sábado, 9 de julio de 2011

A propósito de la traducción


Debido a que en ocasiones han entrado a esta Aldea visitantes de países lejanos no nada más geográfica sino culturalmente un día decidí incluir el traductor automático que ofrece Google a los blogueros, entre muchas herramientas. ¿Le habrá servido de algo al visitante ruso que tuvo la amabilidad de entrar y registrarse como seguidor? Me queda la duda de si les habrá sido de utilidad a los amigos de Estonia y Corea que han entrado, quizá por accidente o porque el buscador los condujo hasta aquí y dieron clic con la ilusión de que podían encontrar algo de interés. Tal vez no necesitaron el traductor, como lo demostró mi buen amigo de Rumania, Daniel Dragomirescu (Horizonte Literario Contemporáneo), quien llegó a esta Aldea atraído por las palabras "múltiples culturas", que aparecen en el título de este blog y se comunica muy bien en nuestro idioma. En fin, ante la duda, creo que es mejor tenerlo, incluso por diversión, cuando nos damos cuenta que el traductor ofrece opciones totalmente risibles y mezclas, por ejemplo de alemán e inglés.

Pensando en este asunto de la traducción recordé "Tostador traducido", texto brillante de Francisco Hinojosa, extraordinario escritor mexicano, que deseo compartir con ustedes.

Tostador traducido
Francisco Hinojosa

Malas noticias para los traductores: su oficio se está extinguiendo. Con los actuales programas de computadora para traducción, muy pronto las editoriales de todo el mundo se verán libres de tratar con esos seres engorrosos.
Un simple botón de la computadora resolverá en cosa de minutos o hasta segundos el trabajo que hoy día se lleva meses y hasta años de penoso esfuerzo. Tomando como ejemplo el manual de instrucciones de un tostador, Francisco Hinojosa, escritor mexicano, nos muestra el adelanto extraordinario que han tenido estos programas.
Bad news for translators: their work is becoming extinct. With the existing programs for computerized translation, editing companies will get rid of these annoying beings. The simple pressing of one key will accomplish in minutes, even seconds, the task that today takes months, even years. Using the instructions manual for a bread toaster as an example, Francisco Hinojosa, Mexican writer, shows us the extraordinary improvement these programs have attained.


Acta Poetica 25-1
PRIMAVERA
2004
Francisco Hinojosa
Tostador traducido
Tener un tostador de pan puede significar muchas cosas: entre otras, una mañana agradable de café con pan caliente untado con crema de cacahuate y mermelada de zarzamora.
   Junto al microondas, la lavadora de ropa o el extractor de jugos, el tostador no pasa de ser un aparato que no requiere mayor ciencia que la intuición para entender su rudimentario funcionamiento.
Sin embargo, tener un tostador de pan puede también significar una gran cantidad de dificultades ontológicas (propias del ser) y ontoylógicas (del on’toy). Especialmente si el tostador es de la marca Hamilton Beach (R) y quien lo adquiere decide leer las instrucciones que lo acompañan en vez de guiarse por la intuición.
   Los fabricantes de “Hamilton Beach (R) Dos Rebanada Tostador”, que no tuvieron tiempo de leer las Historias de cronopios y de famas de Cortázar, se dieron a la tarea de traducir por sus pistolas algo más que unas simples y vulgares instrucciones: un tratado sobre el arte de enseñar al usuario del producto a tostar dos complicadísimas rebanadas de pan.
   El punto uno del manual es tan inobjetable como suicida: “Lea todas las instrucciones”. El nueve tiene cierto sentido (“No use fuera de la casa”), pese a que no puede descartarse el caso de quienes gozan de usar su tostador en el granero, la alberca o el motel.
   Los problemas (metafísicos, ontológicos, ontoylógicos y lingüísticos) surgen en los demás puntos. El once dice: “No sitio puesto o próximo un caliente gasolina o eléctrico que mador, o en un acalorado horno”. Sic. Eso dice, literalmente, la guía de uso del aparato.
   Más adelante, dentro del apartado “Guarde estas instrucciones”, los fabricantes nos sugieren: “Si normal para su tostador para producto mucho obscuro tostada puesto el obscuro ambiente y mucho claro tostada puesto el claro ambiente, y el ancho alcance entre obscuro y claro voluntad normal traje su necesidad”. He tratado de poner en práctica todas las enseñanzas de mi maestro de filología, don Juan M. Lope Blanch, para analizar la estructura sintáctica de esta simple instrucción. O sus lecciones fueron insuficientes o mi aprendizaje, después de dos exámenes extraordinarios, no alcanzó el grado de pureza de la lengua propuesto por los señores Hamilton Beach.
   El punto catorce dicta: “No tentativa o desalojar alimento cuando tostador atarugar en”. Y, para terminar, el diecisiete: “No uso toda otro artifico en o mismo eléctrico receptáculo o toda otro receptáculo por o mismo circuito para tostador o él voluntad sobrecarga o circuito o golpe un mecha o circuito cachón”.
   Afortunadamente la compañía Hamilton Beach (R) no nos instruye acerca de cómo untarle al pan la crema de cacahuate y la mermelada de zarzamora. De seguro la operación sería más complicada que hacerle la afinación y el servicio a un submarino finlandés o una cirugía a corazón abierto a un abulón. Por fortuna, también, la empresa de marras se dedica a fabricar tostadores y no a la enseñanza de la gramática castellana o a la formación de traductores.
   ¿Cómo llegó la Hamilton Beach (R) a redactar esta “guía” que el usuario debe acatar para hacer un uso razonable del producto que les da (a los señores Hamilton y/o Beach) para sus bisteces? Propongo las siguientes respuestas: 1) los dueños son oriundos de Sierra Leona, de madre portuguesa y padre mixe, que hablan una combinación de croata con vasco y chocholteco; 2) tienen en su computadora un programa que traduce de su lengua (si la tienen) a una nueva; 3) son tatarancestros de los arquitectos de Babel; 4) sus desayunos nada tienen que ver con el pan tostado, la crema de cacahuate y la mermelada de zarzamora, y 5) suelen utilizar los mingitorios según las instrucciones de uso.
   Las autoridades mexicanas (Hacienda, Comercio, Gobernación, Educación Pública, Relaciones Exteriores) otorgaron de seguro su palomita a los importadores Hamilton Beach (R) porque cumplieron con el requisito de adjuntar al aparato tostador las “instrucciones” reglamentarias. Importa poco si los connacionales que adquieran el “producto” terminen por desaprender lo poco que saben de español o lo utilicen según las instrucciones. Tampoco tiene la menor importancia si “un incendio pueden ocurrir si tostador cubierto o conmovedor inflamable material, incluso cortinas, colgaduras, muro, etcetera, cuando en operación”.
   No tendría el caso mayor importancia si no fuera porque la lengua (esa cosa que usamos para entendernos) puede extraviarse en las decisiones corporativas de los genios anglohablantes de las finanzas, que nos enseñen a tostar un pan o a no meter la mano en la licuadora “cuando en operación”. Agradecemos, por supuesto, sus dádivas: sus leyes y las nuestras nos protegen del mal uso de un “circuito cachón”.
   ¿Será que nuestros vecinos del norte saben tanto español que se han impuesto la histórica tarea de enseñarnos a hablarlo y a escribirlo? ¿O será acaso que quieren “instruirnos” —como las normas del comercio lo imponen— acerca de cómo usar sus aparatos?
   Ya existen antecedentes culturales: un día los gringos decidieron que los verdaderos platillos mexicanos son los nachos, las fajitas y los burritos. Decidieron también que el holiday mexicano se celebrara el 5 de mayo, fecha histórica que nada le reclama a los yankis, sino a los franceses. Optaron por certificarnos (o no) como país de narcotránsito, sin detenerse a pensar que son país de narcotráfico. Etcétera: somos los mexicanos (para ellos) lo que su congreso, su comercio y su modo de vida quieren que seamos. Incluso, un país sin lengua propia.
   Llegará el día en que los voladores de Wisconsin sean más atractivos que los de Papantla, que un mariachi de Seatle llegue a la dodecafonía y que el mole negro de Oaxaca esté patentado por una corporación texana. Llegará el día en el que Pedro Páramo sea una obra apreciada gracias a los genios de Hollywood o a la mercadotecnia de los empresarios de Broadway.

11 comentarios:

Miguel Ángel Bruno dijo...

Gracioso y real. El artículo no aclara si el tostador es para 220 voltios o 110. Si equivocación pasar usted dangerous bomberos llamar ipso facto.

María Eugenia Mendoza dijo...

Hola Miguel Ángel:
El texto es verdaderamente brillante y aterrador. Imaginar que un software puede suplir a un traductor profesional es una barbaridad, sin embargo, a quienes no aprecian el valor de las lenguas ni de los usuarios de aparatos les da igual.
Un fuerte abrazo.

Myriam Mahiques dijo...

Querida amiga, me hiciste reír con el post, y disfrutar de Hinojosa, (que me encanta). Casualmente, hace unos días compramos unos herrajes y otras cosillas para armar, le pregunto a mi marido si logró armarlas y me dice ¨me tuve que guiar por el inglés, porque en español no entendí nada¨. Tengo un par de artículos de Hamilton Beach, que son baratos y, digamos que por su precio uno podría comprender que no contraten a un traductor, pero no creas que artículos más caros se salvan de este problema. Y si llamás por teléfono a una empresa pública y tocás la opción ¨español¨, es un horror, todo mal traducido, no se entiende nada, y son voces humanas grabadas. El nivel de español en California es absolutamente lamentable.
Un beso,

María Eugenia Mendoza dijo...

Querida Myriam:
Gracias por enriquecer esta entrada. Dice un dicho "si todo falla, sigue las instrucciones". Pero imagina qué sucedería si quisiéramos seguir las instrucciones ilustradas por Francisco Hinojosa.
Es una lástima que con tanto hispanohablante en California no se hable buen español. Aunque tal vez tampoco se esmeren en inglés y en servicio al cliente.
Como siempre, es un honor tenerte por aquí.
Un fuerte abrazo

sergio astorga dijo...

María Eugenia, yo saber poco de ello porque aquello es una babel googlica, de la era sapiens. Las traducciones literales son calamitosas, divertidas y absurdamente imaginativas. Los trasfondos de una lengua sólo un hablante leido y escrito.El español se habla y se balbucea, a un Andaluz casi no le entiendo y spanicoinglish también poco y tratandose del inglés, si oyeras por aquí a los oriundos o a los rusos, o los coreanos o los chinos hablar el inglés te sientes verdaderamente aislado tratando de comunicarte con mímica. Una lengua es una manera de ser y cuántos hablantes realmente son. Traducir es entrar en el otro. Difícil ontoylogía. como bien argumenta Hinojosa, que de hinojos caigo rendido.

Arazos, hugs, muchos, a lot.
Sergio Astorga

María Eugenia Mendoza dijo...

La grandilocuencia se hace presente en las traducciones Google, que son casi marca Acme y cuando estás de humor resultan, como bien dices, imaginativas hasta dan la idea de que algún día las máquinas van a ocupar nuestro lugar... espera, que eso ya ha ocurrido.
Tienes toda la razón, querido Sergio, a veces nos hacemos ilusiones de que compartimos un idioma que puede ser entendido por 500 millones de hablantes, pero es sólo una ilusión.
Gracias por tu visita y siembra de palabras.
Abrazos, apapachados.

Myriam Mahiques dijo...

María Eugenia, gracias por tu respuesta. Justo acabo de leer un texto sobre traducciones en un diario muy conocido en mi país, te invito a leerlo. Si no entra el link, copialo en el buscador, un beso,
http://www.lanacion.com.ar/1388477-dedicado-a-todos-los-esforzados-traductores?utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLOpi

María Eugenia Mendoza dijo...

Gracias, querida amiga:
Como ves el enlace aparece completo, de manera que quien pase por aquí podrá leer el texto propuesto.
Va un abrazo.

anonimo dijo...

Traduzcamos esto:
"Betty bought a bit of butter but the butter Betty bought was bitter so she bought a better bit of butter."
a otras lenguas y vuelta cada vez al inglés --->

→ Portuguese
Betty comprou um pouco de manteiga, mas a manteiga Betty comprei foi amarga para que ela comprou um pouco melhor de manteiga.
→ English
Betty bought some butter but the butter Betty bought was bitter so she bought some better butter.
→ Japanese
ベティは、いくつかのバターを購入しましたが、彼女はいくつかの良いバターを買ったので、ベティが買ったバターは苦いいました。
→ English
Betty, I just bought some butter, so she bought some better butter, butter Betty bought was bitter said.
→ Chinese
贝蒂,我刚刚买了一些黄油,所以她买了一些更好的黄油,黄油贝蒂买的是惨痛的说。
→ English
Betty, I just bought some butter, so she bought some better butter, butter Betty bought was bitter to say.
→ Hungarian
Betty, én most vettem egy kis vajat, így ő vásárolt a jobb-, vaj-Betty vásárolt volt keserű mondani.
→ English
Betty, I just bought some butter, so he bought a better butter, butter Betty bought was bitter to say.
→ Icelandic
Betty, ég keypti bara smjör, svo hann keypti betri smjör, smjör Betty keypti var bitur að segja.
→ English
Betty, I just bought a butter, so he bought a better butter, butter Betty bought was bitter to say.

Pongamos a traduccir de nuevo este último resultado.
A la tercera ronda obtenemos esto:
"Betty, so I bought the butter Betty bought better butter bitter butter, he said."

Se obtienen resultados aún más divertidos. Basta con probar cosas.

anonimo dijo...

Se me olvidaba: la página web con el script en Perl que permite enlazar las traducciones una tras otra es esta:
http://tashian.com/multibabel/

María Eugenia Mendoza dijo...

Muchas gracias por tu visita y por este interesante ejercicio de traducción/traición.
Saludos afectuosos.