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viernes, 3 de junio de 2011

Prosario (El libro de la anti-superación personal), de Febronio Zatarain

Desarraigos, cuatro poetas latinoamericanos en Chicago
Jorge Hernández, Febronio Zatarain,
Juana Inés Goergen, León Leiva Gallardo
Ediciones Vocesueltas, 2008
Febronio Zatarain escribe Prosario y nos advierte que es un libro de anti-superación personal. Sus poemas en prosa cumplen las leyes del género que, como todos sabemos, son muy rigurosas, pues se basan en la música interna del poema. Su humorismo es producto de un canto desencanto. Sin estridencias presenta sus dudas e interroga a los lectores en busca de una especie de complicidad: "Sigo aquí y estoy triste. Estoy triste pero satisfecho de seguir aquí".

Uno de sus textos es una especie de ars poetica: "Tú crees hacer el poema, pero el poema te hace". Su desarraigo está lleno de claves secretas que le permiten vivir y lo que es mejor, escribir.

Desde la lejanía lo mira el niño Febronio y los dulces del pueblo le indican que está en la vida.
Hugo Gutiérrez Vega


El mundo sólo puede causarme tristezas porque toda alegría me lleva al luto de su pérdida. Por eso me he cruzado de brazos y me he sentado a la orilla de la vida a contemplarla como cuando era niño y en tiempo de lluvias iba a mirar cómo el arroyo de mi pueblo crecía. Entonces sí me bañaba en él como me bañaba en la vida porque las estaciones en aquel tiempo se repetían: después del tiempo de lluvias venía el tiempo de secas, y después del de secas el de lluvias. Yo no me podía concebir del tamaño de mi padre, para mí era absurda la idea de que mis amiguitos y yo algún día seríamos grandes; la escuchaba como una amenaza de los adultos para que dejáramos e comportarnos como lo que éramos. Un día mi padre me enseñó una foto de un grupo escolar de cuando él estaba en primer año y señaló a uno de los niños diciéndome que ése era él. No le creí. Mi padre nunca había sido niño, así como el niño que yo era tampoco había sido adulto. Y el adulto que ahora soy tampoco fue ese niño que ahora sueña que fue. El niño que sueño que fui, soñaba con crecer pero sabía que soñaba, que nunca crecería. Era tan bello ser como esa ola que crece y revienta y se esparce, y que vuelve y vuelve a crecer y a reventar y a esparcirse... Yo veía a los adultos como las olas ven a las montañas. Pero ahora nada se repite, nada renace: hubo un momento en mí, y fue tan grande que toda el agua se me salió y anduvo como loca abriendo y abriendo cauces que nunca más serán recorridos. Por eso me he quedado aquí, en la cima, soñando un mar a lo lejos que no se cansa de esparcirse en la misma arena.
Febronio Zatarain. Sinaloa, México, 1956. Vive en Chicago desde 1989. Desde ese año se ha dedicado a la promoción de la literatura a través de talleres literarios y revistas. Es parte del consejo editorial de Contratiempo. Tiene publicados Faltas a la moral, Editorial Moción., Guadalajara, México, 1991; Desesperada intención y otros escritos, Editorial Universidad de Guadalajara, 1994; es coautor de ...Y nos vinimos de mojados, Editorial UACM, México, 2007; forma parte de la antología En la 18 a la 1. Escritores de Contratiempo en Chicago, Ediciones Vocesueltas, 2010.
Textos publicados con autorización de Febronio Zatarain

"Febronio respirando Literatura"*

Fotografía de Stanislaw Jaroszek

domingo, 27 de marzo de 2011

"La tía", cuento de Stanislaw Jaroszek

 Jaleos y Denuncias
Stanislaw Jaroszek, Chicago, Ediciones Vocesueltas, 2010
ISBN: 978-09800042-4-3

La tía

La mujer ya jubilada mostraba su casa al sobrino recién llegado de Polonia.
–Aquí está la piscina.
Las palmeras se mecían con el viento invernal. Del otro lado del patio, el eco traía las voces de los jugadores. Después de cada golpe con el palo de golf, llegaba un sonido agudo pero fuerte. Al fin, los tres hombres se subieron a su vehículo y desaparecieron en la vastedad del campo.
–Bonito lugar, tía.
–¿De veras que te gusta?
–Sí, es un paraíso.
–Así es nuestra Florida, siempre bonita, siempre florecida.
El joven miraba alrededor cuidadosamente, calculando cuánto podría costar aquella casa. "Unos cien mil dólares", pensó.
–¿Y a usted le gusta vivir sola?
La mujer se sonrió, mostrando sus dientes artificiales.
Con el tiempo uno se acostumbra a todo.
–Sí, uno se acostumbra.
Después de un momento de silencio la mujer se acercó al joven para decirle:
–Un día todo esto será tuyo. Ya hice el testamento.
–Tía, para qué hablar de estas cosas...
–Para que sepas. Ya estoy vieja, demasiado vieja...
Cuántos años más podría vivir una mujer de su edad, con su salud delicada y golpeada por varios matrimonios fracasados? "De cinco a diez, no más".
Ya de regreso en Chicago, el joven pensaba constantemente en su vieja tía. "¿Cómo se sentirá hoy? Tal vez se cayó y se rompió la cabeza, o tuvo un mareo cuando limpiaba los bordes de la piscina y se ahogó".
Meses después, llegó la llamada nocturna del hospital, el joven se dispuso a escuchar la voz del médico con interés. La palabra "pulmonía" prometía mucho.
–Respira con dificultad, la pusimos bajo calmantes para controlar la presión.
–¿Va a salir de eso?
–Su estado es grave.
Pobre tía, se morirá en suelo extranjero, lejos de las praderas polacas donde nació. Sola, solita en la tierra de los huracanes. Años antes, ya había escogido su tumba en un cementerio de Cape Coral.
"No me queda otra, hay que ir a despedirse de la tía", pensó el joven.

Ya en el hospital, la encontró sentada sobre la cama, comiendo una manzana cortada en pedazos.
–¡Hijo! ¿Y por qué viniste?
–¿Ya se siente bien?
–Me siento bien, como puede sentirse bien una vieja como yo. No me hago ilusiones, ya se le acaba la cuerda a mi reloj.
–No diga eso, tía. No debe dejarse caer por una enfermedad cualquiera.
–¿Quién sabe estas cosas?

Años después –alrededor de una cama de hospital– estaba reunida toda la familia. La esposa, delgadita y pequeña, una adolescente de pelo rubio y dos hijos gemelos en edad de enseñanza primaria.
El paciente gordo respiraba con dificultad y cada minuto le costaba más encontrar aire.
–¡Papi!, llamó la tía. Dice que te quiere mucho.
Con la mirada ubicada en el techo blanco del salón, el hombre parecía estar en completo estado de estupor. Se oyó un murmullo ininteligible, el cual nadie más que él pudo descifrar:
–Esa puta no se morirá nun...

Stanislaw Jaroszek nació en la pequeña ciudad de Nowy Korczyn, en Polonia. Después de la muerte de su madre, su familia se mudó a la ciudad de Busko Zdroj, donde continuó sus estudios primarios y secundarios. Cuando tenía diez años su padre emigró a Estados Unidos, dejando al hijo menor con la abuela Ewa, de ochenta años. En la primaria Stanislaw fue un estudiante mediocre, hasta que su hermano mayor, Bogdan, lo introdujo al mundo de los libros durante unas vacaciones de verano. En la secundaria leyó mucho y empezó a escribir poesía. Después cultivó el humor y publicó sus sátiras en la revista Echo dnia. En 1985 salió del país para reunirse con su padre en Chicago, quien murió en 1988.
Al tiempo que realizaba sus estudios en la Universidad de Illinois, en Chicago, Stanislaw trabajó como obrero, conserje, supervisor, gerente, representante de sindicato, conductor de limosinas y guardia de un hospital mental... Desde que obtuvo su título universitario, trabaja como maestro de español en las escuelas públicas. Recientemente terminó su maestría en Literatura Latinoamericana en Rossevelt University. Desde 2006 participa en el taller literario de la revista Contratiempo.  
El cuento se publica con autorización del autor. La información biográfica fue tomada de la solapa del libro.



domingo, 13 de marzo de 2011

¿Qué hacemos los hispanohablantes por el idioma español en nuestro lugar de origen y fuera de él?




La pregunta que sirve de título a esta entrada quizá resulte un tanto extraña, pero estoy segura que quienes visiten esta Aldea tendrán múltiples e interesantes respuestas y una que otra crítica a mi forma de escribir.

Entre quienes tienen una gran responsabilidad para que el idioma se mantenga vivo, se enriquezca y crezca el número de hablantes están, en primer lugar, los padres de familia, debido a que se encargan de enseñarlo a sus hijos, independientemente de que vivan en un país en donde el español no sea la lengua de comunicación.

En segundo lugar deberían estar los maestros de español, comprometidos con su enseñanza formal y sistemática, aunque también tienen una gran responsabilidad quienes imparten otras asignaturas, pues el español es la lengua en la que establecen el intercambio de saberes, conocimientos, experiencias, desafíos, expectativas en torno a sus materias, a la educación y a la vida en general.

Digo que deberían ser quienes estén en segundo lugar, pero no es así, este puesto ha sido usurpado desde hace décadas por los medios de comunicación, con cuestionables resultados debido al manejo deficiente y aun grotesco del idioma, no por todos aunque sí por muchos influyentes "comunicadores", que frente a un micrófono o una cámara hablan por hablar sin decir nada y además lo hacen mal. De aquí que padres y maestros se enfrenten, en el mejor de los casos, a la pobreza de vocabulario de los chicos, cuando no a una total indiferencia sobre contenido y forma en su comunicación cotidiana.

Queda la pregunta, reformulada: ¿qué hacemos por el español quienes vivimos en nuestros países de origen?

Esto viene a cuento porque hace dos semanas, en el maravilloso recinto de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería tuve oportunidad de conocer a un grupo de escritores, editores y artistas gráficos responsables de la publicación de la revista Contratiempo y del sello editorial Ediciones Vocesueltas.


Una grata sensación, semejante a la que se experimenta durante el enamoramiento (la figura parece exagerada pero no lo es) me dejó la conferencia (a la que dediqué una entrada en esta Aldea) y se aviva cada vez que leo aunque sea unas páginas de alguno de los cinco libros que adquirimos Tarsi y yo en esa oportunidad. ¿Por qué? Simplemente porque el idioma enamora y eso es lo que hacen los escritores de Contratiempo con sus textos, enamorarnos del idioma, de sus historias, de la forma de narrarlas,  de las culturas, que dejaron físicamente atrás cuando decidieron migrar a la ciudad de Chicago, pero corren por sus venas, son parte de ellos y por tanto de sus obras.

Los escritores de Contratiempo, estos artistas de Pilsen, están haciendo mucho por el idioma español porque este idioma es parte de su identidad, de su cultura, incluso para quienes, como Stanislaw Jaroszek, lo adoptaron como forma de vida.

Para ilustrar lo comentado, tomo un fragmento del número de octubre de 2010 de la revista Contratiempo, concretamente el texto escrito por Julio Ortega titulado "En la 18 a la 1: Antología del taller literario de contratiempo", que a la vez es un fragmento del prólogo de dicha antología, de Ediciones Vocesueltas:

Cuando finalmente llegué al pueblo de Pilsen, un dos de noviembre de hace dos años, de la mano de mi hija, estudiante de la Universidad de Chicago, sentí la emoción de que ya lo conocía: vi familias mexicanas con sus hijos vestidos de domingo derivar hacia el parque de columpios, jardín y bancos; vi a las abuelas y sus nietas, paseándose unas a otras, en esa calma colorida; y creí ver la migración hispánica reposando en su propia representación. Entonces entendí: Pilsen no era solamente un pueblo de Chicago, convertido en mexicano en el mapa de la migración hispánica en Estados Unidos, sino que era, para sorpresa mía, un pueblo situado en el tiempo, donde tenía vida propia, casi independiente del programa de expansión urbana que lo amenaza con ponerse de moda. Quiero decir, Pilsen está situado en un tiempo mexicano fuera del tiempo de desarrollo urbano del tardo capitalismo. Tiene la placidez de la Colonia Roma en 1969, el año en que llegué por primera vez a la ciudad de México, mucho antes de que fuera declarada por mi amigo Carlos Monsiváis "la primera ciudad del post-Apocalipsis".

Por cierto, ahora que entré a la página de Ediciones Vocesueltas me entero que A veces llovía en Chicago, cuentos migrantes, de Gerardo Cárdenas se presenta (o se presentó) en este mes de marzo. Este libro es una coedición de Ediciones Vocesueltas y Libros Magenta y entre otras narraciones está la que leyó en el Palacio de Minería sobre un taquero-boxeador, que en palabras del autor es todo un campeón.

Feliz presentación, Gerardo, que los buenos vientos de Chicago lleven este libro a toda Latinoamérica y más allá.

domingo, 27 de febrero de 2011

Contratiempo y Vocesueltas: movimiento literario en español en Estados Unidos

Jochy Herrera, Stanislaw Jaroszek, Febronio Zatarain,
Jorge Montiel y Gerardo Cárdenas

El español es la patria, nuestra patria latinoamericana.
Anunciada a las 12:00 horas del sábado 26 de febrero, apenas llegamos al Salón Manuel Tolsá, mi esposo y yo, pues habíamos asistido a otra conferencia (de la que platicaré en otra entrada), para escuchar lo que se anunció como "Voces sueltas y el nuevo movimiento literario en español en Estados Unidos".

Por fortuna encontramos excelentes lugares, en la segunda fila. Los escritores platicaban animadamente entre ellos, dando tiempo para que llegara más gente al salón. Pasados unos minutos, el licenciado Fernando Macotela, Director de la Feria Internacional del Palacio de Minería, dio la bienvenida y presentó a los participantes que unen sus voces en la revista Contratiempo y en Ediciones Vocesueltas, ambas de Chicago, Illinois.

¿Por qué escriben en español estos autores congregados en el Salón Tolsá y otros muchos que participan en este proyecto creativo?, era la pregunta que seguramente todos queríamos hacer.

Después de escucharlos era claro que lo que los mueve, además de la pasión por la literatura, es el amor y el respeto que sienten por el idioma español, para cuatro de los presentes lengua materna, para uno de ellos, el polaco Stanislaw Jaroscek, lengua adoptada.

Las lecturas se sucedieron, las imágenes surgían con la fuerza de una narrativa clara, directa, pletórica de referentes muy nuestros, muy de nosotros, hispanohablantes latinoamericanos. El salón Manuel Tolsá sintió la impotencia ante la migra y la ignorancia; fue habitado por un personaje tan fuerte como "Rambo" y escuchó resoplar al cansado "Caballo blanco, con el hocico sangrante y la pata izquierda lastimada", del famoso corrido de José Alfredo Jiménez; se inundó con las seductoras y sensuales caricias de la poesía y atestiguó la carrera del taquero-boxeador, con la boca hecha agua, por el antojo de uno de arrachera con salsa verde, acompañado de un Jarritos, quizá de tamarindo, y el corazón en la mano al imaginar la suerte del boxeador que sueña con subir al cuadrilátero y ganar el ansiado cinturón.

El tiempo corría en una atmósfera de letras, amistad, sueños compartidos y compromisos literarios nacidos en Pilsen, Chicago y arrullados y aun zarandeados en el taller de escritores de la revista Contratiempo, cuyo antecedente se remonta a los talleres literarios de Raúl Dorantes, Enrique Murillo y Febronio Zatarain, surgidos hace más de 20 años, y que actualmente se reúne en la calle Halsted, entre la 17 y la 18, esta última, la arteria principal del citado barrio, los domingos a la una de la tarde.

Escuchar a cada uno de los cinco autores, además de conocer a Moira Pujols, directora ejecutiva de Contratiempo y a Esmeralda Morales-Guerrero, directora de arte, fue una experiencia muy enriquecedora. Hasta el momento he leído los prólogos de los libros adquiridos y algunos cuentos y poemas, pero prometo más adelante dedicar unas letras a cada libro y a la revista en esta Aldea.

Comparto algunos datos de los autores participantes, con obra publicada en Ediciones Vocesueltas. De Gerardo Cárdenas, magnífico escritor, incluyo el enlace a su página electrónica. Los libros que menciono a continuación los distribuye Editorial Jus y se pueden comprar en la FILPM.


Jochy Herrera nació en la República Dominicana, es médico cardiólogo, además de escritor. Reside en Chicago desde hace dos décadas. Ha publicado ensayos y textos periodísticos en medios impresos y electrónicos. Su libro Extrasístoles (y otros accidentes).

Stanislaw Jaroszek nació en la pequeña ciudad de Nowy Korcyn, en Polonia. Cuando tenía diez años su padre emigró a Estados Unidos y quedó al cuidado de su abuela Ewa, de ochenta años. Fue un estudiante mediocre en la primaria, hasta que Bogdan, su hermano mayor, lo introdujo en el mundo de los libros. En 1985 emigró a Chicago. Recientemente concluyó la maestría en Literatura Latinoamericana, en la Roosevelt University. Su libro: Jaleos y denuncias.

Jorge Montiel nació en Paterson, New Jersey, en 1986. Cuando tenía cinco años su familia se mudó a Puebla, donde realizó sus estudios básicos. En 2007 regresó a los Estados Unidos. Estudia Filosofía en Northeastern Illinois University. "En el país de las cosas ñeras", forma parte de la antología En la 18 a la 1.

Febronio Zatarain nació en México, 1958. Licenciado en Sociología, por la Universidad de Guadalajara. Emigró a la ciudad de Chicago en 1989. Maestría en Literatura, por la Roosevelt University. Desde que vive en Chicago se ha dedicado a la formación de talleres literarios y revistas culturales. La primera fue Fe de erratas. Ha publicado, entre otros libros: Faltas a la moral (cuentos y guiones), Desesperada intención y otros escritos (poemas). Su libro Prosario fue incluido en Desarraigos, cuatro poetas latinoamericanos en Chicago.

Gerardo Cárdenas es escritor, periodista y comunicador mexicano radicado en Chicago, Illinois. Forma parte de la directiva de la revista Contratiempo, de la que también es el director editorial.