lunes, 27 de septiembre de 2010

La radio se renueva, adapta a las nuevas tecnologías y alimenta la nostalgia



Hay un medio que durante toda mi vida ha ocupado un lugar muy especial: la radio. Incluso ahora que soy una enamorada y convencida de las maravillas de las nuevas tecnologías, particularmente internet, reconozco en la radio una enorme capacidad de renovarse, adaptarse y convivir con y en ellas, aunque no por eso ha renunciado a alimentar la nostalgia de quienes, por ejemplo, crecimos con un pequeño radio de transistores pegado a la oreja, mientras los demás veían televisión.

La historia individual está asociada a voces, géneros periodísticos y musicales, programas, momentos románticos, divertidos e incluso terribles.

La radio, cuando quienes la hacen se han propuesto que así sea, es un medio de comunicación instantáneo, cercano y confiable, con un poder de convocatoria inigualable, incluso en estos días. Todo es que ocurra un temblor o nos enteremos que va a haber una megamarcha o que una noticia acapare la atención nacional e internacional para que la gente busque información en la radio y la complemente o compare con la difundida en otros medios impresos y electrónicos.

En México, hoy, 27 de septiembre se cumplen 89 años de las primeras  transmisiones radiofónicas, con motivo del centenario de la consumación de la independencia. El advenimiento de un nuevo medio se anunció el 24 de septiembre de 1821, en El Heraldo de México: "En los primeros días de la entrante semana México contará ya con un servicio completo de radiofonía".*

Contra todo lo que algunos elementos suponían, los trabajos que se han hecho en el Palacio Legislativo (colosal sede de la Exposición Comercial Internacional del Centenario que permanecerá abierta hasta febrero próximo y que será inaugurada hoy) son grandiosos. Especialmente "si se toma en cuenta el corto tiempo de que se ha dispuesto para llevar a cabo la adaptación correspondiente". Baste decir que ha sido muy bien aprovechado, pues la exposición contará con cabaret, teatro, periódicos, correo, estación inalámbrica, así como con otros muchos atractivos para la completa comodidad del visitante".
María de los Ángeles Gómez Camacho

Dicho día se realizaron sorprendentes transmisiones desde diversos transmisores, como el instalado en el Castillo de Chapultepec, como parte de la inauguración de la citada exposición, en la que se leyeron notas del periódico Excélsior sobre el servicio radiotelefónico.  hubo transmisiones a Panamá, Berlín y Nueva York.

El director general de los Telégrafos Nacionales, Luis G. Zepeda, envió este mensaje al presidente Álvaro Obregón:

Excelencia: felicito muy cordialmente al Gobierno de México por el éxito de telefonía inalámbrica..., en este paso definitivo en la conquista de las modernas ciencias físicas. Por Excélsior, Arnulfo Rodríguez, redactor".
Desde la cabina construida en el Teatro Ideal (casi en frente de la Alameda Central) y con un transmisor de 20 watts, se transmitieron dos canciones, una interpretada por José Mojica y otra por la niña María de los Ángeles Gómez Camacho (hija de uno de los animadores del programa Adolfo Enrique Gómez Fernández).

Ambos cantantes fueron escuchados claramente en el entonces inconcluso Teatro Nacional (hoy Bellas Artes), por medio de unos audífonos conectados previamente a una planta receptora instalada ahí, con motivo de una muestra comercial.
Ochenta y nueve años han pasado desde entonces, en los que la radio conquistó el sitio de honor de los hogares mexicanos para arrancar suspiros cuando se escuchaban las interpretaciones de las estrellas que hacían de cada aparición en los estudios de radio todo un espectáculo; figuras de la música y la locución seducían a los radioescuchas, la voz era capaz de despertar la imaginación y construir todos los escenarios  y emociones en que se desarrollaban las historias de las radionovelas; los cronistas deportivos narraban los más emocionantes encuentros deportivos y, naturalmente, la gente escuchaba las noticias y se convertía "en testigo de la historia", según un eslogan de Radio Mil.


Como radioescucha transité de la radio comercial (gracias a la cual conocí a los Beatles y a la pléyade de estrellas del rock de la llamada "ola inglesa") a la cultural, con sus propuestas y compromisos, que hacían de la radio algo más que una sinfonola.

Como productora y conductora de programas para niños, jóvenes y de divulgación de la ciencia he tenido oportunidad de transmitir en emisoras comerciales y culturales, en las que he gozado de enorme libertad y la he aprovechado para tender puentes de comunicación entre especialistas que tienen mucho que compartir con el auditorio y un auditorio que espera que alguien se dirija a él con respeto, información veraz y de manera amena, cercana.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que para todos la radio ocupa o ha ocupado un lugar importante en sus vidas, incluso ahora que podemos llevar nuestra música favorita a todos lados.

Foto "histórica" de cuando iniciaba mis días dorados en la radio (1989), en Radio Red
(después de casi dos años de hacer radio en Radio Infantil), programa especial de Día del Niño
con exponentes de la música infantil (Hermanos Rincón, Cántaro, Kitzia y Gabriela,
Rolis, Ezequiel de la Parra) y Larisa (mi hija)

La radio ha superado todas las amenazas, como la llegada de la televisión, las grabadoras portátiles, el video e internet. Sigue cumpliendo funciones diversas, desde la informativa hasta el entretenimiento, pasando por la formación de opinión.

La radio de todos los días ofrece la inteligencia y el compromiso de gente que cumple su misión tan bien que está haciendo escuela, que se ha convertido en modelo de comunicadores (para quienes se dedican a esta profesión) y referencia obligada, cuando se habla de medios.

Desgraciadamente la enorme oferta de estaciones de radio, locales y nacionales, no corresponde a la calidad de transmisión ni de contenido que estas casi nueve décadas de experiencia nos haría esperar. Locutores que gritan palabras sin sentido, bromas groseras que buscan la risa fácil de los radioescuchas, mensajes disfrazados de misticismo o naturismo; chismes de las llamadas celebridades, merolicos que se venden al mejor postor, arrogantes conductores que ni cuenta se dan cuando insultan al radioescucha, entre otras chuladas, invaden el éter y el ciberespacio y propagan la estupidez, la ignorancia y el mal gusto (por decir lo menos).

Por fortuna, el radioescucha tiene la posibilidad de encontrar las voces que le digan lo que le gustaría escuchar y si no las encuentra simplemente apagar el aparato de radio.

* Información Científica y Tecnológica, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, febrero de 1984, Vol. 6, Num. 89

2 comentarios:

sergio astorga dijo...

María Eugenia otra vez mi felicitación, estupenda entrada.
Pregunta:¿tienes algún programa al aire? desde que estoy fuera de México (2005) vía Internet escucho la radio todos lo días.

Un abrazo porque en la radio se ve mejor.
Sergio Astorga

María Eugenia Mendoza dijo...

Querido Sergio, muchas gracias por haberte tomado el tiempo de leer estas largas entradas.
Hace rato que no tengo un programa de radio, pero no pierdo la esperanza de volver a los micrófonos.
Cinco años fuera de México, pero con México siguiéndote a todas partes, bendito internet.
Te mando un ciberespecial abrazo herziano.