En lugares lejanos dos mujeres despertaron al mismo tiempo.
La primera se asomó a la ventana, miró el limpio cielo de media noche justo para descubrir el espectáculo único de una estrella fugaz. Se sintió una con el universo. Deseó compartir ese momento mágico con su hija, quien estaba al otro lado del océano, pero para no perturbar su sueño, se dirigió a su mesa de noche y comenzó a escribir una carta.
La otra también se asomó a la ventana y descubrió con los primeros rayos del amanecer un hermoso colibrí revoloteando entre las flores de su balcón. Se supo una con la naturaleza. Necesitaba describirle a su madre la escena pues no todos los días comienzan así. No lo pensó mucho tomó el teléfono y marcó el número de casa.
(C) María Eugenia Mendoza Texto y voz: María Eugenia Mendoza Música: Canon. Yiruma Realización: María García Esperón MMX
Cómo voy a negarte
la sencillez azul de alguna tarde,
las palomas que vienen a este árbol
a mirar cómo cantas;
cómo voy a olvidarte,
a no quererte,
si me enseñaste a dividir por cuatro cifras
sobre un papel de estraza;
¡qué fácil resultó
con, solamente
ver tus dedos
sumándose a los míos!
¿Crees que podría decirte
que ya no me apeteces,
que ya no tengo tiempo para hablarte?
si me enseñaste todos los nombres
de la vida,
todas las capitales
girando sobre océanos
todos los territorios
sembrados con sus razas:
¡qué hermosa caminaba
tu mano sobre el mapa!
Cómo voy a gritarte
cuando no te sujetes,
cuando no haya equilibrio
más allá de tus labios,
si la primer imagen
de la tierra,
la vi desde los alpes de tu cuello,
la hablé cogiendo un trozo
de tu habla;
¡qué dulce me cayó
la eme que recuerdo
de tu primer palabra!
Cómo voy a dejarte,
¿crees que podría perderte?
Cómo voy a olvidarte.
(C) Aurelio González Ovies
Realización: María García Esperón Voz: María Eugenia Mendoza Arrubarrena Música: Yiruma MMX
Me preguntan cómo me gustaría
que me recuerde mi hija mañana.
Como a todos, que su padre fue un buen hombre.
Que con errores, luchó para que la vida
la dañe lo menos posible. Que la amó.
Que le enseñó algunas cosas.
Pero esos deseos los tenemos todos los padres.
Mi sueño particular es que un día, revisando
trastos en desuso
ella encuentre uno con forma
de poesía imperfecta
y se diga que su viejo
no lo hacía tan mal.
(C) Marcelo Suárez De Luna
Poesía Imperfecta
Voz: María Eugenia Mendoza
Realización: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX
Caminando por la arena me pregunto
¿por qué, quienes, para qué?
Ninguna respuesta obtengo
hasta que veo la sonrisa de mi niña
construyendo palacios, no castillos
y entonces cualquier interrogante
pierde toda relevancia.
Quemé tus cartas
olvidé tu teléfono
borré tu correo
me cambié de ciudad
rompí tu foto
regalé tus libros
(incluso los dedicados)
dejé de nombrarte
ni siquiera te pienso
y sin embargo esta noche
tiraría los dados una vez más.
(C) Marcelo Suárez De Luna
Poesía Imperfecta
Voz: María Eugenia Mendoza
Realización: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX
A él le calculo ochenta y siete (a ella, ochenta) llegan casi al cierre al restaurante (¿de dónde vienen?) De arranque piden vino, queso y pimientos (¡le ponen sal!) después fuccile pesto y tuco. Mientras tanto se comen con los ojos y conversan toda la comida (son dueños del tiempo). Él tiene un cigarro en el bolsillo. Piden la cuenta y yo que tengo la mitad de sus edades los envidio como si fueran estrellas de rock. Y es que lo son.
(C) Marcelo Suárez De Luna Poesía Imperfecta Voz: María Eugenia Mendoza Realización: María García Esperón Música: Yiruma MMX
Intercambio de Berenice la Sirena y Peligro en la Aldea de las
Letras, versión Libros del Rincón
Ayer por la tarde María García Esperón y yo nos encontramos en la cafetería de la librería Octavio Paz, del Fondo de Cultura Económica, en Miguel Ángel de Quevedo 115, delicioso espacio y afortunado marco de encuentros y reencuentros en el sur de la Ciudad de México.
María ya estaba ahí (oh, oh, fui un poco impuntual), Juan Carlos, su esposo ya había apartado una mesa, mientras ella hacía el obligado y placentero recorrido por la librería. Después de los abrazos, deseos de felicidad y éxito y una que otra fotografía Juan Carlos nos dejó solas para platicar a nuestras anchas.
Táchenme de cursi o pregúntense qué había en la atmósfera de esa tarde lluviosa, pero el perfume y el sabor del café hicieron su magia y en esos momentos el Colectivo Voz y Mirada comenzó a hacerse presente, era como si todos estuviesen ahí, sin importar distancias y husos horarios. El primero en aparecer fue Pedro Villar, listo con su Cuaderno de apuntes y su poesía, pronto se nos unió Carlos Marianidis, cuyo libro Nada detiene a las golondrinas descansaba sobre la mesa, pues María me lo había prestado meses atrás y ya era hora de que lo regresara.
En la plática surgían comentarios, en completo desorden, debido a que las ideas y el cariño que sentimos por todos nos hacen hablar así, arrebatándonos la palabra, esperando que nadie se escape de decir algo, aunque no falta quien prefiera quedarse callado y sólo escuche. Toman la palabra Marcelo Suárez de Luna y su Poesía imperfecta;Los espejos de Anaclara y Mercedes Calvo, Anabel Sáiz Ripoll, con sus libros, reseñas literarias y ensayos sobre LIJ; Asunción Carracedo, con su hermosa voz nos lleva a pensar en la trascendencia de encumbrar a su natal León como Ciudad de la Literatura; María Wernicke surge con Rutinero; Ana Laura Delgado entra en escena haciendo realidad sus sueños y los de sus autores y lectores; el peruano Orlando Granda nos envuelve con su poesía y sus gratas memorias familiares; la Navidad sin dueño de Susana Peiró y el revuelo que causó entre los visitantes de los diferentes blogs hizo su presencia, lo mismo que la alegría de Rosa Serdio. Marco Aurelio Chavezmaya, quien por fortuna no emuló a Juan Escutia en el Castillo de Chapultepec y Jaime Alfonso Sandoval pasan por ahí, damos un sorbo al café y casi no son necesarias las palabras en ese momento para reconocerlos como grandes escritores mexicanos.
Al regresar Juan Carlos, a la hora pactada, la charla debe terminar pero no sin antes pensar en los niños que son el motor de tantas historias de vida y literarias. Rondan por ahí Pedro Villar (hijo); Macarena, hija de Marcelo, los hijos de Asunción; Teresa, la bebé de Anabel; Ian, el adolescente hijo de María y Carlos, los chicos del Sexto B de la escuela Jesús González Ortega, con quienes leo todos los martes temprano; mis hijos, que hace rato dejaron de ser niños (oficialmente) pero con quienes es tan grato crecer y tantos otros que están presentes como protagonistas, lectores y nuevos escritores.