domingo, 16 de enero de 2011

"Sin máscara", una novela de amor de Alfredo Gómez Cerdá

Sin máscara
Alfredo Gómez Cerdá, "Los libros de Alfredo", Gran Angular
Madrid, 2005

Sin máscara relata el inicio de la relación entre Roberto y Luna, jóvenes estudiantes de bachillerato, que se conocieron gracias a un mensaje escrito en la cubierta de una de las mesas del salón de video. El mensaje: "¡Qué coñazo"!, escrito obviamente por el aburrimiento del emisor, llamó la atención de Roberto, quien escribió por escribir una pregunta "¿Estás seguro?"

Lo que podría haber quedado como un acto intrascendente se convierte en el detonador de una serie de cambios en la vida de Roberto, quien desde los cuatro años estudia violín y tiene grandes posibilidades de convertirse en un virtuoso de este instrumento, con lo que haría realidad el sueño de su bisabuelo: tener en la familia a un gran músico, quizá de la talla de Isaac Albéniz, a quien Heliodoro Castro, el bisabuelo, conoció en París en los primeros años del siglo XX.

La familia de Roberto es tradicional, de buen nivel socioeconómico, cuidadosa de los buenos modales y con grandes aspiraciones. Contrasta con la prácticamente inexistente de Luna, la hermosa chica, autora del mensaje, pues a lo largo de la historia solamente hay dos alusiones a su madre, mientras prácticamente todo su tiempo libre lo pasa con sus dos amigos, Sebi y "Mocolindo", en el bar del Calzonga.
La trama es tan antigua como vigente. La amistad entre chicos de dos clases sociales, que por supuesto es mal vista por la familia de Roberto. Las situaciones que vive la pareja, debido a que Sebi decide una mañana de domingo "tomar prestada" la motocicleta de Santi, primo de Roberto, quien por cierto, no es ningún santo. Son varios los dilemas a los que se enfrenta el joven músico, entre ellos, decidir si aprovecha la oportunidad de ir a Chicago a estudiar violín con el mejor maestro del mundo o permanecer en Madrid, al lado de Luna.

Esta novela resulta muy interesante, además, por la jerga utilizada por los personajes que viven en un barrio de la periferia de Madrid. Aquí un ejemplo:
Nervioso, Roberto volvió la cabeza hacia el bar y forzó una sonrisa.
-Gracias.
-Y qué se te ha perdido en ese bar, si puede saberse? -le preguntó el muchacho.
-Nada -el nerviosismo de Roberto iba en aumento-. Sólo quería tomar un refresco. Gracias.
Se volvió y caminó hacia la puerta del bar, pero antes de franquearla la voz del muchacho lo detuvo un instante.
-¡Un refresco! ¿Ahora llamáis refresco a un buen chute?
-No te entiendo -Roberto se encogió de hombros.
-¡Te gusta quedarte con el personal! -continuó aquel muchacho alzando la voz- ¡Eres gracioso! Yo te conozco bien, a ti y a todo los pijos como tú! ¡Eh, niño pera, te han informado mal, el Calzonga ya se ha retirado de la cosa! ¿Me oyes, periquito? ¡Te has equivocado de sitio!
Roberto volvió a encogerse de hombros y decidió a entrar en el bar.
Aunque al leer la obra no es necesario tener un diccionario a la mano, como cuando se leen textos de español antiguo, porque el contexto le da sentido a las expresiones, hay varias que son ajenas a las usadas por los jóvenes mexicanos y quizá de otros países, pero resulta muy divertido leerlas y aprenderlas.

Para saber acerca del autor no hay como leer lo que escribió en su biografía:
Nací en Madrid, en la casa de mi abuela Dolores, un día muy caluroso de verano de la segunda mitad del siglo XX (más bien hacia el principio de esa segunda mitad). Como no tenían una cuna a mano, me metieron en un cesto de la ropa. Entre aquellos mimbres dormí mi primera siesta.
Pero creo que hasta que no cumplí los quince años y comencé a ir a un instituto situado muy cerca de la plaza de España, no comprendí que realmente vivía en Madrid. Había nacido en un barrio de la periferia, Carabanchel Bajo, y apenas había salido de él. Creo que toda la gente que vivía entonces allí tenía la idea de que una cosa era el barrio y otra, distinta, Madrid.
Entre los muchos premios obtenidos destacan: 
Cervantes Chico (2008)
Nacional de Literatura (2009)
 
 

4 comentarios:

Carlota Bloom dijo...

Tomo nota de tu recomendación. Aunque conozco la existencia del autor, no he leído nada de él -que tenga conciencia ahora mismo, al menos-. Sí sé que en algunos centros en los que he estado Pupila de águila era una novela muy valorada entre los alumnos. Un abrazo, Mª Eugenia (cálido, a pesar del frío que hace en el Madrid de España).

Alicia Uriarte dijo...

María Eugenia, gracias por la reseña. Llevo veinticinco años de profesora de adolescentes y te puedo asegurar que es un filón de aventuras que cruzan la frontera de lo imprevisible y algunas llegan al mismo centro del corazón.

A día de hoy ya me encuentro parejas de alumnos que se conocieron en el instituto y que ya son papas... Y es que el mundo gira y gira.

Un abrazo

María Eugenia Mendoza dijo...

Querida Carlota:
Estoy comenzando a cumplir los propósitos lectores y este título fue el primero de LIJ que me salió al paso, seguro que a los chicos y a muchos maestros les encanta la obra de este gran autor, por ahí tengo otros de él en la fila. Por lo pronto ayer comencé con la trilogía de Mankel que recomendaste en tu blog (otro propósito declarado).
Imagino el frío que deben estar sintiendo en Madrid. Va un cálido apapacho.

María Eugenia Mendoza dijo...

Querida Alicia:
Gracias por tu visita y por compartir experiencias, riquísimas pues son 25 años lidiando, aunque también creciendo y manteniéndote al día con los adolescentes.
Me encantó esta historia porque aborda aspectos que me fascinan, entre ellos la comunicación, la familia, la amistad, la congruencia, la música.
Recibe un cálido abrazo.