no por el lugar en donde fue compuesta la obra o por quienes la compusieron y ejecutaron.
–Tienes razón, habría que escucharlo de otra manera, comentó mi mamá.
–Bueno, pues yo me siento muy privilegiado de haber disfrutado esta selección y de que quizá algún día seres de otros planetas reconozcan que, por lo menos en cuestiones de arte y tecnología somos bien chidos, comentó Omar, ahora que si pensamos en los objetivos terrestres, o sea gente como nosotros, no debemos dejar de admirar el hecho de que esto fue grabado a fines de los setentas, mucho antes del desarrollo de la tecnología digital, para fines no militares.
–Siempre he tenido la impresión de que la grabación de este disco fue, si no el primer paso, uno de los determinantes para llegar a los discos compactos, no nada más de audio, sino de video, aprovechó a decir mi mamá, ya que el disco incluye, además de música, sonidos como erupciones de volcanes, truenos, el canto de las ballenas y saludos en no sé cuántos idiomas, imágenes que muestran nuestra posición en el universo y fotografías de lo mejor del mundo, entre las que hay individuos y familias de diferentes grupos étnicos y culturas, así como de los diferentes ecosistemas terrestres.
–Mucha gente ignora que muchos aparatos, objetos y materiales cotidianos han surgido durante la carrera especial, mencionó Omar.
–Uno de ellos es el Tang, dijo Mariana como para no quedarse atrás.
–Ahora que lo mencionas, ¿qué tal si nos echamos unos taquitos y un Tang, se me acaba de antojar, dije.
–Bien por los tacos, pero aquí no estamos en el espacio y sería pecado tomar bebidas artificiales cuando puedes exprimir unas naranjas y preparar un agüita fresca, sugirió mi papá.

–¡Ay no, si quieres agua fresca, la preparas tú. Yo ayudo con los tacos, dije.

jueves, 24 de febrero de 2011

El Lindero, en el estand de Ediciones SM de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería

Ahora que vayas a comprar El Lindero (de venta en los estands 422 y 423, de Ediciones SM), no olvides visitar toda la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, ubicada en Tacuba Núm. 5, en el Centro Histórico.
Consulta el plano de expositores dando clic aquí.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El Lindero, de María Eugenia Mendoza Arrubarrena. 4a. reimpresión

El Lindero
María Eugenia Mendoza Arrubarrena
México, Ediciones SM, Colección Gran Angular
4a. reimpresión

Hace siete años Ediciones SM publicó El Lindero, mi primera obra de narrativa, responsable de mi incursión en el mundo de la escritura y la edición.

La semana pasada la editorial me envió los ejemplares que por contrato me corresponden cada que hay una reimpresión de la obra. Estos vienen con los ajustes en la portada y contraportada, correspondientes a la Colección Gran Angular (El logo en la esquina inferior izquierda) y el nuevo diseño de la cuarta de forros, en donde aparece la actualización de mi semblanza.

En estos siete años, además de hacerme sentir muy añeja, al leer mi fecha de nacimiento, algunas cosas han cambiado.  En la versión anterior decía que soy egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Debido a que me titulé en 2006, después de 20 años de concluida la carrera de la UNAM, cuando María Cristina Vargas, editora de LIJ en SM, me preguntó si quería modificar la semblanza consideré pertinente señalar que soy licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. En estos años no me he dedicado a la publicidad ni he hecho radio, como hasta 2003, aunque espero volver a estar frente al micrófono de una radiodifusora. Por fortuna he incursionado en ámbitos de la educación y la comunicación que me encantan, como el mundo bloguer. Otro aspecto que me pareció importante incluir en las líneas destinadas al ego de la autora fue el relacionado con la autoría de Peligro en la Aldea de las Letras, obra seleccionada por el Programa Nacional de Lectura 2009-2010, pues como  autora y editora de este libro, que se haya convertido en un Libro del Rincón, ha sido un gran honor.

Ahora que veo la renovada cara de El Lindero y recuerdo la emoción que sentí al tener por primera vez en mis manos un libro escrito por mí, hago a un lado la timidez e invito a los maestros que han trabajado con el libro en las aulas (gracias a la promoción de la fuerza de ventas de la editorial), que sigan haciéndolo y a quienes se topen con él en una feria del libro o librería, incluso en una librería de viejo, que le den una oportunidad, estoy segura de que les gustará, como a mí.

jueves, 19 de agosto de 2010

A 33 años del lanzamiento de las naves Voyager y su mensaje a seres inteligentes

 Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del VOYAGER
Carl Sagan, F.D. Drake, Ann Druyan, Timothy Ferris,
Jon Lonberg  y Linda Salzman Sagan
México, Planeta, 1978

Todos tenemos en nuestros libreros dos o tres títulos (o más) que en mayor o menor medida han influido en nuestras vidas. Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del Voyager, es uno de los que encabeza mi lista y ahora, a propósito del trigésimo tercer aniversario del lanzamiento de las naves Voyager, deseo compartir con los visitantes de esta Aldea unas líneas del que considero el más ambicioso y honesto proyecto de comunicación emprendido hasta el momento, dirigido a extraterrestres pero que tiene en los humanos a sus primeros y quizá únicos receptores. En el prefacio leemos:
El 20 de agosto y el 5 de septiembre de 1977 fueron lanzadas a las estrellas dos extraordinarias naves espeaciales. Estos vehículos del espacio, después de haber llevado a cabo una exploración que promete ser detallada y realmente espectacular del sistema solar exterior desde Júpiter hasta Urano entre 1979 y 1986, abandonarán lentamente los sistemas solares convirtiéndose en emisarios de la Tierra al reino de las estrellas. Cada nave Voyager lleva adosado un disco fonográfico, de cobre recubierto de oro como mensaje para las posibles civilizaciones extraterrestres que la nave pudiera encontrar en algún lugar y tiempo remotos. Cada disco contiene 118 fotografías de nuestro planeta, de nosotros mismos y de nuestra civilización; casi 90 minutos de la mejor música del mundo; un ensayo evolucionrio en audio sobre "Los sonidos de la Tierra"; y saludos en casi sesenta idiomas humanos (y en un lenguaje de ballenas), incluyendo los del presidente de los Estados Unidos y del secretario general de las Naciones Unidas. El presente ibro, escrito por las personas directamente responsables del contenido del Disco Voyager, da cuenta de por qué lo hicimos, de cómo seleccionamos este repertorio y del contenido concreto del disco.
En el disco y por tanto en este libro el grupo de científicos se encargó de presentar la mejor cara de nuestro planeta, pues su contenido incluye imagen de ambientes relacionados con la vida familiar y laboral, el amor y la paz; la descripción del audio remite a sonidos pacíficos, desde el punto de vista de que son producidos por la naturaleza y no provocados por los seres humanos para destruir, de manera que aunque se escuchan volcanes, terremotos y truenos también hay pasos, latidos y risa. En el disco está presente la mejor voz, representada por saludos de buena fe y de una muestra de la diversidad lingüística, con mensajes grabados que van desde "Silima khemen" (Que os vaya todo bien), en sumerio hasta "Hello from the children of the planet Earth" (Hola de parte de todos los niños del planeta Tierra"), en este apartado también se incluye el canto de ballenas.

Han pasado 33 años y muchísimas cosas han cambiado. Simplemente en cuanto a tecnologías relacionadas con la información y la comunicación el desarrollo ha sido sorprendente. Para cualquier chico de la generación digital noventa minutos de música no son nada cuando puede almacenar miles y miles de canciones, fotos fijas y videos en un compacto y lindo dispositivo que ofrece teléfono, internet y sabe Dios cuántas funciones más, que pesa alrededor de doscientos gramos o menos, aunque cuesta varios miles de pesos y su duración media es de tres años. Pero para los años setenta la hazaña de producir un disco en el que se pudieran almacenar imágenes y audio fue asombrosa.

Si bien el objetivo de incluir ese mensaje en unas sondas espaciales que durante años estarían enviando información del Sistema Solar era dejar testimonio  cultural y amistoso a inteligencias extraterrestres, para que supieran del paso de la humanidad, de los habitantes de la Tierra, por este universo, Carl Sagan señalaba que un propósito más inmediato y seguro se había logrado: dejar ese mensaje a los seres (seguramente no tan inteligentes) de este tercer planeta, con respecto a nuestro Sol.
Muchos de los asesores recalcaron que la recepción del mensaje por parte de una civilización extraterrestre era como mínimo dudosa, mientras que su recepción por los habitantes de la Tierra estaba garantizada: el público tendría acceso eventualmente al contenido del mensaje, como ha sucedido, de hecho gracias a esta obra.
Imaginar la dinámica creativa del grupo liderado por Carl Sagan me parece fascinante. Habrá sido muy divertido y estresante hurgar en los archivos fonográficos y fotográficos de diversas bibliotecas e instituciones para compilar lo que llamaron la música más bella del mundo, los sonidos, saludos y las imágenes que hablaran de las maravillas de la vida terrestre, cuya biodiversidad apenas se sugiere, así como de las personas en sus relaciones familiares y laborales, en sus diferentes hábitats y de algunos de sus logros arquitectónicos. No tan divertido ni comprensible habrá sido para los científicos enfrentar la censura de la NASA , que por ejemplo, se opuso a reproducir imágenes de un hombre y una mujer desnudos.
Nuestra propuesta original a la NASA incluía esta figura de dos desnudos humanos con la intención de mostrar a los receptores cómo son nuestros cuerpos. No queríamos ser ni sexistas, ni pornográficos, ni clínicos. Después de buscar en libros de texto médicos y en libros de anatomía, elegimos esta fotografía considerándola la más inofensiva y la menos comprometida. La NASA no quiso incluirla, quizá por temor a una reacción pública adversa. Decidimos conservar la silueta de este retrato en la colección, porque pensamos que sin ella la continuidad en la secuencia de la reproducción humana quedaría interrumpida.
En fin, durante estos treinta y tres años muchas cosas han cambiado, aunque otras permanecen iguales en muchas sociedades, en cuanto a sexualidad, oscurantismo y falta de apoyo a proyectos culturales.

Para los responsables de seleccionar la música seguramente fue muy importante la presencia de compositores y géneros, a partir de sus gustos y la orientación de especialistas. Sin embargo, si seres inteligentes de otros tiempos y otros sitios muy muy lejanos tienen la oportunidad de escucharla, para sus oídos y otros sentidos involucrados en la experiencia musical carecerá de sentido saber si el autor se llamó Johann Sebastian Bach o Chuck Berry, si la pieza es renacentista, folclórica o pop.

Decía, al inicio de esta entrada, que Murmullos de la Tierra es un libro muy importante para mí por la trascendencia de su contenido desde el punto de vista de  la comunicación y porque considero a Carl Sagan uno de los seres humanos más fascinantes de la historia. De ninguna manera soy experta en su obra, pero con sólo estirar la mano y hojear alguno de sus libros encuentro poesía, ciencia, historia, amor al conocimiento y eso es muy reconfortante. El Lindero, mi primer libro publicado, está inspirado en el mensaje del Voyager. Comparto con quienes hayan llegado hasta aquí un fragmento del capítulo "En torno a la música más bella":
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La música era tan poderosa que permanecimos en silencio escuchándola, solamente se oía el ruido que hacía el estuche al pasar de mano en mano, cada vez que iniciaba una nueva pieza.

–Estarán de acuerdo que hay canciones más bonitas y representativas de México –volvió a la carga mi mamá, cuando escuchamos la sexta pieza, o sea el ya mencionado Cascabel. Nadie secundó el comentario, no sé si porque no somos expertos en música mexicana, o porque no estábamos de acuerdo. No era nada fea y por lo menos no era la clásica apología del macho mexicano, para el que la vida no vale nada y encuentra cualquier pretexto para emborracharse y echar pestes de las “pérfidas” mujeres, sin las que, sin embargo, no puede vivir.

–Para mí que el rock no estuvo tan bien representado con Johny B. Good –comentó Omar y aprovechó para preguntar ¿ma, por qué no incluyeron a los Beatles?

–Creo que no nada más los encargados de la música del Voyager estaban de acuerdo con que incluyeran Here comes the sun, sino que todos los que trabajaban en el proyecto querían que estuviera en el disco, me acuerdo que Carl Sagan dice en el libro que ya tenían la aprobación de los cuatro, pero como no eran dueños de los derechos, no quisieron  exponerse a problemas legales por una canción, que ustedes también coincidirán conmigo, tenía todos los méritos para estar entre la música más hermosa del universo.

–¿Qué te parece si te quemo una copia de este disco e incluyo la canción de los Beatles? –le preguntó Omar a mamá.

–Gracias hijo, pero no va a ser lo mismo. Pero, sí, sí es buena idea.

Mi papá comentó que la decisión de seleccionar la música más bella del planeta podría calificarse como una labor de locos y un tanto injusta pues habían quedado cientos o miles de compositores excluidos, por lo que resultaba un tanto extraño que se repitiera Bach en tres piezas y Beethoven en dos.

–Y no creo que hayan sido problemas de derechos de autor para que no estuvieran incluidos otros clásicos –completó mi mamá.

–Alguna vez escuché que todos los caminos comienzan y terminan en Mozart, dijo Omar –mientras escuchábamos la selección de este compositor.

Si alguien me hubiera dicho que una tarde la iba a dedicar a escuchar música de diferentes partes del mundo con mi familia, en la sala de la casa, no lo hubiese creído. Sin embargo, ahí estábamos, alrededor del estéreo, imaginando paisajes y situaciones que provocaban las más diversas reflexiones.

–Si yo fuera extraterrestre y me topara con una selección musical como ésta, seguro que me dirigiría a la Tierra para gozar de tanta belleza –dijo mi papá, conmovido.

–¿Si fueras extrtaterrestre? –preguntó mi mamá.

–No vayan a comenzar –sentenció Mariana e imitando la voz de Louis Armstrong, pidió que pusiéramos atención al blues que estábamos escuchando.

–¿De dónde son esas gaitas, de Asturias o Escocia? –preguntó mi papá.

–De ninguna de las dos, aquí dice que son de Azerbaidjan –leyó en voz alta Omar, quien tenía en ese momento el estuche.
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Para finalizar, el audio y las imágenes y los comentarios de los autores son dignos de disfrutarse. En cuanto a la ausencia de la música de los Beatles, misma que lamenté, como dejé evidencia en el texto anterior, Carl Sagan apuntó:
Queríamos enviar Here comes the sun de los Beatles, y los cuatro Beatles dieron su aprobación. Pero los Beatles no poseían el copyright, y la situación legal de la pieza nos pareció demasiado turbia para poder arriesgarnos a ello. En muchas ocasiones expresamos nuestra pena por no haber podido incluir a estos compositores y músicos -principalmente por motivos de tiempo y espacio- y nos imaginamos un dibujo de todos ellos reunidos en Cabo Cañaveral mirando melancólicamente cómo lanzaban el Voyager a las estrellas sin ellos.
Hay muchos videos en la red con Here comes the sun, incluyo el siguiente que me pareció muy interesante por los artistas que acompañan a George (autor y cantante) y Ringo, aunque hubiera preferido para esta entrada uno en donde apareciaran también John y Paul interpretándola...

No lo encontré en ese universo llamado YouTube pero disfrutar esta versión es un lujo.


domingo, 14 de febrero de 2010

El Lindero. Reseña de Anabel Sáiz Ripoll

Reseña
Título: El lindero
Public. domingo, 14 de febrero de 2010
EL LINDERO,
De María Eugenia Mendoza Arrubarrena,
SM, México, 2003, Gran Angular, 16
Anabel Sáiz Ripoll

   “El lindero” es una novela que nos habla de la memoria y de lo importante que es el lugar en el que uno vive, puesto que la casa, El Lindero propiamente dicho, tiene vida y sus habitaciones guardan y transpiran la felicidad que los antiguos dueños vivieron allí. Una nueva familia, la familia de Sara, la joven narradora, ha conseguido hacerse con la finca y la casa; pero lo que parecía simplemente un nuevo lugar para vivir, mucho más amplio y hermoso que el anterior, se convierte en algo más porque los nuevos inquilinos reciben en herencia todos los recuerdos de El Lindero y todo su pasado. No obstante, no es una novela ni de terror ni de fantasmas ni de misterio, es una novela de sentimientos, de remembranzas, de amor a la tierra y a la vida.
   María Eugenia Mendoza tributa un homenaje a Carl Sagan y su “Cosmos” en “El Lindero”, pero va mucho más allá porque la novela combina distintos registros y facetas que no hay que pasar por alto. Para empezar, los nuevos inquilinos, una familia formada por el padre, la madre y tres hijos, Mariana, Omar y Sara, llegan a El Lindero y se admiran de encontrar muchos objetos personales en la casa, como si los antiguos dueños hubieran salido huyendo. Un vestido de novia y una cápsula del tiempo son los elementos que enganchan al lector y a la nueva familia propietaria. Gracias a la cápsula conocemos a la dueña anterior, Montserrat, una bióloga enamorada de su casa y a sus hijos, Gregorio, Roberta y Carla y, aunque menos, al marido, Mauricio.
   Un elemento importante de la casa es su huerto, un huerto que es algo así como un símbolo, como el nexo entre lo que fue y lo que es, ya que sigue dando frutos y sigue siendo cultivado por el matrimonio que ya lo hiciera para los anteriores dueños, Abundio y Filo, que son unos personajes entrañables y que nos unen con la raíces, con lo más tradicional e importante de la vida, la herencia cultural y ancestral que no debemos desdeñar en aras de una modernidad, a veces, mal entendida.
    Los tres jóvenes, gracias a la palabra de Abundio y los elementos de la cápsula del tiempo, aprenden a amar y a entender qué su nueva casa es un verdadero hogar. Es más, gracias a ella, se siente mucho más unidos que antes.
   “El Lindero” es una novela escrita de forma fresca, con palabras y expresiones propias del español de México, ya que la autora es mexicana. El uso de la primera persona –en boca de Sara, pero también de los anteriores propietarios- hace más directa la acción, aunque el diálogo es importantísimo para entender a los personajes y descubrir, poco a poco, el pasado de la casa. Una casa que huele a durazno, que siente, que vive al son que le marcan sus moradores.
   Hay algunos aspectos que no queremos soslayar de la novela porque nos parecen interesantes, como, por ejemplo, el deseo de la narradora, y pensamos que de la propia autora, de superar los hechos de la Conquista española porque, como leemos, “…ya pasaron más de 500 años. Hay que estar orgullosos de que tenemos raíces tan bien plantadas, con las que debemos crecer y ser mejores”. Este deseo habla de futuro, de unión, de colaboración y de tolerancia. No queremos olvidar otro tema que aparece en la novela, como es la cocina. Filo es una gran cocinera, pero mucho más que eso, porque pone su alma y su sentimiento al servicio de lo que cocina y es que, como también leemos, “la cocina es el lugar más sensual de cualquier casa…”. Y, por supuesto, el tema del huerto, de cómo los terrenos de El Lindero se fueron llenando de frutales, de plantas, de vida… a la vez que la casa se convertía en un refugio para toda la familia, exceptuando para el padre, Mauricio quien, de alguna manera, es el desencadenante de la historia ya que, por su causa, Montserrat y sus hijos tuvieron que abandonar, de forma precipitada ese hogar por el que tanto suspiraban y en el cual dejaron grabada la impronta de sus ilusiones, deseos y esperanzas.
    En definitiva, “El Lindero” es una novela llena de misterios, de secretos, de voces, de susurros y de sugerencias y, sobre todo, nos arropa en la seguridad que da un hogar y en cómo las personas pueden acabar apegadas a su casa y convertirla en una proyección de ellas mismas.


Muchas gracias Anabel por esta reseña que me ha emocionado muchísimo.
 

jueves, 7 de enero de 2010

Imaginaria, referente obligado de la LIJ



Acabo de descubrir con gran emoción que Imaginaria, la revista quincenal sobre literatura infantil y juvenil, obligado referente para quienes estamos relacionados con las letras, ha publicado en su número más reciente, el 263 del 5 de enero, en la sección de Libros recibidos su acuse de recibo de Peligro en la Aldea de las Letras.

Esta revista, según leemos en la presentación, se creó en Buenos Aires, Argentina y se publica desde junio de 1999. Sus fundadores y directores son Roberto Sotelo y Eduardo Abel Gimenez. Además de que la revista está accesible a cualquier persona que la busque en la red, con sólo escribir Imaginaria en el buscador, puede ser solicitado el boletín gratuito que llegará puntualmente al correo electrónico.

Imaginaria ha recibido diversos reconocimientos a lo largo de sus más de diez años. En 2000 fue declarada de Interés Educativo por el Ministerio de Educación de la República Argentina. Ha obtenido, entre otros, el Premio Pregonero Especial, de la Fundación El Libro, el Premio Julio Cortázar, de la Cámara Argentina del Libro, el Premio Mate.ar PYMES en el rubro Educación y el Premio Platero, de la OEPLI (Organización para el Libro Infantil) y el Consejo General del Libro Infantil y Juvenil de España.

Con dieciséis secciones, entre las que podemos encontrar Libros, Autores, Reseñas, Galería, Libros Recomendados y Libros Recibidos (que no necesariamente los recomienda, como lo señala en la cabeza de la sección); ofrece también un Foro de discusión y la Biblio de los chicos.

Es una delicia hojear, ojear y, por supuesto, leer esta revista. Desde la entrada de cada una de sus páginas, en la parte superior, se puede apreciar una ilustración realizada por diferentes  artistas, a quienes se les puede seguir la pista en sus sitios web y en la Sección Galería. Los artículos, reseñas, ensayos y en general todos los textos nos permiten profundizar en la vida y obra de autores, ilustradores, cineastas, poetas, editores, diseñadores.

No quiero dejar de mencionar un proyecto que me pareció verdaderamente extraordinario, la publicación entre 2008 y 2009 de los 36 capítulos de Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi, con traducción y notas de Guillermo Piro. Este delicioso regalo fue ilustrado con imágenes de varios ilustradores de época.

Agradezco a Imaginaria los espacios obsequiados en su sección de Libros recibidos, del 28 de abril de 2004, cuando dieron acuse de El Lindero (entre los títulos enviados por Ediciones SM, publicados en 2003) y de Peligro en la Aldea de las Letras, el 5 de enero de este 2010.

Los nombres de los autores y editoriales de los libros recibidos, publicados en este número son: Eduardo Rovner, Noriko Ueno, Nik, Gustavo Sala, Liniers, Roberto Fontanarrosa, José Hernández, Estanislao Del Campo, Ana Da Costa, John Berger y Daniel Samper Pizano (todos publicados por Ediciones de la Flor (Argentina); Fabián Sevilla (Editorial Imaginador, Argentina); Maricarmen Mendoza, Antonio Santos, Alberto Forcada, Alicia Molina, Giovanni Papini y Riûnosuke Akutagawa (publicados por Nostra Ediciones, México) y Claudia S. Martínez (edición de autora, Argentina).

Para ver las portadas y leer los textos de contraportada se puede consultar la siguiente liga:






sábado, 12 de diciembre de 2009

Más allá de nuestras fronteras. En dos Bibliotecas del Instituto Cervantes

Dedicado a quienes piensan,
hablan, educan, aman, sueñan,
enseñan,aprenden, juegan,
leen, escriben, viven en español.


Cuando escribí la dedicatoria de este libro tuve en mente a una enorme diversidad de personas que podrían llegar a leer este libro, entre quienes estarían habitantes de más de veinte países iberoamericanos, así como en los compatriotas y otros hispanohablantes que viven en Estados Unidos

Dadas las características de una edición de autora, sin la capacidad de producir y distribuir el libro, no digamos ya fuera del país sino ni siquiera más allá de mis familiares y amigos en la Ciudad de México, la posibilidad de que cruzara fronteras era más que remota.

  Con Elías Chumillas, Bibliotecario del Instituto Cervantes, Budapest

Sin embargo, gracias a un viaje que realicé el año pasado a Hannover, Alemania (para asistir a la boda de mi sobrino Jens), visité algunas ciudades cercanas (ya que estaba por allá) y Peligro en la Aldea de las Letras comenzó a viajar y a ser recibido por algunos amigos de la familia de mi hermana.

En un arranque de audacia decidí visitar el Instituto Cervantes de Berlín (aparezco frente a éste en la foto de arriba). Por fortuna Segio Campos Cacho, ayudante de Biblioteca, recibió un ejemplar del libro, junto con otro de El Lindero, como un obsequio de una mexicana muy emocionada.

Con la confianza que da un buen recibimiento, me puse en contacto por correo electrónico con Elías Chumillas Jiménez, bibliotecario del Instituto Cervantes de Budapest, para concertar una cita con el fin de conocer la sede en la capital de Hungría y dejar como obsequio para la biblioteca los dos ejemplares de mi obra de narrativa (en la foto del centro, con el joven y amable Elías, aparecen los dos ejemplares ya colocados en la vitrina. En la de la derecha, la fachada del hermoso edificio en Budapest).

Unos cuantos ejemplares de Peligro en la Aldea de las Letras han cruzado la frontera, en ocasiones en la maleta de un amigo, como el escritor Pedro Villar, en otras por correo postal, como el que leyó Carlos Marianidis, poeta y escritor argentino y entusiasta creador y defensor de espacios virtuales dedicados a la Literatura Infantil y Juvenil.

Siempre queda la inquietud de cómo son recibidas nuestras letras en otras latitudes, a veces un generoso amigo nos lo hace saber, en otras sólo nos queda esperar que algo de lo escrito haya provocado una reflexión en torno al tema abordado, en el caso de Peligro en la Aldea de las Letras un idioma que une en la diversidad y, el de la familia, las costumbres y la memoria en el de El Lindero.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El Lindero, de María Eugenia Mendoza Arrubarrena


El Lindero
María Eugenia Mendoza Arrubarrena
México, Ediciones SM, Col. Gran Angular Núm. 16,
2008, 3a. reimpresión
El Lindero es mi primera obra de narrativa. Escrita para participar en la octava edición del Premio de Literatura Infantil que convocaron en 2003 Ediciones SM y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y que obtuvo la recomendación del jurado para su publicación.

Durante más de seis años El Lindero ha significado una oportunidad maravillosa para platicar con jóvenes y maestros sobre la familia, los amigos, los frutos de la tierra, la gastronomía mexicana, la importancia de la ciencia y el respeto al pensamiento mágico de nuestro pueblo.

El Lindero es el nombre de la casa a la que llega la familia de Sara, la narradora en esta historia. Esta casa tiene la magia de todo hogar, es decir, atesora en ella las experiencias y sueños de sus moradores, aunque en este caso lo hace con la ayuda de la tecnología materializada en una laptop, en donde los primeros habitantes guardaron sus memorias para legarlas a sus descendientes.

Disfrutar de la vida del campo en un sitio privilegiado, relativamente cercano a la ciudad, en la que los huéspedes de El Lindero desarrollan la mayor parte de sus actividades, es quizá una de las experiencias más enriquecedoras para la nueva familia.

A continuación presento un fragmento del capítulo “Siembra y cosecha”:

–¡Mire nomás! Esto está muy bonito, señorita. ¿Es su tarea de la escuela? –me preguntó, quizá fingiendo interés.
–No. Se nos ocurrió que podría ser muy útil tener muestras de diferentes hierbas y fuimos al mercado, compramos todas éstas, las secamos bien y luego hicimos un recorrido por las matas que hay aquí sembradas y las comparamos con las que teníamos en el herbario.
–A ver ¿dónde está el tomillo?
–Hice un recorrido por las plantas y no lo encontré.
-No se preocupe señorita, aquí no hay tomillo, si quiere le traigo un poco de mi casa y también, si quiere, sembramos un poco.
-No, en realidad no sé ni para qué sirve. Antes, cuando veíamos que en una receta pedían tomillo, íbamos a comprarlo al mercado, sólo lo tenemos en las hojas para saber cómo es, para aprender a identificarlo.
-Mire, no hay mejor maestra que la tierra, usted se va a volver toda una experta; lo importante es aprender a observar, a oler y a probar para que le agarre el gusto.

Este fragmento, espero que sirva como invitación a conocer y aprender a reconocer los frutos de la tierra. Cuando vamos al mercado nuestros marchantes se encargan de darnos las yerbas que necesitamos para "dar sabor al caldo", pero si estamos en un supermercado es muy frecuente que no distingamos a simple vista algunas tan usadas en México como el perejil del cilantro o simplemente no sepamos cómo son el hinojo, el epazote o el orégano frescos.

Este libro, según me han comentado algunas maestras que lo han llevado en secundaria ha sugerido ideas para realizar diversas tareas, además de las relacionadas con la redacción y la literatura, como reflexionar en torno a las vocaciones y hasta proponer la elaboración de un herbario, tarea que puede resultar muy práctica y muy provechosa para la vida cotidiana. Por cierto, los biólogos del Jardín Botánico de la UNAM, sobre todo los relacionados con el área de difusión, en donde tengo buenos amigos, pueden orientar a los lectores a elaborar uno.

Para finalizar este comentario, quiero agradecer a María García Esperón, una amiga con A mayúscula, por la reseña que escribió en su blog, después de leer este libro el primer día de 2008. Para leerla haz clic en:
http://mariagarciaesperon.blogspot.com/2008/01/el-lindero-de-mara-eugenia-mendoza.html