jueves, 19 de agosto de 2010

A 33 años del lanzamiento de las naves Voyager y su mensaje a seres inteligentes

 Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del VOYAGER
Carl Sagan, F.D. Drake, Ann Druyan, Timothy Ferris,
Jon Lonberg  y Linda Salzman Sagan
México, Planeta, 1978

Todos tenemos en nuestros libreros dos o tres títulos (o más) que en mayor o menor medida han influido en nuestras vidas. Murmullos de la Tierra, El mensajero interestelar del Voyager, es uno de los que encabeza mi lista y ahora, a propósito del trigésimo tercer aniversario del lanzamiento de las naves Voyager, deseo compartir con los visitantes de esta Aldea unas líneas del que considero el más ambicioso y honesto proyecto de comunicación emprendido hasta el momento, dirigido a extraterrestres pero que tiene en los humanos a sus primeros y quizá únicos receptores. En el prefacio leemos:
El 20 de agosto y el 5 de septiembre de 1977 fueron lanzadas a las estrellas dos extraordinarias naves espeaciales. Estos vehículos del espacio, después de haber llevado a cabo una exploración que promete ser detallada y realmente espectacular del sistema solar exterior desde Júpiter hasta Urano entre 1979 y 1986, abandonarán lentamente los sistemas solares convirtiéndose en emisarios de la Tierra al reino de las estrellas. Cada nave Voyager lleva adosado un disco fonográfico, de cobre recubierto de oro como mensaje para las posibles civilizaciones extraterrestres que la nave pudiera encontrar en algún lugar y tiempo remotos. Cada disco contiene 118 fotografías de nuestro planeta, de nosotros mismos y de nuestra civilización; casi 90 minutos de la mejor música del mundo; un ensayo evolucionrio en audio sobre "Los sonidos de la Tierra"; y saludos en casi sesenta idiomas humanos (y en un lenguaje de ballenas), incluyendo los del presidente de los Estados Unidos y del secretario general de las Naciones Unidas. El presente ibro, escrito por las personas directamente responsables del contenido del Disco Voyager, da cuenta de por qué lo hicimos, de cómo seleccionamos este repertorio y del contenido concreto del disco.
En el disco y por tanto en este libro el grupo de científicos se encargó de presentar la mejor cara de nuestro planeta, pues su contenido incluye imagen de ambientes relacionados con la vida familiar y laboral, el amor y la paz; la descripción del audio remite a sonidos pacíficos, desde el punto de vista de que son producidos por la naturaleza y no provocados por los seres humanos para destruir, de manera que aunque se escuchan volcanes, terremotos y truenos también hay pasos, latidos y risa. En el disco está presente la mejor voz, representada por saludos de buena fe y de una muestra de la diversidad lingüística, con mensajes grabados que van desde "Silima khemen" (Que os vaya todo bien), en sumerio hasta "Hello from the children of the planet Earth" (Hola de parte de todos los niños del planeta Tierra"), en este apartado también se incluye el canto de ballenas.

Han pasado 33 años y muchísimas cosas han cambiado. Simplemente en cuanto a tecnologías relacionadas con la información y la comunicación el desarrollo ha sido sorprendente. Para cualquier chico de la generación digital noventa minutos de música no son nada cuando puede almacenar miles y miles de canciones, fotos fijas y videos en un compacto y lindo dispositivo que ofrece teléfono, internet y sabe Dios cuántas funciones más, que pesa alrededor de doscientos gramos o menos, aunque cuesta varios miles de pesos y su duración media es de tres años. Pero para los años setenta la hazaña de producir un disco en el que se pudieran almacenar imágenes y audio fue asombrosa.

Si bien el objetivo de incluir ese mensaje en unas sondas espaciales que durante años estarían enviando información del Sistema Solar era dejar testimonio  cultural y amistoso a inteligencias extraterrestres, para que supieran del paso de la humanidad, de los habitantes de la Tierra, por este universo, Carl Sagan señalaba que un propósito más inmediato y seguro se había logrado: dejar ese mensaje a los seres (seguramente no tan inteligentes) de este tercer planeta, con respecto a nuestro Sol.
Muchos de los asesores recalcaron que la recepción del mensaje por parte de una civilización extraterrestre era como mínimo dudosa, mientras que su recepción por los habitantes de la Tierra estaba garantizada: el público tendría acceso eventualmente al contenido del mensaje, como ha sucedido, de hecho gracias a esta obra.
Imaginar la dinámica creativa del grupo liderado por Carl Sagan me parece fascinante. Habrá sido muy divertido y estresante hurgar en los archivos fonográficos y fotográficos de diversas bibliotecas e instituciones para compilar lo que llamaron la música más bella del mundo, los sonidos, saludos y las imágenes que hablaran de las maravillas de la vida terrestre, cuya biodiversidad apenas se sugiere, así como de las personas en sus relaciones familiares y laborales, en sus diferentes hábitats y de algunos de sus logros arquitectónicos. No tan divertido ni comprensible habrá sido para los científicos enfrentar la censura de la NASA , que por ejemplo, se opuso a reproducir imágenes de un hombre y una mujer desnudos.
Nuestra propuesta original a la NASA incluía esta figura de dos desnudos humanos con la intención de mostrar a los receptores cómo son nuestros cuerpos. No queríamos ser ni sexistas, ni pornográficos, ni clínicos. Después de buscar en libros de texto médicos y en libros de anatomía, elegimos esta fotografía considerándola la más inofensiva y la menos comprometida. La NASA no quiso incluirla, quizá por temor a una reacción pública adversa. Decidimos conservar la silueta de este retrato en la colección, porque pensamos que sin ella la continuidad en la secuencia de la reproducción humana quedaría interrumpida.
En fin, durante estos treinta y tres años muchas cosas han cambiado, aunque otras permanecen iguales en muchas sociedades, en cuanto a sexualidad, oscurantismo y falta de apoyo a proyectos culturales.

Para los responsables de seleccionar la música seguramente fue muy importante la presencia de compositores y géneros, a partir de sus gustos y la orientación de especialistas. Sin embargo, si seres inteligentes de otros tiempos y otros sitios muy muy lejanos tienen la oportunidad de escucharla, para sus oídos y otros sentidos involucrados en la experiencia musical carecerá de sentido saber si el autor se llamó Johann Sebastian Bach o Chuck Berry, si la pieza es renacentista, folclórica o pop.

Decía, al inicio de esta entrada, que Murmullos de la Tierra es un libro muy importante para mí por la trascendencia de su contenido desde el punto de vista de  la comunicación y porque considero a Carl Sagan uno de los seres humanos más fascinantes de la historia. De ninguna manera soy experta en su obra, pero con sólo estirar la mano y hojear alguno de sus libros encuentro poesía, ciencia, historia, amor al conocimiento y eso es muy reconfortante. El Lindero, mi primer libro publicado, está inspirado en el mensaje del Voyager. Comparto con quienes hayan llegado hasta aquí un fragmento del capítulo "En torno a la música más bella":
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La música era tan poderosa que permanecimos en silencio escuchándola, solamente se oía el ruido que hacía el estuche al pasar de mano en mano, cada vez que iniciaba una nueva pieza.

–Estarán de acuerdo que hay canciones más bonitas y representativas de México –volvió a la carga mi mamá, cuando escuchamos la sexta pieza, o sea el ya mencionado Cascabel. Nadie secundó el comentario, no sé si porque no somos expertos en música mexicana, o porque no estábamos de acuerdo. No era nada fea y por lo menos no era la clásica apología del macho mexicano, para el que la vida no vale nada y encuentra cualquier pretexto para emborracharse y echar pestes de las “pérfidas” mujeres, sin las que, sin embargo, no puede vivir.

–Para mí que el rock no estuvo tan bien representado con Johny B. Good –comentó Omar y aprovechó para preguntar ¿ma, por qué no incluyeron a los Beatles?

–Creo que no nada más los encargados de la música del Voyager estaban de acuerdo con que incluyeran Here comes the sun, sino que todos los que trabajaban en el proyecto querían que estuviera en el disco, me acuerdo que Carl Sagan dice en el libro que ya tenían la aprobación de los cuatro, pero como no eran dueños de los derechos, no quisieron  exponerse a problemas legales por una canción, que ustedes también coincidirán conmigo, tenía todos los méritos para estar entre la música más hermosa del universo.

–¿Qué te parece si te quemo una copia de este disco e incluyo la canción de los Beatles? –le preguntó Omar a mamá.

–Gracias hijo, pero no va a ser lo mismo. Pero, sí, sí es buena idea.

Mi papá comentó que la decisión de seleccionar la música más bella del planeta podría calificarse como una labor de locos y un tanto injusta pues habían quedado cientos o miles de compositores excluidos, por lo que resultaba un tanto extraño que se repitiera Bach en tres piezas y Beethoven en dos.

–Y no creo que hayan sido problemas de derechos de autor para que no estuvieran incluidos otros clásicos –completó mi mamá.

–Alguna vez escuché que todos los caminos comienzan y terminan en Mozart, dijo Omar –mientras escuchábamos la selección de este compositor.

Si alguien me hubiera dicho que una tarde la iba a dedicar a escuchar música de diferentes partes del mundo con mi familia, en la sala de la casa, no lo hubiese creído. Sin embargo, ahí estábamos, alrededor del estéreo, imaginando paisajes y situaciones que provocaban las más diversas reflexiones.

–Si yo fuera extraterrestre y me topara con una selección musical como ésta, seguro que me dirigiría a la Tierra para gozar de tanta belleza –dijo mi papá, conmovido.

–¿Si fueras extrtaterrestre? –preguntó mi mamá.

–No vayan a comenzar –sentenció Mariana e imitando la voz de Louis Armstrong, pidió que pusiéramos atención al blues que estábamos escuchando.

–¿De dónde son esas gaitas, de Asturias o Escocia? –preguntó mi papá.

–De ninguna de las dos, aquí dice que son de Azerbaidjan –leyó en voz alta Omar, quien tenía en ese momento el estuche.
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Para finalizar, el audio y las imágenes y los comentarios de los autores son dignos de disfrutarse. En cuanto a la ausencia de la música de los Beatles, misma que lamenté, como dejé evidencia en el texto anterior, Carl Sagan apuntó:
Queríamos enviar Here comes the sun de los Beatles, y los cuatro Beatles dieron su aprobación. Pero los Beatles no poseían el copyright, y la situación legal de la pieza nos pareció demasiado turbia para poder arriesgarnos a ello. En muchas ocasiones expresamos nuestra pena por no haber podido incluir a estos compositores y músicos -principalmente por motivos de tiempo y espacio- y nos imaginamos un dibujo de todos ellos reunidos en Cabo Cañaveral mirando melancólicamente cómo lanzaban el Voyager a las estrellas sin ellos.
Hay muchos videos en la red con Here comes the sun, incluyo el siguiente que me pareció muy interesante por los artistas que acompañan a George (autor y cantante) y Ringo, aunque hubiera preferido para esta entrada uno en donde apareciaran también John y Paul interpretándola...



No lo encontré en ese universo llamado YouTube pero disfrutar esta versión es un lujo.


4 comentarios:

MEUS POEMAS dijo...

Holla
Besos per te!
Gena (Maria Eugênia)

María Eugenia Mendoza dijo...

Hola:
Muchas gracias por tu visita y por inscribirte en la lista de seguidores. Prometo visitar tu blog.
Van cariñosos abrazos para ti.

Carlota Bloom dijo...

Una empresa maravillosa, digna de ser recordada. Desde luego, ¡es muy lamentable que no haya música de Los Beatles! Un abrazo.

María Eugenia Mendoza dijo...

Querida Carlota:
Gracias por tu visita y comentario. Vale la pena revisar el mensaje, escuchar la música, Beatles incluidos, y pensar en el mensaje de paz.
Te mando un cariñoso abrazo.