viernes, 9 de abril de 2010

La alegría de la rodilla, de Edgar Valencia

 
Pensando en Magda Díaz y Morales, quien está pasando un mal momento debido a una caída que le dejó un esguince en una rodilla, recordé este poema de Edgar Valencia, publicado en el libro Hago de voz un cuerpo, Antología de María Baranda, ilustrado por Gabriel Pacheco y publicado por el Fondo de Cultura Económica. De manera que comparto con los visitantes de esta Aldea un poco de poesía dedicada a esa parte del cuerpo que es como el mapa de osadas aventuras y una que otra desventura. Y a ti, Magda, te deseo que muy pronto recuperes la alegría de la rodilla.


De frente pareciera una naranja
fresca y lista para el jugo;
por detrás un plato hondo no muy hondo,
y por un lado la cima
de una montaña intrépida y cercana.

Es fácil de atacar por las arañas de los dedos,
y en tiempos de calor tiene líneas
que se cruzan de raspones,
o un moretón marciano
que adorna el centro como un ojo.
No la dejen cruzándose las piernas.
Que no quede estirada que se aburre.
Para ella no hay nada como rodar corriendo
                                              las bajadas
                                 ni alegría más grande
                 que pedalear a fondo los pedales
                y subir de tres en tres las escaleras.

2 comentarios:

siempreconhistorias dijo...

A veces, por motivos que no termino de comprender, es difícil, muy difícil encontrar por aquí los libros de FCE. Sin embargo este, justamente este cuyo título adoro, sí está en casa. Aprovecho y lo desempolvo que a mis hijos le encantan estos poemas.
Un beso grandote con rodillas casi veraniegas.

María Eugenia Mendoza dijo...

Qué padre es desempolvar algún libro que llegó y fue leído con gran placer y de repente algo te recuerda que está ahí, justo para cuando lo necesitas, como en este caso para mandar un "sana, sana..." a una amiga.
Que todos en casa disfruten mucho la alegría de las rodillas.