lunes, 7 de marzo de 2016

Día Internacional de la Mujer 2016


Se decía, hace poco más de dos décadas, cuando se llevó a cabo la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en Beijing (4-15 de septiembre de 1995), que las mujeres éramos "La mitad del cielo". Como frase suena poéticamente romántica, sin embargo, la realidad de entonces y de ahora, para millones de mujeres, está más cerca del infierno que del cielo. Basta leer las noticias para comprobar lo aterrador de la situación: feminicidios; asesinatos contra periodistas y luchadoras sociales: matrimonios infantiles; trata de personas; esclavismo; violaciones; victimización de las víctimas; encarcelamientos; violencia laboral y doméstica; falta de equidad en el trabajo y una larga cadena de etcéteras.

En medio siglo se han celebrado conferencias mundiales, cumbres, foros, encuentros en los que se analiza el papel de la mujer en la sociedad. Los discursos hablan de avances, reconocen a mujeres sobresalientes y a organizaciones que luchan día a día por la libertad, la educación, la salud, la justicia, el trabajo, el arte, en fin, por los derechos humanos, pero no dejan de alzar la voz ante injusticias y aun retrocesos en el camino de la equidad de género, en su más amplia acepción, porque cuando se habla de género no sólo se habla de mujeres sino de seres humanos en toda su diversidad.

Se establecen fechas para alcanzar metas, ¿algún día se alcanzarán realmente?

Comparto este poema de Federico Mayor Zaragoza, quien fue Director General de la UNESCO de 1987 a 1999.

Mujer,
traías una canción
nueva
en los labios.
Pero no te dimos
la palabra
aunque eres
la voz
de la mitad
de la tierra.

Mujer,
tus ojos
veían el mundo
de otro modo.
Pero no quisimos
conocer el contenido
y el calor
de tu mirada.

Mujer,
llevabas en tu piel
de todos los colores
la semilla
de mañana,
la luz
que podía iluminar
inéditos caminos,
rebeldes
pero pacíficos senderos,
mujer-puente
mujer-lazo
mujer raíz y fruto
de amor y de ternura.

Mujer,
tus manos tendidas y tu regazo
con espacios inmensos
de amparo y de consuelo.
Pero no hemos comprendido
la fuerza de tu abrazo
ni el grito
de tu silencio,
y andamos
sin brújula
ni alivio.

Mujer,
sin otro dueño
de cada uno
que sí mismo,
irás
desde ahora
igual y libre,
compañera
de un mismo sueño
ya para siempre
compartido.

Federico Mayor